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Cetrería

El arte de la caza con aves rapaces

Septiembre de 2000 | POR autores

"La caza, pues, principalmente es de dos maneras: la una es la de la montería, que es aquella que se matan venados, corzos, puercos, jabalíes, osos y otras bestias fieras y animales salvajes, y la otra es la de la acetrería, que es aquella que se caza con el vuelo de las aves de rapiña, así como son azores, halcones, gavilanes, esmerejones, alcotanes, águilas, meliones, aguiluchos, buhardillos, cernícalos y otras semejantes, que son amansadas y enseñadas por los hombres para la caza de la acetrería...". Juan Vallés. Libro de acetrería (1556)

La cetrería es una de las modalidades cinegéticas más apasionante y excitante de las practicadas por el hombre. En ella se utilizan diferentes especies de rapaces para lograr determinadas piezas acordes al tipo de ave elegida para tal fin.

En cetrería, dos son los protagonistas: la rapaz y la presa. El hombre es un mero espectador y tan sólo interviene para forzar, relativamente, los hechos que se producen de forma natural y hacer que se desarrollen en un tiempo y espacio determinado. Con esta actitud, el hombre ha dominado la naturaleza de la única manera posible: obedeciéndola.


• Un poco de historia

Como muchas veces ocurre al intentar establecer un determinado episodio en la historia de la humanidad, la cetrería no escapa a este hecho y la bibliografía al respecto no establece con claridad el lugar y época de la aparición de esta noble práctica cinegética.

Todo parece indicar que sus orígenes provienen de la región asiática que ocupan en la actualidad Arabia, Persia, Irak y Siria. Existen bajorrelieves mesopotámicos con representaciones cetreras, de una antigüedad de 3.500 años, época en la que se supone comenzó a practicarse. Posteriormente fue extendiéndose hacia el este, donde fue ejercitada por mongoles, indios y llegó a practicarse en China y Japón.

Aunque más adelante hablaremos del tipo de ave utilizada, debemos hacer un pequeño paréntesis y comentar brevemente algunos aspectos ecológicos de éstas. Las dos especies inicialmente utilizadas fueron el halcón y posteriormente el azor. La primera de ellas es un ave que habita zonas más o menos despejadas, con amplios cazaderos, donde sobrevuela a gran altura extensas áreas, explorando visualmente el terreno hasta localizar a la presa. El azor, sin embargo, es una rapaz que habita en zonas frondosas y con abundante matorral. Caza en estas espesuras mediante vuelos cortos y bajos, capturando sus presas entre los obstáculos de la vegetación.

Dicho lo anterior, nos resultará más sencillo comprender la expansión y las vías de llegada de la cetrería hasta nuestro país. El origen y el tipo de ave utilizada están muy estrechamente relacionados con los ecosistemas de la región: los árabes, han sido (y siguen siendo) expertos halconeros. En estas regiones existen grandes llanuras, desérticas o semidesérticas con reducida vegetación donde se dan las condiciones geográficas y ecológicas para la distribución del halcón.

Los pueblos germánicos y centroeuropeos aprendieron de los orientales las prácticas cetreras, merced a los muchos contactos entre ambas civilizaciones. En un principio, la cetrería practicada por los occidentales era bastante tosca y estaba restringida a las aves habitantes de las regiones boscosas europeas: el azor y el gavilán.

En la Península Ibérica, la cetrería nos llegó por dos zonas y épocas diferentes: los visigodos, procedentes del norte, introdujeron en el siglo IX d.c. la caza con azores. Por otra parte, entre los siglos VII-IX, la invasión árabe nos trajo el arte de la caza con halcones. Entre muchas otras cosas, introdujeron el uso de la caperuza (utensilio imprescindible para el manejo de halcones), desconocida hasta el momento por los cetreros peninsulares.

De esta manera, se unificaron en la Península las dos principales modalidades y la cetrería adquirió durante toda la edad media una época de plenitud. Se dictaron diversas normas para su utilización y fue una práctica exclusiva de la nobleza. Muchas veces, la distinción del noble estaba estrechamente ligada a la cantidad y calidad de sus aves, halconeros y utensilios. En su época de apogeo, llegaron a establecerse severas normas sobre el rango social y el ave a utilizar. Así, el águila estaba destinada al Emperador; Reyes y Reinas eran los únicos que podían cazar con halcones gerifaltes, a los Duques y demás componentes de la nobleza, se les asignaban los halcones neblíes y baharies; los guardianes del Rey podían utilizar azores; para los hidalgos, los halcones bornies y azores; a los clérigos se les permitía la caza con gavilanes, a las damas el esmerejón y finalmente, el cernícalo a los criados y sirvientes.

