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La poda en el viñedo español mecánica "versus" tradicional Noviembre de 2001 | POR autores Se estudia la influencia de la poda mecánica simulada, durante dieciséis años, sobre la producción de uva, grado de alcohol probable, producción de azúcar, producción de materia seca y superficie foliar del viñedo en Rioja, en comparación con la poda tradicional El tratamiento de poda mecánica muestra, significativamente, mayor producción de uva, de azúcar y de materia seca que el tratamiento de poda manual. El grado de alcohol probable es menor para dicho tratamiento aunque sin mostrar diferencias significativas. Esta superioridad del tratamiento de poda mecánica simulada frente a la poda manual tradicional se explica por la mayor superficie foliar que es capaz de desarrollar a lo largo del ciclo vegetativo. Estos resultados son especialmente importantes en nuestro modelo de viticultura de baja producción en el que la superficie foliar desarrollada viene limitada por la escasa disponibilidad hídrica.
La operación de poda es la única técnica de cultivo vitícola que no ha evolucionado apenas desde su origen. No sólo su concepto y filosofía sino también la forma de ejecución es idéntica a la de hace dos o tres mil años; únicamente ha variado la herramienta utilizada y se ha sustituido la podadera de los romanos por la tijera, aunque pueda ir provista de dispositivos neumáticos o eléctricos para disminuir el esfuerzo físico. Se ha evolucionado algo en las técnicas preparatorias (prepoda) de la poda definitiva y en el tratamiento posterior de la madera de poda pero no en la operación específica de poda (Martínez de Toda, 1995). A excepción de la poda, todas las operaciones de cultivo generalizadas pueden considerarse totalmente mecanizadas, por lo menos para una amplia gama de sistemas de conducción. La poda es la única operación que requiere una intervención manual, cuidadosa e individualizada para cada cepa. Siempre se ha considerado fundamental el seguir unas normas de ejecución muy estrictas de acuerdo con unos principios generales para obtener una cepa perfectamente podada según un sistema de poda determinado. Esta es la razón de que el tipo de poda aplicable en una determinada Denominación de Origen venga recogido en su reglamento (R.D. 157/1988) y esté publicado en el Boletín Oficial del Estado (lo que no es habitual para otras operaciones de cultivo agrícolas). La importancia que se ha dado siempre a esta operación queda patente en el siguiente texto, reproducido literalmente de los autores García de los Salmones y Marcilla en 1922: "Podemos comparar al que poda con el que siembra pués de la poda, como de la sementera, depende la cosecha. El podador puede darnos y quitarnos la cosecha del año y puede ser causa que obre dando vida a la viña o quitándole duración y producción regular y normal". Esta poda tradicional del viñedo está suficientemente documentada y se considera, en general, necesaria para el mantenimiento de la producción, de la calidad y de la forma de la cepa. Aunque los sistemas de poda varían con el país, la región y la variedad, la poda tradicional manual supone la eliminación de más del 85% del crecimiento anual de la cepa (Winkler et al., 1974). Por otro lado, después de la operación de vendimia, la operación de poda es la que más tiempo de trabajo necesita estimándolo, en nuestras condiciones, en 40 h/ha frente a las 130 h/ha de tiempo total anual necesario para el cultivo del viñedo (Martínez de Toda, 1995). Con el ánimo de reducir los costes de cultivo del viñedo y de lograr su mecanización integral se desarrollan, en diversos países, una serie de experiencias para cultivar el viñedo prescindiendo de la poda tradicional, es decir, sustituyéndola por otro tipo de intervención o poda totalmente mecanizada. Las primeras experiencias en el mundo sobre poda mecánica del viñedo datan de los años sesenta en Argentina (Casares et al., 1967) y en Estados Unidos (Shaulis et al., 1972) pero el comienzo de ensayos más