|
|
|
Regístrese aquí para poder descargar las revistas en formato PDF
Andalucía Un mosaico de geodiversidad Noviembre de 2001 | POR autores La Naturaleza está de moda. Pero no todo el mundo entiende lo mismo por naturaleza. La mayoría piensa que lo "natural" es lo vivo: animales y plantas captan la atención del aficionado al medio físico. Y, sin embargo, plantas y animales son sólo los inquilinos actuales de un extraordinario enclave con gran raigambre: el planeta Tierra. 4.500 millones de años han servido para modelar un conjunto de formas, de paisajes, de ambientes, pasados y presentes, de gran importancia y variedad. Variedad geológica y variedad paelobiológica, pues el legado geológico engloba también el excepcionalmente dilatado registro paleontológico, específicamente más rico en potencia que la actual biodiversidad En cada región de la Tierra existe un conjunto de lugares excepcionales, que permiten reconocer y reconstruir la historia geológica regional. Es el llamado patrimonio geológico, que forma parte del patrimonio natural, de la Naturaleza misma. Y, dado que de muestra vale un botón, veamos qué significa esto aplicado a un territorio concreto. Conozcamos un poco más la otra cara de la moneda de la naturaleza andaluza, una de las regiones más interesantes desde una óptica geológica del solar hispano.
Los 87.267 kilómetros cuadrados de extensión de las tierras andaluzas ofrecen una enorme diversidad geológica, es decir, una gran geodiversidad. Uno de los problemas ambientales mayores del sur peninsular, la erosión, constituye, sin embargo, una gran ventaja a la hora de valorar el interés geológico de los afloramientos andaluces. En Andalucía la geología puede observarse con facilidad, pese a la complejidad intrínseca que presenta gran parte del territorio. La diversidad de los paisajes geológicos andaluces es fácil de entender si se analizan detalladamente algunas de sus características: sus tierras se extienden entre el nivel del mar (aunque quizás sería más acertado decir de los dos mares andaluces, el mediterráneo y el océano atlántico) y el techo peninsular, el Mulhacén, con 3.482 metros de altitud; esta gran energía del relieve está condicionada a su vez porque una parte importante del territorio andaluz pertenece, geológicamente hablando, a una cordillera joven, alpina, vinculada en cuanto a su origen al conjunto de cadenas montañosas que bordean al actual mediterráneo. Otra parte es mucho menos moderna en términos geológicos: Sierra Morena alberga rocas muy antiguas, con fósiles de hace varios cientos de millones de años de antigüedad. Es fácil entender que con una historia geológica tan dilatada, que se cuenta por cientos de millones de años, con rocas de muy diverso origen y procedencia, aflorando éstas con nitidez en las tres dimensiones del espacio, la diversidad de lugares de interés geológico debiera ser extraordinaria. Y lo es en realidad. Aunque los geólogos todavía no se han puesto totalmente de acuerdo sobre lo que es la geodiversidad (o mejor dicho sobre como se mide y en qué unidades se puede expresar), nadie puede poner en duda que Andalucía es una tierra geodiversa, con muchos matices y en varios sentidos. En primer lugar, posee una gran diversidad litológica, con muchos tipos de rocas diferentes. Después, se observa en ella una gran diversidad cronoestratigráfica, es decir, temporal, con la inmensa mayoría de los pisos geológicos del Fanerozoico representados en los materiales aflorantes, e incluso con algún estratotipo definido en afloramientos andaluces. Más aún: una enorme diversidad mineralógica y minera, como se han encargado de demostrar los pueblos y civilizaciones que han pasado por el sur peninsular desde hace varios milenios. Todavía más: una gran diversidad paleobiológica, con magníficos yacimientos paleontológicos de todas las edades. Y, por último, una gran diversidad geomorfológica, donde se integran las anteriores con la riqueza de procesos actuales actuantes y de situaciones climáticas diferentes. En definitiva, Andalucía es una tierra de contrastes geológicos, de enorme variedad y riqueza; en suma, un mosaico de geodiversidad.
