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Manifiesto de Madrid Septiembre de 2000 | POR autores Reunidos en Madrid, España, y/ó consultadas desde esta sede, las personalidades que se adhieren a esta idea desde el mes de Febrero de 1998, los científicos, profesores, técnicos, especialistas y aficionados a la entomología, que inicialmente encabezan la suscripción del presente documento, remitido a otros colegas de todo el mundo, tras analizar las tesis fundamentadas, opiniones y teorías de todos quienes han contribuido a la redacción del mismo, en función de los siguientes Antecedentes Desde ámbitos diversos, generalmente vinculados a las Directivas Gubernamentales de las diversas Administraciones de gran número de países, se están filtrando de forma gradual teorías y opiniones respecto a los hipotéticos peligros ecológicos que los aficionados y profesionales de la entomología pueden causar con sus actividades recolectoras. La sensibilización de la opinión pública respecto al Medio Ambiente, hace que sea relativamente fácil imputar graves desmanes y destrozos a quienes no solamente son, en gran medida, los proveedores de museos e instituciones científicas internacionales, sino que además contribuyen de forma importante a la protección ecológica de áreas naturales que están gravemente amenazadas por otras causas. La burla mundial de la mayoría de los gobiernos respecto a la reducción de emisiones contaminantes, los enormes cataclismos ecológicos efectuados para la búsqueda de metales preciosos y minerales combustibles fósiles, las quemas indiscriminadas de grandes áreas de selva tropical y ecuatorial sin otros fines que los puramente bastardos, mercantilistas ó políticos son asuntos que conviene tapar y ocultar como la familia noble, arruinada, que no pretendía rehacer su economía sino justificarse ante sí misma suprimiendo el gasto opulento del "chocolate del loro". Ahora, la moda parece dirigirse a eliminar y yugular la actividad de un colectivo esencialmente naturalista, sumamente útil y en gran medida protector de la Naturaleza: Los Entomólogos Países cuyas trayectorias sociales y medioambientales son sobradamente conocidas y objetivamente condenables, están legislando de forma restrictiva e indiscriminada contra los entomólogos, sean estos científicos, profesores o aficionados. En Brasil, si nuestras informaciones son ciertas, están últimamente en prisión, al menos dos entomólogos recolectores internacionales, uno de nacionalidad belga (Condenado a un mínimo de dos años de prisión incondicional en Manaus) y otro francés actualmente en proceso en Belém..... Su delito: Haber sufrido las penalidades de la selva amazónica ( ó de lo que de ella queda en ese país ) para recolectar unos cuantos insectos que transportaban ya muertos y etiquetados en su equipaje. Desconocemos las penas que, en ese lugar, son aplicadas a los narcotraficantes, asesinos y desalmados que asaltan y violan a los turistas en Copacabana ó Ipanema. Por todo ello, por la opacidad con que la mayoría de los gobiernos de países desarrollados intentan, en nuestra opinión, tratar el tema y por las repercusiones que para el desarrollo de la humanidad, en todos sus aspectos, pueden tener las tendencias que parecen emanar de las Administraciones de dichos gobiernos..... Manifestamos La Ciencia Entomológica es una de las más antiguas entre las llamadas Ciencias Naturales y, sin embargo, la praxis demuestra que existen, al menos, tantas especies de la Clase Insecta aún desconocidas para la Ciencia, por tanto para la Humanidad, como todo el resto de las especies animales descritas, desde los Mamíferos hasta los Moluscos, pasando por las Aves, los Peces, etc... La descripción de estas nuevas especies y en algunos casos su conocimiento y estudio se realizan, actualmente en buena parte, por entomólogos aficionados. El conocimiento de los insectos, su biología, su ecología y comportamiento ofrece a la Ciencia no solamente nuevas parcelas de saber sino la base para desarrollar fármacos, cosméticos y una amplia gama de productos necesarios para