Terralia 27
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Los sistemas de Laboreo (2)

Del tradicional al no Laboreo

Julio de 2002 | POR autores

En el pasado número de mayo se publicó un breve resumen histórico sobre la evolución de las técnicas de labranza del suelo. En este vamos a definir las diferentes variantes de manejo del suelo agrupadas por sistemas. Un sistema de labranza incluye un determinado número de operaciones que responden a una filosofía de trabajo. Esta se caracteriza por la forma de disgregar el suelo, la profundidad de trabajo y la manera de controlar las malas hierbas, entre los aspectos más destacables

Las diferentes variantes de manejo del suelo, antes mencionadas, se concretan en los siguientes sistemas:

Laboreo tradicional (Conventional tillage) (Fig.1)
Es el conjunto de operaciones que a lo largo del tiempo se vienen realizando en un determinado lugar y que pueden variar de uno a otro. Así, por ejemplo, en España la labor tradicional siempre ha sido la del arado clásico de vertedera donde la profundidad de trabajo se sitúa en los 30 -35 cm. En los países del norte de Europa la labor no supera los 25 cm, mientras que en Italia puede sobrepasar los 40 cm. Al menos se necesitan dos pases, en el primero se realiza la labor profunda donde se disgrega e invierte el suelo. Los residuos quedan incorporados al suelo entre un 90 y el 100% de los existentes en la superficie. En el segundo pase y siguientes se llevan a cabo la preparación del lecho de siembra con los aperos de labranza secundaria (Cultivador, vibrocultivador, gradas, aperos combinados, etc.).

Laboreo mínimo (Minimum tillage/Reduced tillage) (Fig.2)
Se sustituye la labor de arado por una labranza vertical con arado chísel o cultivador. La profundidad de trabajo no supera los 20 cm y es frecuente tener que realizar varios pases. El suelo queda cubierto en superficie, aproximadamente, entre un 15-40% de residuos procedentes del cultivo anterior. Es posible reducir el número de pasadas sobre el terreno mediante la utilización de equipos combinados. En algunos países al haber prescindido hace muchos años del arado de vertedera consideran al laboreo mínimo como tradicional.

Laboreo bajo cubierta (Mulch tillage) (Fig.3)
El objetivo principal de este sistema es mantener la cubierta vegetal procedente de los residuos y realizar una labor de disgregación superficial (12-15 cm), o a una profundidad elevada ( 40-50 cm). Esta última se conoce como labranza de subsuelo y se realiza con aperos tipo subsolador o descompactador. En este caso, además de mantenerse la cubierta en superficie, se regenera la estructura de los horizontes superficiales del suelo. Este queda cubierto por los residuos en el 60-80% de su superficie.

Laboreo en franjas (Strip tillage/Zone tillage) (Fig. 4)
Solamente se labra una pequeña franja de suelo a unos 10-12 cm de profundidad, justamente donde van las líneas de siembra. Se efectúa en cultivos en hileras. El resto de la superficie queda cubierta por los residuos del cultivo precedente (60-75%). Es frecuente realizar las labores y la siembra en una sola pasada de máquina. El lecho de siembra formado permite mejorar la calidad de la nascencia al quedar las semillas cubiertas por pequeños agregados de tierra sobre los que incide de forma directa la radiación solar.

Siembra en caballones (Ridges till) (Fig. 5)
En suelos con problemas de encharcamiento que generan asfixia radicular una de las maneras de solventar este contratiempo consiste en formar caballones y sembrar en la cresta. El fondo del valle de los mismos que da cubierto con residuos. A los largo del ciclo de crecimiento se realizan labores de aporcado y de control de malas hierbas. Los caballones se reconstruyen cada año. La cobertura del suelo por los residuos se sitúa alrededor del 50%.

No laboreo/Siembra directa (No tillage/Direct drilling/Direct planting) (Fig. 6)
Es el mas extremo de todos los sistemas. El suelo solamente se remueve por la acción de los abresurcos de las sembradoras. Las malas hierbas se controlan única y exclusivamente mediante herbicidas, de ahí que otra de las formas de denominación sea Laboreo Químico (Chemical Plowing). El suelo queda cubierto en superficie al menos por el 75-80% de residuos. Cuando la siembra se realiza sobre pastizal para su renovación se la denomina sod seeding.

Laboreo de Conservación (Conservation tillage)
Es un paraguas que implica a aquellos sistemas mencionados en apartados anteriores en los que el suelo queda cubierto en superficie con al menos el 30% de residuos procedentes del cultivo anterior. El témino " conservación " implica el mantenimiento del potencial productivo del suelo al ser preservado contra agentes externos que propician su pérdida y/o degradación, tales como la erosión o la reducción de los niveles de materia orgánica causada por la labranza intensiva. Para que un sistema de laboreo pueda ser considerado de conservación ha de cumplirse el requisito antes mencionado. De manera que, puede darse el caso de realizarse una siembra directa que no sea de conservación al no alcanzarse la cobertura del 30%.


• El presente sobre el Laboreo de Conservación. Pros y contras

En la actualidad, las técnicas de Laboreo de Conservación están muy desarrolladas en países de América del Norte (Canadá y Estados Unidos) y del Sur (Argentina y Brasil) y Australia, especialmente la siembra directa. Según un informe reciente publicado por CTIC ( Centro de Información Tecnológica sobre Laboreo de Conservación de EE.UU.) el porcentaje de tierras cultivadas en no laboreo es el 11% en Argentina, Canadá 16%, Estados Unidos 39%, Brasil 21%, Australia 4% y en resto del mundo el 9%. Según el mismo informe, en los últimos quince años se ha pasado de 6 a superar los 60 millones de hectáreas en los que no se realiza labor mecánica alguna.