El grado de mestizaje andaluz alcanza lo más íntimo. Hasta geológicamente, sus tierras constituyen una síntesis de un lado y otro del Estrecho, como una cuña indefinida entre dos continentes. Efectivamente, la procedencia de ciertos fragmentos de la corteza de la actual Andalucía es desigual. En líneas generales, puede distinguirse un viejo paleocontinente ibérico, solidario de la placa europea, representado por Sierra Morena, y unas tierras más jóvenes, añadidas como consecuencia de la actividad orogénica alpina, representada por las montañas de la cordillera bética y la antefosa del Guadalquivir. En las montañas béticas, aún caben mayores segregaciones por procedencia paleogeográfica: unas unidades geológicas derivan de una evolución tectonopaleogeográfica más o menos cercana a su posición actual, y sólo han sufrido procesos de acortamiento por apilamiento y plegamiento, mientras que otras poseen su patria original muchos cientos de kilómetros más al este, aproximadamente en el entorno del actual mar argelino- provenzal. Las primeras se reúnen en la denominada Zona Externa de la cordillera bética, o dominio sudibérico, mientras que las segundas se conocen como Zona Interna o Bloque de Alborán. Un tercer dominio paleogeográfico, más lejano del continente ibérico e influenciado por el africano fue la denominada Cuenca de los Flyschs, que quedó imbricada en la orogénesis como fruto de su posición intermedia entre los paleocontinentes implicados (la placa africana al sur; la ibérica al norte), y la microplaca representada por el Bloque móvil de Alborán (situado al este). Además, existen áreas más jóvenes aún, con escasa deformación tectónica, surgidas del depósito de materiales en cuencas sedimentarias terciarias, estructuradas con posterioridad a las etapas paroxismales de la orogenia alpina. Son las zonas de la depresión del Guadalquivir, y un conjunto de depresiones intramontañosas y litorales béticas, de las cuales quizás las más conocidas son la de Granada y la de Guadix - Baza.
Este grado de variedad en cuanto a la procedencia de los distintos fragmentos de la corteza andaluza, ha originado una gran variedad de litologías, es decir de tipos de rocas originadas a lo largo de los diferentes momentos de la historia geológica, y que hoy se encuentran expuestas en la superficie por causas tectónicas y erosivas, lo que hace que puedan ser observadas. Esta diversidad está íntimamente relacionada con la abundancia y calidad del registro estratigráfico y petrológico. Tres son los grandes grupos de rocas en función de su origen: ígneas, metamórficas y sedimentarias. En Andalucía todos los grupos están bien representados. Existen rocas ígneas de origen plutónico y volcánico. Efectivamente, en Sierra Morena es frecuente observar buenos afloramientos graníticos, procedentes de antiguos plutones, como por ejemplo el batolito de los Pedroches, en Córdoba. Estas rocas cristalizaron en el Paleozoico, en el interior de la corteza, procedentes de magmas ácidos, y afloran actualmente en superficie tras muchos millones de años de actividad erosiva. También en la cordillera bética existen rocas plutónicas, en este caso fruto de la cristalización de magmas ultrabásicos, generados a grandes profundidades, quizás a 400 kilómetros por debajo de la superficie terrestre, en el manto superior. Afloran en tres grandes macizos en la serranía de Ronda, y forman parte de un cortejo de rocas conocidas genéricamente como peridotitas, por su riqueza en olivino (peridoto). Este afloramiento peridotítico es uno de los más extensos y de mayor interés petrológico del mundo. La edad de estas rocas es muy discutida, y varía, según los diferentes autores, desde el Paleozoico hasta el Terciario. Las rocas volcánicas también están