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Aplicación de productos fitosanitarios

Elija un buen equipo de pulverización

Enero de 1999 | POR autores

La aplicación de productos fitosanitarios es una necesidad, dentro de la agricultura tecnificada, compatible con la conservación del medio ambiente.En la mayoría de los casos se da una gran importancia a los productos que se utilizan y muy poca a la forma en la que se realiza la aplicación

Esta forma de actuar es similar a considerar que, cuando nos recetan un medicamento, lo importante es que éste sea "bueno", da igual la forma en que lo tomemos y tampoco importa la cantidad, ya que mientas más medicina se tome más rápidamente hará efecto.

Desde luego, esto es una barbaridad. Si se sobrepasa la dosis recomendada, una medicina se convierte en veneno, y algo similar sucede cuando en una zona del campo aplicamos más producto del que se necesita, mientras que en otras tratamos con una dosis insuficiente. Esto es lo que sucede cuando utilizamos un mal equipo de aplicación.


Aplicar fitosanitarios en cultivos extensivos

La aplicación de productos herbicidas, insecticidas y fungicidas en los cultivos conocidos como "bajos", que son los cereales y otros de similar nivel de crecimiento, ha de hacerse con equipos capaces de cubrir grandes superficies en periodos de tiempo limitados.

Lo normal es recurrir a pulverizadores hidráulicos de barras, que trabajan sobre anchuras que pueden superar los 24 m, y que garantizan una cobertura uniforme del suelo, lo cual es de especial importancia, sobre todo cuando se aplican productos herbicidas.

Para ello, los elementos que componen un pulverizador hidráulico deben de cumplir unos requisitos técnicos que garanticen la bondad de la aplicación. En su conjunto deben de conseguir:

- Una mezcla homogénea del contenido del depósito a lo largo de todo el tratamiento.
- Un volumen aplicado constante en toda la superficie del campo, así como la uniformidad en el reparto del producto fitosanitario.
- Una buena cobertura de la superficie tratada, con gotas adecuadas al tipo de producto aplicado.


Condiciones mínimas que debe cumplir el equipo

Para poder cubrir estos objetivos, el equipo de pulverización dispone de unos elementos básicos: depósito, bomba, grifería y sistema de regulación, filtros, barras portaboquillas y boquillas intercambiables para adaptar el equipo a las diferentes aplicaciones. A este respecto es particularmente importante:

- Contar con un depósito que no resulte afectado por los productos químicos, se limpie con facilidad y ofrezca buena resistencia mecánica.
- Utilizar bombas que aseguren una impulsión constante con independencia de la presión de trabajo. En ningún caso son admisibles las bombas de engranajes.
- Emplear un sistema de regulación preferentemente de Caudal Proporcional al Motor (CPM), o al Avance (CPA), con válvula de seguridad y manómetro con escala apropiada y fácil de leer.
- Un sistema de barras suficientemente robustas que aseguren la posición estable de las boquillas respecto al suelo, a la altura señalada por el fabricante de las boquillas (normalmente 50 a 60 cm, cuando se emplean boquillas de abanico plano de 120º de ángulo de abertura, espaciadas a 50 cm sobre la barra).
- Un conjunto de filtros, fáciles de limpiar, con tamaño de malla elegido en función del tipo de boquilla y las dimensiones de sus orificios de salida.
- Y unas boquillas adecuadas al tipo de producto y siempre de una marca acreditada. En general, para aplicación de herbicidas sistémicos, las boquillas de chorro plano y las deflectoras (de choque) son las que proporcionan los mejores resultados. Para aplicar insecticidas y fungicidas dan mejores resultados las de chorro cónico. El material de las boquillas será preferentemente: termoplástico endurecido, acero templado o cerámica.


Pero además...

El tamaño del equipo (volumen del depósito y anchura de barras) debe de estar de acuerdo con la superficie de tratamiento en función del tiempo disponible.

Además, se necesita una calibración precisa, antes de comenzar el periodo de tratamientos, utilizando las recomendaciones fijadas sobre el envase del producto fitosanitario que se utiliza, finalizando el trabajo de cada día con una limpieza completa del equipo, de manera que se asegure su buen estado de funcionamiento a lo largo de la campaña.

En muchas ocasiones, el éxito del tratamiento depende tanto del producto que se utiliza como de la forma en la que se aplica. La lucha integrada contra las plagas de los cultivos sólo puede hacerse cuando los productos químicos se aplican con precisión. Y no se puede olvidar que entre una medicina y un veneno solo hay una diferencia: la dosis a la que se toma.

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