el bienestar y desarrollo sostenible de los seres humanos. En gran medida los logros alcanzados en la Ciencia Entomológica y otras ramas de las Ciencias Naturales y de la Medicina, como resultados colaterales del trabajo efectuado por recolectores de insectos en zonas vírgenes y/ó aisladas, se deben a entomólogos aficionados. La mayor parte de especímenes correspondientes a nuevas especies para la Ciencia y los censos poblacionales se deben, en un porcentaje nada desdeñable, al trabajo y donaciones a museos de entomólogos aficionados. Las restricciones que se quieran imponer a este colectivo, con resoluciones absolutamente fascistas en fondo y forma, sin distinción de finalidad: científica, técnica ó lúdica, suponen claramente un perjuicio gravísimo para el mundo científico.....Y por tanto Concluimos Es primordial reivindicar, y por ello así lo hacemos, la libertad universal en la recolección de insectos por los entomólogos en todo el mundo sin distinción de sus actividades. Unicamente en casos muy particulares y concretos de insectos endémicos de pequeños ecosistemas en claro peligro de extinción, se arbitrarán medidas para restringir el derecho de captura a los entomólogos que, en su caso, habrían de precisar el oportuno permiso de la Administración correspondiente. Así mismo y en lo relativo a la comercialización y tráfico de esas, reducidas y contadísimas especies se podría estudiar su supresión total de las redes comerciales. Deben respetarse escrupulosamente las colecciones públicas y privadas de insectos, favoreciendo a sus poseedores, en la medida de lo posible, para el transvase y comunicación de la información científica o técnica de ellas emanadas. Lo que REFRENDAMOS Y FIRMAMOS EN MADRID Y OTROS LUGARES DEL MUNDO Junio de 1998 José Rafael Esteban Durán A propósito del Manifiesto de Madrid: Origen, Justificación y Repercusiones, dos años después: Con motivo de la condena de un entomólogo aficionado de nacionalidad belga a prisión incondicional en Manaus ( Brasil ) por llevar en su equipaje una reducida muestra de insectos que, para mayor escarnio, fueron mayoritariamente recolectados por esta persona en otro país, desde donde pasó a Brasil, se me planteó la disyuntiva de afrontar el problema que, de forma creciente, está reduciendo drásticamente el desarrollo de las Ciencias Naturales, de la Biología y de la Sistemática como áreas fundamentales del conocimiento que pueden ofrecer a la humanidad logros científicos y prácticos en una amplia gama de sectores. Por la defensa testimonial de una persona a quien no conocía inicié la recogida de firmas del documento anteriormente presentado, llamado manifiesto de Madrid, y la mayor, por no decir la única satisfacción, que recompensó dicho trabajo, fue la impresionante acogida del mismo por numerosas autoridades de reconocido prestigio en el ámbito de las ciencias biológicas. Un documento no publicado que circuló de boca en boca y de buzón a buzón de correo electrónico. Sin embargo el destino implacable de los entomólogos de campo es la incomprensión, la restricción y la prohibición de sus actividades por todo el mundo, incluso en zonas teóricamente dependientes de gobiernos liberales, democráticos y avanzados. Se dá la curiosa circunstancia que en la montaña de Kaw, Guayana Francesa, se está arbitrando una especie de parque natural, distribuido en áreas en alguna de las cuales: zona C, por ejemplo, los naturales del lugar pueden disparar sus armas de fuego contra casi cualquier animal, salvo especies en peligro de extinción, incluyendo simios, y otros mamíferos y aves, que serán víctimas no aprovechadas de la puntería de los tiradores pues sus cadáveres quedan en la altura de los gigantes arbóreos o caen en la impenetrable maraña de la floresta inaccesible Vamos, ni siquiera, el trofeo. ¿Que ecológico, verdad?. Pero eso sí, está absolutamente prohibido ejercitar las arteras, destructivas, contaminantes, antisociales y perversas artes de la captura entomológica. ¡Faltaría más!. En efecto, las corrientes proteccionistas que actualmente inundan páginas de