significativos es posterior: 1974 en Australia (May y Clingeleffer, 1977); 1975 en Italia (Baldini et al., 1976); 1979 en Francia (Carbonneau et al., 1979) y 1989 en España (Martínez de Toda, 1989). Así, hoy, se conoce bastante bien la respuesta del viñedo ante tratamientos plurianuales de poda mecánica en situaciones vitícolas muy concretas; además de reducir los costes de cultivo, la poda mecánica incrementa la producción (Morris y Cawthon, 1981; Cargnello y Lisa, 1982; Reynolds, 1988; Intrieri y Poni, 1995; Martínez de Toda y Sancha, 1999) pero reduce el vigor y los pesos del racimo y de la baya (Freeman y Cullis, 1981; Reynolds, 1988) y los sólidos solubles (Freeman y Cullis, 1981; Intrieri y Marangoni, 1982; Intrieri y Silvestroni, 1983). La no poda ha demostrado, hace tiempo, que incrementa el crecimiento y la producción de la cepa (Winkler, 1958) pero no ha sido considerada práctica debido a los efectos atribuídos a la superproducción (Winkler, 1954). En los últimos años se está demostrando que esos efectos se deben a limitaciones impuestas por las prácticas de cultivo; la adopción de otras técnicas de cultivo en muchas zonas vitícolas del mundo ha demostrado que, con una poda mínima o no poda, se pueden mantener viñedos capaces de dar mayores producciones y de calidad a lo largo de los años (Clingeleffer, 1983; 1984). Se habla indistintamente de poda mínima (minimal pruning) y de no poda (zero pruning) porque la técnica consiste en cortar los extremos de la vegetación cuando se aproximan al suelo, abriéndose hacia la calle, para facilitar las operaciones de cultivo; es una intervención tan mínima que se puede calificar de "no poda" ya que no afecta más que a una pequeña proporción de la vegetación (Martínez de Toda y Sancha, 1998). La práctica totalidad de las experiencias citadas corresponden a países o zonas caracterizados por una viticultura "moderna" frente a la viticultura "tradicional" europea. Es una viticultura totalmente distinta en la que prima el rendimiento y la rentabilidad pasando a segundo plano la calidad del producto, según el criterio europeo clásico. Son experiencias realizadas en viñedos vigorosos, con suelos fértiles y en los que las técnicas de cultivo se dirigen hacia la obtención de grandes producciones (riego, fertilización, poda, etc.). En situaciones de viticultura "tradicional" se considera, en general, que estos tipos de poda no son posibles y transcribimos textualmente lo que escribe Hidalgo (1999a y 1999b) como representativo del concepto tradicional de la poda: "La mecanización integral de la poda por los medios actuales es difícil de realizar en una viticultura cuidadosa, en la que se debe ser preciso en la carga de yemas a dejar en cada cepa, por tratarse de viñedos poco vigorosos, impuesto por la pobreza del suelo, la sequía del verano o por la calidad de los productos a obtener". Por último, y como curiosidad, también ha existido otra línea de trabajo muy concreta que consistía en la "poda robotizada" en la que se trataba de sustituir al podador manual por un robot. Aunque técnicamente el problema se resolvió y hubo un prototipo desarrollado en Francia, no tiene aplicación en el viñedo debido al coste de la máquina y al rendimiento de la operación (Champagnol, 1984). De esta exposición se desprende el interés de estudiar el comportamiento de la poda mecánica en nuestras condiciones de cultivo y, para ello, comenzamos en 1984, y por primera vez en España, unas experiencias en Rioja con los siguientes objetivos: Con el desarrollo de las experiencias a lo largo de los años y ante la buena respuesta y evolución de la planta ante estos tipos de poda se plantean otros objetivos complementarios que consisten en profundizar en la fisiología de la planta estudiando la producción de materia seca y su reparto para los distintos tratamientos así como el desarrollo de la superficie foliar a lo largo del ciclo vegetativo. En este trabajo se presentan algunas de las experiencias citadas, realizadas sobre las variedades Garnacha Tinta y Tempranillo.