bien representadas. Existen algunas que provienen de erupciones submarinas, como las que se intercalan con los sedimentos mesozoicos del Subbético Medio, en las provincias de Granada y Jaén; y otras, típicas del vulcanismo continental, como las aflorantes en cabo de Gata, producto de la actividad volcánica reciente, entre el Mioceno medio y el Plioceno. Las rocas metamórficas son muy abundantes en la zona interna bética, donde aparecen con distintos grados de metamorfismo y composiciones muy diferentes. Así, existen filitas (las launas granadinas y almerienses), esquistos (en Sierra Nevada, Filabres y toda la orla del complejo alpujárride ) y gneises (por ejemplo en la banda que rodea a las peridotitas de Ronda, o en Torrox, en Málaga). Los mármoles son la litología carbonática más característica del dominio metamórfico bético, y constituyen el armazón de casi todas las sierras litorales entre Marbella y Murcia. El dominio de las rocas sedimentarias es mayoritariamente la zona externa de la cordillera bética, la Depresión del Guadalquivir y el Campo de Gibraltar, donde afloran con una gran variedad, y edades comprendidas entre el Triásico y el Cuaternario. En la Depresión del Guadalquivir, al igual que en el resto de las depresiones neógenas béticas, las arcillas, arenas, margas y yesos son las litologías dominantes. Las areniscas de origen turbidítico son las rocas más destacadas en las unidades terciarias de tipo flysch del Campo de Gibraltar. En la zona externa bética la variedad es mayor, correspondiendo, no obstante, el predominio a las rocas carbonáticas de origen marino, calizas y dolomías, así como a las margas, de edad mesozoica o terciaria. También son frecuentes los yesos (a veces acompañado de halita en profundidad) triásicos, así como las radiolaritas (producto de procesos de biosedimentación silícea) del Jurásico medio y superior. Por último, existen numerosos sedimentos y rocas sedimentarias recientes, de edad pleistocena y holocena, entre los que destacan las importantes masas de travertinos ligadas a manantiales kársticos. Todo este conjunto de rocas de diferentes orígenes y composiciones ilustran sobre los procesos ocurridos en Andalucía a lo largo de una porción muy dilatada de tiempo geológico, desde el límite Precámbrico-Cámbrico, hace casi 600 millones de años hasta la actualidad.
La diversidad paleobiológica viene representada directamente por la diversidad paleontológica, es decir por los restos fósiles correspondientes a los diversos organismos contenidos en las rocas sedimentarias aflorantes, representativos de la vida presente en los diferentes periodos geológicos. El hecho de tener un registro temporal dilatado, del Cámbrico a la actualidad, hace que la diversidad paleobiológica sea también importante. Con yacimientos paleontológicos andaluces es posible trazar la historia evolutiva, a grandes rasgos, desde los trilobites característicos de los fondos marinos del Cámbrico de Sierra Morena a los más antiguos homos europeos y a los últimos neandertales del continente, cuya actividad está registrada en los sedimentos lacustres del Pleistoceno inferior de la cuenca de Guadix - Baza y en las cuevas malacitanas cercanas a Zafarraya, respectivamente. Especial importancia paleontológica poseen las paleofaunas mesozoicas marinas de la zona externa bética, en especial los ammonoideos, con yacimientos de referencia a escala mundial. También son notables algunos yacimientos paleobotánicos de las capas carboníferas de Córdoba, así como algunas localidades clásicas pliocenas (por ejemplo, los Tejares de la Colonia de Santa Inés, en Málaga). Mención especial merecen los riquísimos yacimientos de micro y macrofauna de mamíferos ligados a rellenos kársticos pliocuaternarios.