prensa, espacios de televisión y de radio están manipulando, en muchas ocasiones, de forma consciente o inconsciente la opinión del ciudadano medio de cualquier país. Es evidente que los problemas de degradación de nuestro planeta, destrucción de la capa de ozono, calentamiento de la atmósfera, contaminación de las aguas, desertización, aniquilamiento de los bosques ecuatoriales y tropicales, extinción de especies animales y vegetales, etc...constituyen una fuente de preocupación para gran parte de la población mundial que, para su suerte, habita en paises desarrollados o emergentes, el resto bastante tiene con sobrevivir en condiciones infrahumanas, asediado por el hambre, las enfermedades y los conflictos armados que, ni siquiera se engendran para mejorar su situación. Desgraciadamente también resulta palmario que, a nivel mundial, gran parte de los poderes políticos, económicos y de opinión evitan proponer y aplicar medidas reales y efectivas capaces de solucionar esos problemas. Por una parte se encargan de alimentar, a humo de pajas, las inquietudes de las organizaciones ecologistas mas o menos independientes, de nutrir a los medios de comunicación con publicidad de medidas poco efectivas y de ?cara a la galería? pero realmente parecen despreocuparse del fondo de la cuestión. Si hay algo peor, en mi opinión, que la falta de protección es el proteccionismo burocrático que, por ende, alardea de sus más que discutibles actuaciones. La protesta Como investigador profesional y entomólogo desde hace más de treinta años, he dedicado gran parte de mi vida laboral y privada a profundizar en el conocimiento de los insectos que son capaces de constituir fenómenos plaga y en aplicar los métodos de control más idóneos y a la par menos contaminantes para las cosechas y el medio ambiente. Por supuesto he cazado, cazo y, mientras Dios me lo permita, cazaré insectos, salvo que las fuerzas represoras de esta civilización de opereta me lo impidan violentamente. He contribuido con mis capturas a engrosar las colecciones del ORSTOM (Francia), del Museo de Ciencias Naturales de París (Francia), de las Cátedras de las Escuelas de Ingenieros Agrónomos y de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid, y del INIA (España) y por supuesto he logrado recopilar una modesta pero interesante colección privada. Con motivo de las misiones de trabajo y de los periodos de vacaciones discurridos en áreas tropicales y ecuatoriales, especialmente de la región amazónica en América del Sur, he tenido la dicha y la oportunidad de deleitarme con la contemplación y la captura de millares de insectos que enseñorean esa, todavía, piel verde de la tierra, tal como la denominan los indígenas Wayanás. Desgraciadamente en la amazonía brasileña, cada viaje o misión de trabajo sucesivos, efectuados en lapsos de cinco o diez años, me encogian el corazón pues en esa fracción infinitesimal de tiempo para la vida del planeta, he podido constatar la deforestación, la regresión de la selva virgen y la destrucción del único pulmón operativo del planeta. Incluso en la Guayana Francesa, año tras año, puedo comprobar el alejamiento y rarefacción de las zonas vírgenes, la implacable progresión de la quema de enclaves de selva y la regresión de la vida silvestre así como de las tribus amerindias, que desde hace muchos siglos eran los auténticos dueños, como pobladores humanos autóctonos, de esas áreas. Mientras los naturalistas profesionales o aficionados y concretamente los entomólogos que dedican su tiempo, su salud, sus esfuerzos y muchas veces su patrimonio al estudio de los insectos han sido presentados a la opinión pública como los grandes forajidos de la naturaleza, los culpables de la pérdida de la biodiversidad y los piratas de la zoología. La mayoría de las medidas de proteccionismo dictadas por las autoridades locales con la finalidad de que se vean reflejadas en los medios de comunicación sus intensas preocupaciones por la conservación de la naturaleza se han limitado a cercenar, prohibir ó, como poco, limitar la captura de insectos por los