Descripción de las parcelas y tratamientos Se tomaron noventa cepas para la aplicación de dos tratamientos distintos desde 1984: poda mecánica simulada y poda manual tradicional (testigo). La intervención de poda mecánica simulada consiste en podar con tijera simulando una poda masal y mecánica, a la misma altura, dejando una longitud media de la estructura de poda equivalente a pulgares o varas de dos a cuatro yemas. El tratamiento de poda manual tradicional (testigo) consiste en dejar una carga de catorce yemas por cepa repartidas en siete pulgares, como es tradicional en Rioja para esta variedad. El viñedo está situado en el Término Municipal de Badarán (Rioja Alta), en condiciones de secano y con una precipitación media, en los últimos diez años, de 490 mm. El Índice de Winkler es de 1.380 ºC. El suelo es de fertilidad media, con una profundidad superior a 70 cm y sin ninguna limitación física ni química para el desarrollo del viñedo (la fertilidad global del suelo puede estimarse a través de los datos de madera de poda, superficie foliar y/o materia seca que se muestran en el apartado de resultados). Las técnicas de cultivo son las habituales de Rioja excepto el mantenimiento del suelo que se hace mediante la técnica de no laboreo con aplicación de herbicidas y la ausencia de fertilización en los quince últimos años, por lo menos. El tipo de conducción es en forma libre, en vaso típico de la viticultura riojana. Posteriormente se aborda otra experiencia en el mismo Término Municipal y en las mismas condiciones de medio sobre la variedad Tempranillo injertada sobre 41-B, con marco de plantación 2,60 x 1,10 m. El testigo está constituido por el vaso tradicional con una carga de 12 yemas por cepa. Para el tratamiento de poda mecánica simulada se utiliza un tipo de conducción en cordón horizontal libre a una altura de 80 cm. El tratamiento de poda mecánica comienza en 1992. Diseño experimental Análisis estadístico Evaluación de la producción de uva Evaluación de las características del mosto Evaluación del desarrollo vegetativo Evaluación de la superficie foliar 1. - Determinación de la superficie foliar del pámpano. Según el método propuesto por Carbonneau (1976); esta determinación se hace para veinte pámpanos por tratamiento. En los tratamientos testigo, al existir nietos suficientemente desarrollados, se determina separadamente la superficie de las hojas principales y la de los nietos. 2. - Cálculo de rectas de regresión longitud-superficie foliar. Se calculan las rectas de regresión para cada tratamiento y, en el caso de los testigos, una para la superficie foliar principal y otra para los nietos. 3. - Para conocer la superficie foliar total, en un momento dado, se mide la longitud de todos los pámpanos de la cepa y, en el caso de los testigos si existen nietos, la longitud del principal y el número y longitud de los nietos. Así se calcula la longitud media de los pámpanos y de los nietos y, entrando en la ecuación de la recta de regresión correspondiente, se estima la superficie foliar del pámpano o nieto medio; multiplicando por el número total de pámpanos y nietos se obtiene la superficie foliar de la cepa. La determinación de la superficie foliar se ha realizado en dos épocas características del período vegetativo, floración (mes de junio) y pleno desarrollo (estimado en período de reposo a través de la longitud del sarmiento) a partir del año 1994. Evaluación de la producción de materia seca La materia seca contenida en la uva se calcula multiplicando la producción de uva por 0,23, que es la relación entre el peso seco y el peso fresco de los racimos (Tardáguila, 1995). La materia seca contenida en la madera de poda se calcula a partir del peso de madera de poda, multiplicándolo por 0,47, que es el contenido medio de materia seca en la madera de poda (Martínez de Toda, 1991). Dicha materia seca se calcula para todos los tratamientos excepto para el de poda mínima, en el que no existe madera de poda anual. La materia seca contenida en las hojas se estima a partir de la superficie foliar total y del peso específico foliar. El peso específico foliar ha sido determinado por diferentes autores y los resultados varían entre 50 y 80 g/m2: Para Wermelinger y Koblet (1990), Williams (1987) y Tardáguila (1995), en diferentes variedades, es de unos 50 g/m2, para Baeza (1994), en Tempranillo, es de 80 g/m2 y para Martínez de Toda (1985), en Garnacha Tinta, es de 64 g/m2. A la vista de estos resultados aplicamos un peso específico foliar medio de 65 g/m2.