Ya la Biblia alerta de la gran riqueza mineralógica de Andalucía. En la antigüedad, todas las grandes civilizaciones del mediterráneo han glosado la variedad y la abundancia de los criaderos minerales del sur y sureste peninsular, comenzando por los metales nobles más codiciados, como el oro y la plata. Si Castilla tuvo un río de oro (el Duero), Andalucía pudo presumir de otro tanto (el Darro). Y la plata nativa almeriense trascendió las fronteras de Sierra Almagrera en los albores de la historia. Siglos más tarde, se pondrían en explotación en Andalucía algunos de los mayores yacimientos metálicos del mundo, tales como los de sulfuros de la Faja Pirítica (Río Tinto), o los de hierro del Marquesado del Zenete (Alquife). Y tampoco faltan yacimientos excepcionales referidos a minerales no metálicos, como el de estroncio de Montevives (Granada), posiblemente el de mayor tamaño del planeta. Pese a todo, la minería andaluza no goza de buena salud en los últimos tiempos, lo que no invalida un ápice lo dicho en lo relativo a una riqueza minera que ha pervivido durante milenios. Y si la minera es grande, la mineralógica posiblemente la supere. En Andalucía se han descrito cientos de especies mineralógicas, de todos los grupos conocidos. Incluso algunos minerales han sido descritos aquí por vez primera. Curiosamente no es el caso de la andalucita, que pese a su nombre fue encontrada por primera vez y descrita para la ciencia extramuros del territorio andaluz. Sin embargo, sí se ha encontrado aquí y descrito la linarita (en las explotaciones mineras de Linares, en Jaén), o la ferberita y la jarosita (en el Barranco Jaroso, en Almería). No es raro encontrar en ciertas colecciones mineralógicas de museos geológicos algunas piezas consideradas excepcionales de algunos minerales, cuya procedencia es andaluza. Por ejemplo, ciertos ejemplares de azufre de Conil (Cádiz), de scheelita de Estepona (Málaga), o de galena de Linares y La Carolina (Jaén). Hay algunas porciones de Andalucía que son auténticos museos mineralógicos in situ, como ocurre con los yacimientos de sulfuros metálicos del noroeste onubense, en la Serranía de Ronda, en Sierra Nevada, Sierra Almagrera, o en el distrito minero de Linares - La Carolina, entre otros muchos lugares clásicos entre los mineralogistas.
El resultado global de todo este mosaico de geodiversidad andaluza, actuante a lo largo de la historia geológica es la realidad geomorfológica y paisajística actual. Existen una gama importante de procesos morfogenéticos actuando en la actualidad, y una serie de formas heredadas de otras situaciones más o menos cercanas en el tiempo geológico. Así, por ejemplo, las morfologías glaciares de Sierra Nevada son relictas, heredadas de los últimos episodios fríos pleistocenos. Pese a esto, hoy día existen ambientes morfodinámicos muy diversos, que van desde los presentes en la tundra nevadense, por encima de los tres mil metros de altura, hasta los actuantes en los desiertos áridos almerienses, pasando por el riquísimo ambiente kárstico de la media montaña andaluza, sin olvidar el litoral, el fluvio-torrencial, el eólico, o el de vertientes. Flotando en este inmenso mar de geopaisajes, aparecen aquí y allá muchas islas, con ricos tesoros geológicos, y numerosos pequeños y grandes puertos donde recalar y disfrutar de tan variada travesía. Adelante, pasen y vean: buen viaje.
En esta ocasión, hemos seleccionado un ramillete de lugares geológicos excepcionales de la geografía andaluza, repartidos por la mayoría de las ocho provincias. Lógicamente no están todos los que son y conforman el rico patrimonio andaluz, pero sí son dignos de pertenecer en dicha categoría todos los que están. Cabo de Gata Desierto de Tabernas Torcal de Antequera Tajo de Ronda Sierra de Cabra Cascada de la Cimbarra Los Órganos de Despeñaperros Cerro del Hierro Dunas litorales de Punta Paloma
Después de este breve pero intenso viaje visual (o virtual, como se diría ahora), en el cual se han recreado paisajes, ambientes y climas diferentes al actual, sin salirse ni un ápice de los 84.000 kilómetros cuadrados del territorio andaluz, cabe esbozar, aunque sea de pasada, unas consideraciones finales. Al igual que el término conservacionismo se ha acuñado, con un significado eminentemente biológico, también hay que avanzar (desde una óptica razonable y equilibrada, sin estridencias y sin caer en falsas posturas radicales) hacia la conservación de enclaves de interés geológico, hacia la geoconservación. A nadie interesa descapitalizar la historia de nuestro planeta, de nuestro país ni de nuestra región. Es un grave error no conservar los rastros más antiguos, interesantes y hermosos de nuestro pasado, el que tenemos en común con el del globo terrestre.
Durán; J.J. y Nuche, R. (Eds.) 1999
//PRELOAD ROLLOVERS?>
Últimas empresas registradas
![]() |