entomólogos profesionales o aficionados. Realmente no conozco que se hayan dictado medidas represoras contra las individualidades ni contra los colectivos corporativos que realizan quemas irreversibles en la selva (sean para la explotación maderera salvaje, para permitir los asentamientos de poblaciones invasoras no autóctonas o para otros fines, evidentemente nada ecológicos, cuyos objetivos desconozco). Tampoco se combate, que yo sepa, de forma taxativa la contaminación de los rios por las técnicas depredadoras de los buscadores de oro, ni la explotación de los indígenas por los narcotraficantes que les obligan a cultivar las plantas productoras del maldito oro blanco. Nada se hace por evitar, en mi limitado conocimiento, la destrucción de ecosistemas sensibles que son sacrificados en aras de un progreso más que discutible excepto para ciertos intereses económicos muy concretos. Pero, eso sí, cualquiera que capture unos cuantos insectos es inmediatamente denunciado y expuesto a la opinión pública como peligroso traficante de la riqueza biológica, merecedor de la repulsa, el oprobio y el castigo de sus semejantes, salvo muy contadas excepciones. La Justificación Todos los científicos aseguran que, en nuestro planeta, la Clase Biológica más numerosa, en cuanto a especies distintas, es la formada por los Insectos. La cuantificación ya es objeto de discrepancias, pues mientras los sabios mas conservadores cifran esas especies en unos tres millones, el resto estima que pueden alcanzar e incluso superar los cinco millones. De hecho, hoy por hoy, solamente hay censadas y descritas algo más de un millón trescientasmil. ¿Que supone ésto?: Simplemente que, en el mejor de los casos, únicamente se conocen, a veces por un solo ejemplar, menos de la mitad de las especies de insectos que pueblan la tierra. La Entomología tradicional se ocupa de la descripción y clasificación sistemática de las especies de esta Clase Zoológica y, lógicamente precisa estudiar los especímenes representantes que han de ser previamente capturados, sacrificados y conservados en condiciones especiales La omisión de esta ingente tarea científica supone que, muy probablemente, la humanidad nunca conocerá muchas especies que vivieron en el planeta tierra y que desaparecieron al ser irremediablemente destruidos sus habitats. La captura razonada de especímenes de insectos mediante métodos racionales, en sus hábitats naturales, no supone prácticamente ningún riesgo para las especies capturadas ni para la biodiversidad ecológica. De hecho la gran mayoría, por no decir la práctica totalidad, de ejemplares capturados corresponde a formas de imagos o insectos adultos que, generalmente, ya se han reproducido y por tanto no comprometen el futuro de la especie. Como prueba de la escasa incidencia negativa respecto a la biomasa entomológica que la captura de insectos puede tener en áreas de selva húmeda neotropical, basta reproducir los resultados de una sesión de caza noctura, mediante cebo luminoso en una pista forestal de 3,5 km de longitud, abierta para el aprovechamiento maderero en el punto kilométrico 37 de la carretera de Kaw (Guayana Francesa) En una zona todavía no regulada del Parque Natural. El cebo luminoso, como método de captura de insectos, está considerado por los proteccionistas acérrimos y ecologistas de salón, como el mas destructivo, antiecológico y devastador sistema de los que utilizan los entomólogos. Se arguye que se destruyen inútilmente numerosos especímenes basándose en los restos visibles sobre poco más de seis metros cuadrados que quedan al día siguiente de una sesión nocturna Eso sí, no investigan las cunetas ni el pavimento de las carreteras tras una noche cualquiera. Esta experiencia, efectuada el día 8 de Enero de 2000, supuso ubicar, a lo largo de dicha pista forestal un cebo luminoso cada 350 a 450 metros de forma que la teórica área de influencia de cada uno de ellos, debería solaparse con el siguiente. Cada uno de los cebos luminosos estaban compuestos por una lámpara de llamada de 500W (vapor de mercurio) elevada cinco