Con la llegada de las armas de fuego y debido a lo costoso de su práctica, comenzó el declive de la cetrería, llegando casi a desaparecer su uso a finales del siglo XVIII y principios del XIX. No es hasta mediados del presente siglo, cuando vuelve a resurgir y se empieza a crear una creciente afición por este tipo de caza.


• Altanería y bajo vuelo

Dos son las modalidades principales para practicar esta caza: el alto vuelo (o altanería) y el bajo vuelo. Para la primera modalidad, es sin duda el halcón peregrino (Falco peregrinus), la reina de las aves, mientras que para el bajo vuelo, es el azor (Accipiter gentilis) la rapaz más ampliamente empleada. Estas especies son las más utilizadas y extendidas, si bien no son las únicas y hablaremos un poco de ellas en su respectivo apartado.

Alto vuelo
El halcón peregrino es una ave de pequeño tamaño. Su peso oscila entre los 850 y 1.050 gr en las primas (nombre con que se designan a las hembras en cetrería) y unos 550-700 g los torzuelos (machos). Su anatomía está totalmente adaptada a las condiciones en las que caza: una gran capacidad visual y unas alas estrechas y largas, adaptadas a "remar" en el aire y propulsar el cuerpo; la cola es estrecha y relativamente larga. El resultante es un cuerpo totalmente aerodinámico, capaz de alcanzar velocidades de vértigo cuando se dirige a su presa.

En este tipo de modalidad el halconero suelta el ave que irá ascendiendo en círculos hasta llegar a alcanzar una altura en la que, en la mayoría de veces el ave escapa a nuestra vista. Volando en círculos sobre el cetrero, lo irá siguiendo y oteando constantemente hasta que el halconero, normalmente con la ayuda del perro, levante la pieza que, salvo excepciones, siempre es otra ave: palomas, perdices, urracas, patos, sisones, etc.

A partir del momento en el que emprende el vuelo la presa, viene lo verdaderamente asombroso y excitante: nada más detectarla, el halcón da varios aletazos y cae hacia ella como un auténtico proyectil. Resulta prácticamente imposible describir con palabras ese momento, tan sólo aquellos que hemos tenido la suerte de ver a un peregrino en picado hacia su presa, podemos comprender la sensación que produce. Cual no será su belleza, que San Francisco de Borja, cuarto Duque de Gandía, "para mortificarse, ofrecía como máximo sacrificio la promesa de cerrar los ojos cuando su halcón se lanzara sobre la presa".

Una vez ha comenzado su picado, el halcón, llegando a alcanzar velocidades que superan los 300 km/h, recorre en segundos la distancia que le separa de su botín y, cuando verdaderamente parece que el destino de la rapaz es estrellarse contra el suelo, hace un rapidísimo giro para situarse por debajo y por detrás del ave, justo en la zona donde la presa tiene un ángulo de visión muerto y le resulta imposible localizar a su verdugo. El resultado es un golpe mortal producido con sus garras y una nube de plumas que dan cuenta del final de la presa.

No siempre esto ocurre así. Las presas también tienen su capacidad de defensa y en muchas ocasiones logran escapar de las garras del halcón. Tan bonito es ver como se lanza éste hacia su víctima, como observar a la presa esquivando y evitando su captura. Entonces se producen una serie de ataques repetidos en los que el halcón vuela y se lanza cuantas veces puede sobre ella. Finalmente, la selección natural marca las pautas: el que mejores condiciones tiene, es el vencedor.

Volvemos a repetir que el hombre en lo único que interviene es en poner delante de él un hecho que ocurre de forma cotidiana en todos los ecosistemas: la eterna lucha entre el cazador y la presa, cazar y ser cazado.

Además del halcón peregrino, otras especies utilizadas son el halcón gerifalte (Falco rusticulus), algo mayor que el anterior, habitante de las zonas del norte de Europa y Eurasia. Esta falcónida puede llegar a alcanzar los 2000 gr de peso en las primas (en las rapaces, las hembras son superiores en tamaño a los machos) y una envergadura de 140 cm.