Respuesta inicial de la planta ante la poda mecánica simulada En cuanto al comportamiento vegetativo, las cepas sometidas a poda mecánica tienen 3,4 veces más yemas que el testigo, pero el número de pámpanos es solamente el doble, debido al menor porcentaje de brotación (73% frente al 115% del testigo). El peso de madera de poda es un 10% inferior, pero sin diferencias significativas. El peso del sarmiento es del orden del 40% que en el caso del testigo. El Indice de Ravaz (F/V: producción de uva/producción de madera) representa el doble que en el testigo (6,28 frente a 3,09) pero se mantiene en un nivel muy adecuado (Champagnol, 1984). Respecto al comportamiento productivo, la poda mecánica presenta una producción de uva 1,4 veces superior, aunque sin diferencias significativas. El número de racimos es el doble que en el testigo, pero con un peso y número de bayas del 76% respecto al testigo. No aparecen diferencias en el peso de la baya, concentración de azúcar, acidez total y pH. Destaca la gran capacidad de autorregulación de la cepa que tiende a disminuir la fertilidad de sus yemas y el porcentaje de brotación para adaptarse a la nueva situación en la que se deja mayor carga. Nuestros resultados coinciden con los de otros investigadores (Intrieri et al., 1983 y Clingeleffer, 1984) y se demuestra, también en nuestras condiciones, que, mientras en la poda manual clásica el número de yemas constituye siempre un factor crítico, este número de yemas no es tan decisivo cuando se realiza una poda mecánica "estandarizada" durante una serie de años. Evolución de la experiencia de poda mecánica en el período 1986-99 En la tabla III aparecen los resultados anuales comparativos entre los tratamientos testigo y poda mecánica en el período 1986-99 para producción de uva, alcohol probable y producción de azúcar. No se tomaron datos en 1997 debido a un ataque muy intenso de mildiu. No aparecen los datos de alcohol probable ni de producción de azúcar para el año 1998 porque se perdieron después de analizados. En la tabla IV se muestran los datos medios del período y el resultado del análisis de varianza con la mínima diferencia significativa entre los tratamientos. Para el año, al ser un factor al azar, no se hace comparación de medias. Aparecen diferencias significativas entre los tratamientos para la producción de uva y para la producción de azúcar, por el contrario, el grado de alcohol probable no presenta diferencias significativas. Esto demuestra que la evolución en el tiempo es comparable a la respuesta de la planta en los primeros años y que dicha respuesta no puede ser achacable a una existencia de reservas en la planta que se van agotando progresivamente. El comportamiento vegetativo y productivo es similar al de los primeros años como queda patente en los datos de 1994 (tabla V) y de 1999 (tabla VI) después de once y dieciséis años, respectivamente, de poda mecánica ininterrumpida. Destacan los años 1996 y 1998, que estuvieron caracterizados por un alto potencial productivo (cosechas record, hasta ese momento, en la historia del Rioja). Parece confirmarse, también en nuestras condiciones, la hipótesis (Intrieri et al., 1984) de que la poda manual, basada en una calibración precisa del número de yemas antes de que se den eventuales factores críticos en las sucesivas fases del ciclo, pueda ser más "condicionante" que una intervención mecánica, que permite a la planta un mayor margen de autorregulación fisiológica en relación con los factores ambientales del año. La cepa sometida a poda mecánica produce más uva y más azúcar, no apareciendo diferencias significativas en el grado de alcohol probable. Aunque sea evidente, es importante destacar la demostración de que, también en nuestras condiciones, la cepa es capaz de "sobrevivir" cuando se poda de una forma masal o no selectiva, contrariamente a la opinión generalizada en el sector vitícola y no sólo entre los viticultores sino incluso entre los técnicos. Producción de materia seca Se demuestra que el tratamiento de poda mecánica hace de la cepa una "máquina" más eficaz, no sólo en la producción de materia seca global sino también en su almacenamiento en los racimos, que constituyen la única parte generalmente aprovechable. También se demuestra en nuestras condiciones el efecto claramente depresivo que tiene la poda tradicional sobre la capacidad de desarrollo de la planta y sobre sus posibilidades de explotación del medio (Winkler et al., 1974). Esto es particularmente importante en nuestras condiciones de secano en las que existen una serie de técnicas de cultivo orientadas hacia la consecución de un mayor desarrollo de la planta. Desarrollo de la superficie foliar Si las condiciones externas son las mismas, la causa de esa mayor fotosíntesis hay que buscarla en el comportamiento fisiológico de la planta. Son varios los autores que atribuyen dicha superioridad al desarrollo de una mayor superficie foliar al disponer de más yemas para su desarrollo (Winkler et al., 1974; Clingeleffer y Possingham, 1987 y Clingeleffer, 1989). Este efecto está demostrado para viñedos cultivados en condiciones de regadío en los que no existe limitación hídrica para el desarrollo de una superficie foliar importante. Ahora bien, ¿qué ocurre en condiciones de secano en las que la disponibilidad hídrica limita el desarrollo de la superficie foliar?. Para contestar a esta cuestión se estudia el desarrollo de la superficie foliar a lo largo del ciclo vegetativo para los distintos tratamientos. En la tabla VIII se muestra la superficie foliar desarrollada por los tratamientos de poda mecánica y testigo en la época de floración (junio) y en plena vegetación (septiembre) en el período 1994-96. 