metros sobre el suelo y dos de aproximación de 250 W, colocadas junto a la pantalla de reflexión que compone el área de aterrizaje de los insectos. Se situaron cinco puestos desde las 19h del día 8/01/2000 hasta las 6h del día siguiente. Es evidente que no todos los insectos atraídos son recolectados y censados. Se calcula que alrededor del 80%,aproximadamente, se posan en las hojas, las ramas, los troncos, la masa vegetal de la selva circundante y el suelo de las proximidades y pasan inadvertidos para el recolector, a pesar de que se exploren estas zonas colindantes por los cazadores mediante la ayuda de linternas de mano o lámparas frontales. Otros acuden a la luz y tras varias pasadas, en vuelo, regresan hacia la protectora oscuridad de la selva. En cualquier caso los resultados de las capturas durante toda la sesión fueron increíblemente descriptivos: La mayoría de capturas y/ó insectos censados no capturados, correspondieron al Orden Lepidóptera, familias Arctiidae, Arsenurinae, Esfingidae y Noctuidae, inmediatamente seguido de los Ordenes Himenoptera, Hemiptera y Coleóptera, pero lo mas llamativo es que las especies censadas y/ó capturadas en cada puesto nada tenian que ver con el siguiente ni con los restantes de forma que, de un total, de 689 especies de insectos capturadas, solamente en 28 casos se repitieron especies en, al menos, dos de los puestos controlados. A título de ejemplo, en el puesto ocupado por M. Guiglaris cuya luz de llamada era perceptible desde el puesto inmediatamente anterior, ocupado por M. B Hermier, y desde el posterior, donde yo estaba ,se capturaron entre las 0h y las 3h30´seis ejemplares machos de Titanus giganteus Linnaeus ( Coleoptera, Cerambicidae), especie muy apreciada por los coleccionistas, mientras que en el resto de los puestos ni siquiera pudo avistarse un solo ejemplar. El puesto por mí ocupado recibió la visita de dos hembras y un macho del bellísimo saltamontes de alas violetas, Tropidacris violacens (Ortóptera), que no se observaron en ningún otro y en lo que respecta al común denominador, especies presentes en mayor o menor número en casi todos los puestos, hay que citar tres especies de avispas ( Himenoptera), algunos ejemplares de bichuca, Hemíptero transmisor de la enfermedad de Chagas, y cinco ejemplares (tres en un puesto y dos en otro, no consecutivo) de Hylesia metabus (Lepidóptero que ocasiona la Papillonitis guayanesa) La conclusión de esta reveladora experiencia es clara: Incluso aquellos insectos dotados de una buena capacidad de vuelo no son ?absorbidos? por las luces de llamada y si, por el contrario, durante su ruta aérea pasan por el cono de luz apropiado, pueden caer en la atracción provocada por el mismo Las seis capturas de Titán seguramente procedían , sin duda, de una misma fuente de emergencia, próxima al puesto que les atrajo. El hipotético ?poder de succión? de la trampa de luz es mínimo y la efectividad del cebo luminoso está en función de los insectos que sobrevuelan su restringida área de influencia. De otra forma hubiera existido competencia entre trampas lo que puede, evidentemente, descartarse, a la vista de los resultados comprobados. Tras estos datos objetivos, obtenidos este mismo año, el convencimiento de una realidad empírica constatada a lo largo de muchas jornadas dedicadas a la captura de insectos no hace sino cimentarse y concluir en la práctica ausencia de consecuencias derivadas de un drenaje despreciable de las especies de insectos afectas a un determinado ecosistema y en que la labor científica desarrollada solamente reporta beneficios. Es evidente, no obstante, que los cazadores de insectos científicos o aficionados, que realizan su labor en zonas salvajes, peligrosas y hostiles, tienen finalidades muy diversas: Los científicos que estudian grupos, familias y/ó especies concretas no representan, en principio y por norma, ninguna amenaza para la destrucción de las especies, los ecosistemas ni el medio ambiente. Además, desgraciadamente, son una muy reducida minoría. Los aficionados, generalmente expertos en un grupo