De menor tamaño a los anteriores son el alcotán (Falco subbuteo), el esmerejón (F. columbarius) y el cernícalo común (F. tinnunculus). Los pesos en gramos que pueden llegar a alcanzar estas rapaces son, respectivamente, 340, 260 y 270. Aunque sus presas están restringidas a pequeñas aves, su belleza y singularidad, hace disfrutar al cetrero, sobre todo al principiante, que encuentra en ellas una réplica de sus parientes superiores y les sirven de trampolín para lanzarse al adiestramiento de los halcones.

Bajo vuelo
Tradicionalmente dos han sido las especies utilizadas para el bajo vuelo: el azor (Accipiter gentilis) y el gavilán (A.nisus). Estos accipítridos viven en zonas boscosas, con abundante arbolado y monte bajo. Su anatomía denota su especiación ecológica: alas más cortas y anchas que los halcones y cola más amplia, que actúa como un perfecto timón para desenvolverse con soltura entre la espesura. Posiblemente lo que más llama su atención son unos ojos penetrantes y una mirada amenazadora. En estado natural, normalmente se sitúa en ramas con buenas visibilidad, hasta detectar una posible presa. Gracias a un perfecto conocimiento de su territorio de caza, vuelan hacia la presa ocultándose tras la vegetación. A veces, se dirige a la pieza sin verla, esquivando cada obstáculo (cuya ubicación conoce a la perfección), para sorprenderla y cuando ésta lo detecta, ya es demasiado tarde. Gracias a su fuerza y la potencia de sus garras, la sujeta fuertemente sin soltarla hasta que acaba con ella.

Anatómicamente son prácticamente iguales, tan sólo les diferencia su tamaño. Así, el azor puede alcanzar una envergadura de 120 cm y un peso de 1.250 g. en las primas. Por su parte, estas mismas tallas y pesos son de 80 cm y 280 g para la otra. La diferencia de tamaño entre las dos rapaces, está directamente relacionada con sus presas. Mientras que con el gavilán está restringidos a la caza de pequeñas aves como mirlos, tordos, gorriones, codornices y como máximo, perdices, el azor puede llegar a cazar animales de gran tamaño, en especial, libres y conejos.

Ultimamente ha sido importado el Parabuteo unicintus (Buteo de Harris, Harris-Hawk para los anglófilos), ave exótica de origen norteamericano. De menor tamaño que el azor, resulta algo más sencilla de adiestrar que éstos y está teniendo mucha aceptación entre los cetreros, de ahí que se esté usando cada vez con más frecuencia para este tipo de caza.

En la caza de bajo vuelo, la atalaya de observación que suponen las ramas de los árboles, es sustituida por el puño del cetrero. Así, andando pausadamente, rastreando cada palmo de terreno y removiendo cada matorral, se espera la salida de la pieza (normalmente se cazan conejos y liebres). Cuando esto ocurre, el azor sale del puño aleteando con fuerza hacia su presa. Si ésta es un conejo, ofrece poca resistencia y es abatido con relativa facilidad. Si por el contrario, se trata de una liebre, la cosa cambia: en un principio, el azor agarra fuertemente al lagomorfo con sus potentes garras por la región dorsal e intentará de inmediato cogerla por la cabeza. Debemos tener en cuenta que la liebre es un animal de una gran fuerza, e intentará soltarse como pueda. Para ello comenzará a dar fuertes patadas con sus extremidades posteriores, provocando una serie de saltos que pueden llegar a sobrepasar el metro de altura. Cazador y presa se enzarzan en una frenética lucha, en la que la liebre intentará soltarse y el ave evitará que esto ocurra asiéndola con más fuerza hasta que logre agotarla y, finalmente acabar con ella.

Aquí ocurre lo mismo que en la altanería: si la liebre es más fuerte que el azor, terminará escapándose y huirá, si no es así, el azor habrá vencido y los genes de la liebre no pasarán a la siguiente generación.


• Otras aves de presa

Resulta difícil ahondar en este punto sin extenderse demasiado. Por ello, haremos un pequeño resumen de cada una de ellas para, en posteriores artículos, profundizar en un estudio detallado.

Además de las aves anteriormente mencionadas, es posible ver una gran variedad de rapaces que, aunque no tienen las mismas características y nobleza para su utilización en cetrería, hacen las delicias de los amantes de las aves de presa.