3.5.1. - Superficie foliar en la época de floración El tratamiento de poda mecánica presenta una superficie foliar de 7,68 m2/cepa frente al testigo con 2,65 m2/cepa, es decir, una superficie tres veces superior. Estos resultados son muy importantes ya que es en la época de floración cuando la producción de azúcares por fotosíntesis es fundamental para asegurar un correcto cuajado del fruto (Martínez de Toda, 1985). Por otro lado, en esta época los factores ambientales que regulan la fotosíntesis son muy favorables no existiendo, como ocurrirá más tarde, limitaciones por temperatura alta y por déficit hídrico (Winkler et al., 1974). En este aspecto la poda mecánica se muestra superior al testigo al ser capaz de desarrollar mayor superficie foliar precisamente en la época en que mejor puede ser aprovechada por la planta. Esta mayor superficie foliar justifica, en parte, el mejor comportamiento productivo de este tipo de poda a lo largo de los años. La baja carga de la poda tradicional impide a la planta el desarrollar una superficie foliar importante al principio del ciclo, que es cuando las condiciones ambientales son más favorables. 3.5.2. - Superficie foliar en plena vegetación En plena vegetación, la poda mecánica presenta una superficie de 7,22 m2/cepa frente a los 4,39 m2/cepa del testigo, es decir, una superficie casi dos veces superior. Aunque las diferencias son menores que en la época de floración, se sigue constatando la ventaja de este tratamiento de poda sobre el testigo. El tratamiento de poda mecánica permite a la cepa desarrollar no sólo mayor superficie foliar máxima sino durante un período de tiempo superior al testigo. Para las mismas condiciones de medio, la eficacia del viñedo en la captación de energía solar es muy superior para dicho tratamiento. Esta diferencia de superficie foliar vuelve a explicar, en gran parte, la mayor producción que se obtiene, año tras año, con el tratamiento de poda mecánica. Evolución de la experiencia de poda mecánica simulada sobre la variedad Tempranillo
Tras dieciséis años de seguimiento de la experiencia de poda mecánica simulada se pueden extraer las siguientes conclusiones: La cepa sometida a poda mecánica simulada es capaz de sobrevivir durante, al menos, dieciséis años igual que la cepa sometida a poda tradicional. La producción de uva, para este tipo de poda, es superior al testigo durante todos los años estudiados. El grado alcohólico probable obtenido, en general, con este tipo de poda es perfectamente compatible con la elaboración de variados tipos de vino. La producción de azúcar y la producción de materia seca son, también, muy superiores al testigo en el período estudiado. El tratamiento de poda mecánica simulada hace de la cepa una "máquina" más eficaz para producir uva, azúcar y materia seca en comparación con el testigo. La poda tradicional tiene un efecto claramente depresivo sobre las posibilidades de explotación del medio por la cepa. En lo que respecta a la producción de uva y de azúcar, estas diferencias de comportamiento entre la poda mecánica y el testigo se deben, en parte, a la mayor superficie foliar desarrollada para las mismas condiciones de medio y, en parte también, a la mayor proporción de fotoasimilados dirigidos hacia los racimos. En lo que respecta a la producción de materia seca global, la diferencia hay que relacionarla con la mayor superficie foliar desarrollada.Notas sobre la posible aplicación práctica El realizar este tipo de poda supone pasar de 40 h/ha a 3-4 h/ha en los tiempos de trabajo. Supone una reducción sensible de los costes de cultivo. La maquinaria es sencilla y existe ya que coincide con la maquinaria de prepoda. La operación es perfectamente reversible, por lo menos en los primeros años, y se puede volver fácilmente a la poda tradicional. La aplicación ideal de este tipo de poda debe hacerse en viñedos cuya conducción permita la vendimia mecanizada para tener, de esta forma, viñedos íntegramente mecanizados. Con este tipo de poda se puede prescindir de las operaciones en verde espergurado, despunte y desnietado. En muchas situaciones vitícolas, la ejecución de la poda mecánica definitiva está prohibida por la legislación en materia vitícola. Hemos elaborado vino procedente de est tipo de poda y se puede calificar de "muy digno". Creemos que la poda mecánica supone una alternativa válida para cultivar el viñedo en muchas situaciones vitícolas sin detrimento de la calidad. Este tipo de intervención supone un nuevo concepto de "viticultura" por lo que para su aplicación, probablemente, haya que revisar los conceptos de comportamiento de las distintas variedades, portainjertos, sistemas de conducción (densidades), influencia del clima, etc.Baeza, P. [1994]
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