muy concreto o una familia de insectos, suelen recolectar, además de aquellas de su propio interés, otras especies que mayoritariamente son cedidas gratuitamente a museos, instituciones científicas y otros organismos de diferentes países y, sin duda, constituyen debido a la escasez de científicos de terreno, el contingente de recolectores más precioso para la Ciencia. El destino final de las colecciones privadas de los aficionados, en la práctica totalidad de los casos conocidos, son instituciones científicas y /ó museos que, tras el cese de actividad del autor por jubilación o fallecimiento, las reciben como donación ó las adquieren a sus herederos por un precio testimonial. Por último hemos de reseñar a los comerciantes o quienes para ellos recolectan, personas con ciertos conocimientos empíricos que efectúan sus expediciones para capturar la mayor cantidad de especímenes de insectos vistosos, raros por sus formas y colores que puedan ser comercializados en diferentes ámbitos del coleccionismo. Evidentemente a estos cazadores no les interesan más que los ejemplares en perfecto estado de conservación y nunca atraparán insectos a los que les falte una antena, un trozo de ala o tengan deteriorada alguna parte visible de su anatomía. Pues bien: Ninguno de los grupos recolectores, incluso el indudablemente discutible, de los comerciantes o de los que para ellos trabajan, causa o puede causar, salvo contadas y excepcionales ocasiones ni la milésima parte de los daños virtuales que cualquier otra actividad humana origina en la población total de los insectos. En cualquier caso el comercio de insectos puede regularse, si las autoridades lo consideran necesario, tal como se controla cualquier otro tipo de transacciones, de forma que, en su caso, pueden establecerse las medidas correctoras que, hipotéticamente, pudieran ser necesarias. Aceptando como inevitables los mínimos riesgos existentes, no solo no deben obstaculizarse sino que deberían potenciarse las actividades de los entomólogos científicos profesionales y, sobre todo, de los aficionados pues son estos últimos, en ausencia de una masa crítica mínima de los primeros, quienes descubren o permiten el descubrimiento de especies nuevas para la ciencia, facilitan material biológico a instituciones científicas y nutren los fondos de colección de museos públicos y privados. Tesoros Naturales: Investigación, Coleccionismo y Conocimiento No hay mayor pérdida que la producida sin la conciencia de su ocurrencia. Los tesoros naturales que, en muchas ocasiones, se rapiñan, destruyen y pierden constituyen un patrimonio de la humanidad que ni puede ni debe ser expoliado, perdido o ignorado. Los insectos son, en sí mismos, claves de la vida en la tierra. Precisamos conocer sus formas, especies y modos de vida para, en su caso, protegerlos. La difusión de los contingentes de las colecciones mediante catálogos impresos o sistemas electrónicos (soportes magnéticos, ópticos, Internet, etc...) tendrá una importancia enorme para hacer accesibles esos conjuntos a un elevado número de personas. En este punto hay que reflexionar poniendo un cuidado especial para que esa difusión supere la pura y simple relación fotográfica lo que no será sencillo. No obstante, el contacto directo con una colección no podrá nunca ser sustituido por estos medios alternativos.? (Francisco Tomás , Vicerrector de Investigación de la Universidad de Valencia, en Les col.leccions Universitàires, Metode,n? 25, Primavera 2000). Como defensor de la naturaleza, como científico, como entomólogo, como ecólogo que no ecologista, por estudioso de las relaciones entre los seres vivos y su entorno, como persona preocupada por la destrucción acelerada del último pulmón de nuestro planeta, doy gracias a los colegas recolectores de insectos que arriesgan su salud, gastan su dinero y dedican su tiempo a capturar algunos de esos seres que presentan la mayor reserva de la riqueza biológica en nuestro agotado, agredido y contaminado planeta. Madrid 22 de Junio de 2000
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