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PICHÍN El Tomate Parlanchín, por Francisco Ponce

EL MAR LO RECIBIÓ

Junio de 2010 | POR autores

PICHÍN intuyó que no volvería a volar sobre los campos, bosques, ríos, arriba de blancas casas con tejados caldera, tampoco estaría, cerca del cielo, entre las nubes y que por el momento, debía separarse de su amigo el caballo "Pegaso". Lo supo cuando llegó a sus pies aquella brizna de rojo coral, rodando, envuelta en espuma blanca, ofrecida por una mansa y sumisa ola, que se retiró rápidamente con rendida pleitesía. 

El coral tenía forma alargada, de unos cinco centímetros, como una diminuta varita del mismo color de su redonda y mágica piedra, tan semejantes eran que Pichín empezó a sospechar que quizás su amuleto, el que le entregaron las Nereidas hace mucho tiempo, podría provenir de un mismo origen.

PICHÍN intuyó que no volvería a volar sobre los campos, bosques, ríos, arriba de blancas casas con tejados caldera, tampoco estaría, cerca del cielo, entre las nubes y que por el momento, debía separarse de su amigo el caballo "Pegaso". Lo supo cuando llegó a sus pies aquella brizna de rojo coral, rodando, envuelta en espuma blanca, ofrecida por una mansa y sumisa ola, que se retiró rápidamente con rendida pleitesía.

El coral tenía forma alargada, de unos cinco centímetros, como una diminuta varita del mismo color de su redonda y mágica piedra, tan semejantes eran que Pichín empezó a sospechar que quizás su amuleto, el que le entregaron las Nereidas hace mucho tiempo, podría provenir de un mismo origen. 

Cuando se agachó para recogerla, sonó una sinfonía de caracolas y del agua emergió "Zepelín" un plateado delfín de rostro simpático, que le dijo:
- Pichín, sube sobre mi lomo, cógete fuerte de mi aleta superior y yo te llevaré por el mar al encuentro de las Nereidas que andas buscando. 

No se lo pensó dos veces, de un salto alcanzó el lomo del delfín, se asió con fuerza y ambos comenzaron a navegar por aguas profundas. 

Los peces les seguían en cortés saludo y luego se alejaban formando bancos de mil colores, rayos de luz se quebraban en la profundidad y veloz, a lomos del delfín, sintió que entraba en otro universo, el fantástico mundo submarino. 

"Zepelín", le informó que debían alcanzar la enorme roca de las cinco puertas y que una vez allí, atravesarían una de ellas, para entrar en la pradera de los corales, donde se encontraba el palacio de Nereo, padre de sus protectoras. 

De pronto todo en su rededor se hizo oscuro y el agua se torno más densa, el delfín quedó desorientado por la súbita tiniebla que les envolvía, un gigantesco pulpo había vaciado su bolsa de negra tinta, al tiempo que trataba de impedirles el paso. 

Para Pichín la situación era totalmente nueva, no así para el delfín que trató de dar un giro a su trayectoria pero los largos brazos de su opositor le golpearon en el cuerpo y en la cola deteniendo su avance. La lucha se intuía feroz y el enorme pulpo agitaba sus brazos con fiereza mientras bramaba:
- No permitiré que los secretos del mar se desvelen y como guardián de las cinco puertas os destruiré, antes de que intentéis atravesar la gran roca. 

"Zepelín" nadaba en círculo emitiendo unos penetrantes sonidos tratando de esquivar al aguerrido pulpo, que con sus robustos brazos creaba una corriente de agua, en remolino, que les absorbía hacia sus mortales tentáculos. 

Pichín quería ayudar pero como era perceptivo, le tenía que pedir que lo salvase la persona o animal en peligro para que él pudiese utilizar la piedra roja e inmovilizar al enemigo, lo que rápidamente hizo "Zepelín".

Con este requisito cumplido, Pichín sacó la roja piedra que debería rozar por tres veces sobre alguna parte del cuerpo de su oponente para alejarlo. La misión era extremadamente arriesgada, no había alternativa para poder proseguir su camino, el delfín tenía que embestir al pulpo, momento en que él frotaría la piedra, Zepelín, aun con dudas, se perfiló de frente para atacar al gigantesco pulpo, Pichín blandía en su mano la piedra roja, el contacto era inminente, se produjo el choque, la piedra roja rasgó la piel de uno de los brazos del pulpo en tres oportunidades, una gran turbulencia les envolvió y ambos cayeron golpeados y maltrechos sobre el fondo rocoso, el vigilante de las cinco puertas seguía amenazante, la magia de la piedra no había tenido efecto alguno. 

Pichín, no entendía lo ocurrido ni el porqué no había funcionado su talismán que siempre le ayudó, ¿Que poder anuló su fuerza? ¿Le habían retirado su protección las hadas? Estas preguntas quedaban sin respuesta, era evidente, el gran pulpo les había vencido y amenazante se burlaba de ellos. 

Cuando mas desalentado y perdido se encontraba, un pez de pequeño tamaño y color dorado, con gran cabeza en comparación con su cuerpo se les acercó sigiloso, se detuvo frente a él y le explicó que en el reino de Neptuno, para mantener su poder, debía sustituir la piedra roja por la roja varita de coral que le fue entregada en la playa. 

Inmediatamente lo recordó, guardó la piedra y saco la varita que resplandecía como bruñida por el agua del mar, animó a "Zepelín" a intentarlo otra vez, pero el delfín luego del varapalo poca o ninguna apetencia tenía de volver a enfrentarse con el enorme pulpo, que a lo lejos seguía moviendo sin cesar sus largas extremidades. 

La insistencia de Pichín y la explicación que este le dio, contándole lo que aquel dorado pececito le había indicado, acabó por decidirle y con renovadas fuerzas se dispuso a intentarlo, dio varias vueltas circularmente, Pichín de nuevo se agarró a su aleta superior, cuando el delfín había tomado suficiente impulso, se lanzó como una centella, sobre el pulpo, que lleno de vanidad y sintiéndose triunfador, no esperaba la inesperada acometida, el factor sorpresa tuvo su resultado y el impacto fue violento, pero Pichín consiguió, con la varita de coral, punzar tres veces sobre la cabeza del pulpo produciéndole una descarga de energía que le paralizó y comenzó a hundirse hacia lo más profundo, como si de una gran mole de granito se tratase, dejando libre el paso hacia las cinco puertas, que a una corta distancia, destacaban sobre el frontis de la muralla de rocas, que el pulpo trataba de proteger. 

Llegaron ante ellas extenuados pero felices por haber conseguido salvar las dificultades con que se habían encontrado. Ahora solo restaba decidir cual de ellas era la adecuada para penetrar en el que se presumía, fascinante mundo de las Nereidas. 

Debían reflexionar antes de tomar una decisión que si era equivocada les podría arrojar a aventuras peligrosas o a quien sabe que misterios.

Francisco Ponce Carrasco
info@franciscoponce.com
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