Resulta verdaderamente impresionante el águila real (Aquila chrysaetos), enorme rapaz que puede que llega a alcanzar los 230 cm de envergadura y unos 4.700 g de peso en las hembras. Aunque hemos hablado poco de los instrumentos utilizados en cetrería, comentar brevemente que el guante de cetrero (normalmente fabricado en cuero y cuya misión es evitar que las aves claven sus garras en el puño y antebrazo de halconero), tienen que ser reforzados con chapas metálicas, ya que el cuero no es suficiente para impedir que las uñas de esta falconiforme se hinquen en el brazo. En ciertos pueblos del nordeste europeo y asiático, utilizan esta ave para cazar presas de considerable tamaño como corzos, zorros, lobos, etc.

Otra especie que también puede verse en el puño de algún cetrero es el águila perdicera (Hieraaetus fasciatus), algo menor que la anterior, pero de incalculable belleza.

Los búhos reales (Bubo bubo) y nivales (Nyctea scandiaca), tienen relativa facilidad para cazar conejos, tampoco resultan raros verlos en muchos certámenes de cetrería, si bien nunca entran en concurso.

De tierras centro y sudamericanas se están intentando adiestrar aves de interminable belleza y bravura. Por ejemplo, la harpía (Harpia harpyja) es una de las candidatas a este fin, pero la excesiva fiereza de estas aves, están frenando este propósito. Quien haya podido observar de cerca los dedos y las garras de estas aves, pueden hacerse una idea de la peligrosidad de su empleo. Otra rapaz con posibilidades de incorporarse en la lista de aves con fines cetreros es el águila-azor o togrol (Spizaetus ornatus), habitante de las zonas selváticas de Sudamérica.


• Perspectivas de la cetrería

La cetrería en España está totalmente legislada (Ley de Caza, de 4 de abril de 1970) y la captura de aves salvajes para su práctica está totalmente prohibida por la ley (Decreto 2573/1973). Tan sólo se pueden utilizar rapaces criadas en cautividad. Además, todas ellas deben ir correctamente anilladas y provistas de sus correspondientes C.I.T.E.S. (Convention on International Trade in Endangered Species of wild Fauna and Flora. Convenio internacional que pretende regular el comercio internacional de especies amenazadas o en peligro de extinción). Existen criaderos oficiales donde se pueden obtener cualquier tipo de ave con total legalidad, sin necesidad de cogerlas de sus nidos como antiguamente se hacía.

Así pues, la cetrería no ha sido ajena al desarrollo y a la aparición de nuevas tecnologías. Hoy en día la mayoría de aves van provistas de emisores para localizarlas en caso de pérdida. En muchos centros de cría se utilizan métodos de inseminación artificial y se obtienen híbridos de cualquier variedad o subespecie de halcón. Se realizan pruebas de ADN y demás adelantos y novedades en técnicas veterinarias y en Arabia Saudita, por ejemplo, existe un auténtico hospital para el cuidado de los halcones.

Sin embargo y a pesar de estos y muchos otros adelantos tecnológicos, para la práctica de la cetrería, se siguen utilizando la mayoría de técnicas que se usaban hace un milenio. Contrasta y resulta fascinante, que actualmente sea practicada por la mayoría de jeques árabes y que todavía se puedan encontrar nómadas por muchas regiones magrebíes u orientales, donde el halconero y su ave forman una simbiosis tal, que muchas veces el sustento del cetrero depende de la caza de su halcón. Parece como si el tiempo se hubiese detenido y estuviésemos viendo la imagen que pudo observarse en las llanuras esteparias de los campos castellanos del medievo.

Aunque ha dejado de ser una modalidad de caza restringida a la nobleza, hoy en día no resulta sencillo practicarla. Se necesita, además de unas grandes dosis de paciencia y devoción hacia estas aves, dos factores muy importantes y difíciles de conseguir: mucho tiempo libre para dedicarse a ellas y sobre todo, grandes extensiones con caza más o menos abundante. No olvidemos que las rapaces no son animales de compañía, necesitan volar, ejercitarse y cazar a diario. Si se quiere disfrutar de un halcón, azor o cualquier otra especie y tenerla en óptimas condiciones, hay que tener en cuenta que en este caso, el cetrero es el esclavo.

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