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Patógenos del suelo en cucurbitáceas

Importancia de Monosporascus cannonballus

Septiembre de 2004 | POR autores

Las cucurbitáceas en España presentan diversos problemas fitosanitarios causados por hongos entre los que se encuentran las enfermedades de semillero (Pythium spp., Rhizoctonia solani, Fusarium spp., etc.), las fusariosis vasculares (formas especializadas de Fusarium oxysporum), la verticilosis (Verticillium dahliae), el chancro gomoso del cuello (Didymella bryoniae), el mildiu y los oidios

A nivel mundial, uno de los principales problemas del melón y la sandía es lo que se denomina de forma genérica "colapso", así llamado por el decaimiento y muerte rápida de la planta en estados avanzados del cultivo. Este hecho conlleva notables pérdidas en el cultivo, pues en la mayoría de ocasiones se salda con la muerte de la planta y, cuando menos, se traduce en una gran pérdida de cosecha, así como en una menor calidad en los frutos recolectados. En España, esta afección puede ser causada, entre otros agentes, por dos hongos del suelo, Monosporascus cannonballus y Acremonium cucurbitacearum.

Este artículo se centra en la descripción de M. cannonballus, poniendo de relieve algunas de sus características más importantes y de la enfermedad que provoca.


Distribución

M. cannonballus es una especie fúngica muy extendida en zonas áridas o semiáridas de cultivo de cucurbitáceas. Hasta la fecha, este hongo se ha descrito en varios países de distintos continentes: África (Libia y Túnez), América (Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México y, muy recientemente, Brasil), Asia (Arabia Saudita, Corea, Israel, Japón y Taiwán) y Europa (España e Italia).

En España, M. cannonballus fue descrito por primera vez en 1989 como patógeno de raíces de melón. Actualmente, este hongo provoca notables pérdidas en las principales áreas de producción de cucurbitáceas en nuestro país. Concretamente, en la Comunidad Valenciana, junto a la presencia de otros patógenos, la afección causada por este hongo es uno de los motivos del abandono del cultivo de melón en algunas zonas y su sustitución por otros cultivos no hospedantes.


Sintomatología

Los primeros síntomas en la parte aérea se traducen en un amarilleamiento gradual de las hojas más viejas (Fig. 1): a medida que va acercándose la madurez de los frutos, estas hojas se van secando (Fig. 2). Con el paso del tiempo, la necrosis va avanzando hacia las hojas más jóvenes, lo que acaba provocando finalmente la marchitez completa de la parte aérea (Fig. 3).

Todo este proceso es consecuencia del deterioro del sistema radical, que es la primera parte de la planta que se ve afectada. Al arrancar la raíz de una planta afectada se pueden observar necrosis y podredumbres tanto en la raíz principal como en las raíces secundarias, llegando incluso a la zona del cuello; con el paso del tiempo, toda la raíz muestra un pardeamiento severo y se produce una pérdida generalizada de barbada, con ausencia de raíces secundarias (Fig. 4). Estos daños en el sistema radical reducen la capacidad de absorber agua por parte de la planta, produciéndose un desequilibrio hídrico que tiene como consecuencia la falta de desarrollo y el decaimiento de ramas.

Al final del cultivo se puede detectar uno de los síntomas más característicos para el diagnóstico del colapso causado por M. cannonballus: la aparición en la raíz de unos puntos negros, redondos y algo emergentes (Figura 5). Se trata de los cuerpos fructíferos de este hongo, denominados peritecios, en cuyo interior se producen las ascas y las ascosporas. Es por ello que esta afección también ha recibido el nombre de "puntos negros de las raíces".


Taxonomía y biología

M. cannonballus es un ascomiceto que produce una sola ascospora por asca, de ahí el nombre del género. Se desconoce su anamorfo o fase asexual. Presenta las hifas hialinas y septadas. Forma peritecios en donde se producen las ascas y, en cuyo interior, se hallan las ascosporas (Fig. 6 y 7). Estos peritecios son de forma globosa, de unos 500 (m de diámetro y presentan un anillo periapical por donde suelen salir las ascosporas.

Las ascas son piriformes o aclavadas, con longitud de 75 a 100 (m y anchura de 25 a 45 (m. Son evanescentes, es decir, desaparecen con el tiempo, dejando libres a las ascosporas en su madurez. Éstas son esféricas, de color negro brillante, lisas y de diámetro entre 30 y 50 (m (Figura 8). El aspecto de estas ascosporas es muy similar a una bola de cañón, dando nombre a la especie.