En Europa, sin embargo, aún se está bastante lejos de los porcentajes anteriormente citados y no por falta de trabajos de investigación. Entre las razones que se pueden esgrimir para justificar la falta de interés por parte de los agricultores caben citar las siguientes:

- Dificultades con el manejo de los residuos. La abundante presencia de los mismos sobre el suelo dificulta el trabajo de las sembradoras de siembra directa reduciéndose la calidad de la nascencia . Las semillas pueden quedar aisladas del suelo en el surco de siembra y enraizar en falso lo que provoca su desecación.

- Exceso de humedad del suelo en lugares de elevada pluviometría. La reducción de la porososidad puede plantear problemas de encharcamiento y asfixia radicular lo cual requiere de alguna intervención mecánica para mantener el equilibrio entre el contenido de agua y aire. Estos deben poseer un buen drenaje natural, de lo contrario cabe la posibilidad de que las raíces de las plantas presenten problemas de asfixia.

- La compactación mecánica. Se produce principalmente en las tareas de recolección y transporte sobre el terreno, por el paso de la cosechadora y los remolques, en condiciones húmedas de suelo.

- Compactación natural debida a las características texturales del suelo Se produce un endurecimiento conocido como hardsetting que limita el desarrollo radicular.

- El recelo a lo desconocido. La labranza tradicional está fuertemente arraigada entre los agricultores quienes conocen bien su manejo. El paso de un sistema tradicional a otro de siembra directa requiere un periodo de aprendizaje, no menos de tres o cuatro años.

- La falta de un asesoramiento puntual a aquellos agricultores que se deciden por el sistema de siembra directa, especialmente en el control de las malas hierbas y manejo de las sembradoras.

- La inversión en la adquisición de una máquina sembradora cuyo coste puede ser cinco o seis veces superior a una sembradora convencional.

- La respuesta no bien definida de la vegetación arvense a la reducción del laboreo. Se ha observado una tendencia al incremento de ciertas especies de gramíneas, tanto anuales: Alopecurus myosuroides huds., Poa spp. y Bromus spp., como perennes: Elymus repens (L.) (la grama del norte) especialmente citada en los cereales del norte de Europa . Si bien es cierto que para algunos autores los cambios en la flora están más influenciados por el año y la localidad que por el tipo de laboreo.

- La necesidad de mantener una permanente observación sobre la proliferación de las especies de malas hierbas, especialmente en los periodos entre cultivos.

- La invasión del terreno por especies de animales que se ocultan en los residuos y ejercen acciones de depredación sobre semillas y plantas.

- La producción de fitotoxinas en la descomposición de los residuos del cultivo precedente. Estos compuestos tienden a inhibir la germinación de las semillas.

Frente a los inconvenientes antes citados, cuando las circunstancias son favorables, los sistemas de Laboreo de Conservación y en especial la Siembra Directa presentan una serie de ventajas económicas y medioambientales que citamos a continuación:

- Los costes de producción se reducen entre un 12-15%, comparativamente con los sistemas tradicionales.

- El tiempo dedicado a la preparación del lecho de siembra disminuye en un 75%. Ello permite adelantar la fecha de siembra al aumentar el número de días disponibles para su realización.

- La cobertura de residuos permite el control de la erosión, tanto hídrica como eólica. En el primer caso los agregados de la capa superficial del suelo no reciben el impacto directo de las gotas de lluvia, por que se reduce la desintegración de los mismos. En el segundo, las corrientes de aire, a ras de suelo, pierden velocidad, y por lo tanto energía, al entrar en contacto con los residuos.

- Se produce un aumento del contenido de carbono orgánico, así como de los nutrientes asimilables (Nitrógeno, Fósforo y Potasio) en los primeros 10 cm del perfil del suelo. Ello permite mejorar la estabilidad estructural de los agregados así como la calidad del lecho de siembra.

- Aumenta la actividad biológica del suelo. Se generan bioporos debido a la actividad itinerante de las lombrices.

- La presencia de residuos reduce la evaporación del agua del suelo que se traduce en un aumento del agua disponible para las plantas.

- Se reduce la lixiviación de nutrientes, especialmente los nitratos, al quedar el suelo más compactado con relación a los sistemas tradicionales.

No existe un sistema de laboreo que pueda considerarse universal, cada suelo y área geográfica presentan características específicas. Todos los sistemas tienen ventajas e inconvenientes con respecto a los demás. Bien es cierto que el mejor de todos es aquel donde el suelo se labra lo indispensable, si es necesario, para conseguir el objetivo común a todos de facilitar la nascencia y desarrollo de las plantas de cultivo.

Por ello tampoco es descabellado que el agricultor opte por varios de ellos, alternándolos un año y otro, en función de sus necesidades. El sistema de siembra directa es uno más, probablemente el que mayores diferencias presenta con respecto al resto, su práctica continua puede ser factible si las condiciones de suelo y clima lo permiten y quien lo practica tiene la firme voluntad de sobreponerse a los inconvenientes que se encuentre en los primeros años de su puesta en marcha. Es voluntad de TERRALIA, en próximos números, analizar más profundamente los efectos sobre el suelo y las consecuencias en los cultivos de los diferentes sistemas de labranza, así como de los aperos que intervienen en cada uno de ellos.

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