M. cannonballus es un hongo semitermófilo, ya que su temperatura óptima de crecimiento se halla entre 25 y 35 ºC. Su desarrollo cesa por encima de 40 ºC y por debajo de 15 ºC. Está adaptado a un amplio rango de condiciones hídricas y las altas temperaturas veraniegas favorecen su ataque.

Se trata de un patógeno monocíclico: su ciclo de infección comienza con la germinación de las ascosporas que hay en el suelo en el momento de la plantación; este proceso se ve favorecido por la microflora del suelo y los exudados de las raíces, necesitándose una temperatura del suelo superior a los 20 ºC. La germinación de las ascosporas y la posterior infección y destrucción de la raíz conlleva la muerte o colapso de la planta por estrés hídrico, y la formación de los peritecios en las raíces. Al final del cultivo, cuando comienza la descomposición de las raíces, se empiezan a liberar las ascosporas, que pasan al suelo, cerrándose de esta forma el ciclo vital del hongo.


Hospedantes

Los principales cultivos que se ven afectados por M. cannonballus son el melón y la sandía, si bien también es posible encontrarlo dañando a otras cucurbitáceas como calabaza, pepino, calabacín, Lagenaria siceraria y Luffa aegyptiaca.

Adicionalmente, M. cannonballus puede colonizar las raíces de otras plantas cultivadas y malas hierbas no cucurbitáceas sin causar daños en ellas, lo cual puede contribuir a la supervivencia de este hongo en el suelo. En este sentido se han citado las siguientes especies: trigo, maíz, sorgo, alfalfa, judía, trébol, sésamo, tomate, algodón y col.


Control

Dado que la repetición sucesiva y la intensificación del cultivo de cucurbitáceas es uno de los factores que más contribuyen al incremento del nivel de inóculo de M. cannonballus en suelo, la rotación de cultivos puede ser una buena medida de control, si bien no se muestra totalmente efectiva a corto plazo, debido a la alta supervivencia de las ascosporas de este hongo en el suelo, que puede llegar a ser de varios años.

La solarización tampoco se considera un método eficaz de control debido, principalmente, al carácter semitermófilo de este hongo. Por otra parte, la restricción actual del uso del bromuro de metilo, tradicional método de control de la afección, ha conllevado la búsqueda de otras alternativas.

Los trabajos sobre mejora genética han ido dirigidos principalmente a la consecución de un sistema radical mucho más potente y de mayor extensión, de tal forma que aunque las raíces se vean afectadas por M. cannonballus la planta todavía tenga posibilidad de cubrir la demanda de agua en la época de fructificación. Se sabe que el sistema radical de cultivares considerados susceptibles, como "Magnum 45" y "Caravelle", presentan un menor desarrollo radical que otros cultivares tolerantes como "Deltex" y "Doublon".

Otra técnica empleada es el uso de plantas injertadas utilizando como patrón especies del género Cucurbita, debido a que sus sistemas radicales son mucho más vigorosos. Con esto se consigue un aumento de la capacidad de absorción de agua y nutrientes de manera más eficiente que en las plantas no injertadas, dificultándose de este modo la muerte de la planta por desequilibrio hídrico.

Otra posible forma de control relacionada con la anterior es el manejo del riego, si bien no se tienen pruebas fehacientes de su eficacia. Mediante el régimen de irrigación es factible la manipulación del tamaño y estructura del sistema radical de la planta; de esta forma se puede mejorar la absorción de agua y retrasar la aparición del síndrome de colapso.

Respecto al control químico, en algunos países se ha citado al kresoxim metil y al fluazinam como los fungicidas más efectivos. Algunos fumigantes como el bromuro de metilo y la cloropicrina, también se han mostrado efectivos aplicados antes de la plantación. No obstante, la prohibición del uso del bromuro de metilo impide su consideración como control químico. Por este motivo, y por el bajo número de principios activos efectivos en la lucha contra M. cannonballus, cada vez existen más estudios acerca del control biológico. Algunos se basan en la utilización de aislados hipovirulentos de M. cannonballus que, al cruzarse con los aislados patogénicos conferirían una menor virulencia al hongo.

Por último, en estudios recientes en cultivos de melón, se ha desaconsejado la destrucción inmediata de las plantas afectadas al final del cultivo, tanto de modo mecánico, como mediante algún herbicida. Parece que esta práctica provoca el incremento del nivel de inóculo en el suelo, pues favorece la descomposición rápida de las raíces, la formación de abundantes peritecios sobre ellas, y la posterior liberación al suelo de las ascosporas de M. cannonballus.


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