-48-   
43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53

pastos próximos a las marismas del río Duero y sus afluentes en las zonas próximas a la corte, en Valladolid - que, como se sabe, antes de que Felipe II la trasladase a Madrid, era la capital del reino español, tras la unificación de Castilla y Aragón, por los Reyes Católicos - se fueron cruzando con toros navarros, que eran traídos periódicamente a estas tierras marismeñas castellanas para ser corridos por los caballeros en las fiestas de la realeza. De esta forma padrearon con las mencionadas vacas moruchas de la tierra y así, poco a poco, fue apareciendo un tipo de ejemplar híbrido que llegó a alcanzar, con el tiempo, los caracteres de autóctono y con unas singularidades que, al no tener ancestrales conocidas, hemos clasificado aquí como una raza fundacional o estirpe originaria, siguiendo las directrices de la mayoría de los tratadistas. Nosotros, sin embargo, tenemos serias dudas de los cruces con toros navarros, pues prácticamente no hemos encontrado pelos rojos puros en la mayoría de estas reses sino solo mezclados, como explicaremos más adelante, cuando tratemos de su fenotipo. Y sin embargo, otros cruces bien conocidos y documentados con toros y vacas navarras, siempre dieron algunos ejemplares coloraos encendidos, de acuerdo con las leyes de Mendel. De ahí nuestras dudas.

Distribución geográfica

   Inicialmente, desde que se tienen noticias de ellas, estas reses pastaban en el predio de El Raso, en el término municipal de La Pedraja de Portillo, por lo que pasaron a la posteridad con las denominaciones de Raíz o Casta morucha, Estirpe castellana o de El Raso de Portillo. Lo cual no quiere decir que solo en este término estuviesen ubicadas. Las zonas pantanosas y salitrosas (como ya se explicó cuando se trató de los troncos navarros, en otro capítulo anterior de ) eran

muy favorables para el desarrollo del ganado bravo, pues le daba vigor y resistencia, facilitando la selección natural de las reses. Por eso, en la zona de Valladolid, se extendieron por los términos de Boecillo, Aldeamayor de San Martín, Montemayor de Pelilla, Arrabal del Portillo y hasta Peñaranda de Bracamonte, como veremos. En todos estos términos se ubicaron los toros de este peculiar encaste, lo que hizo que, poco a poco, fueran apareciendo distintos propietarios que comenzaron a cuidarlos esmeradamente de forma individual, primero como materia prima para los carniceros y posteriormente para la lidia en los juegos de los caballeros.
   Ya se explicó también, en números anteriores, que el siglo XIX en España fue apasionante y determinante para el pueblo llano, al poner los cimientos de lo que posteriormente se ha consolidado en el XX. Los movimientos políticos eran casi constantes y los gobiernos se sucedían de forma vertiginosa. Y así ocurrió, pues, que en 1870, durante la regencia del general D. Francisco Serrano, al partir al exilio parisino la reina Isabel II, las zonas salitrosas y pantanosas – y por tanto insalubres – del río Duero y sus afluentes, próximas a Valladolid, fueron desecadas, para evitar las tremendas epidemias mortales que provocaban entre la población civil. Con ello aumentó la salud de las personas pero, paradójicamente, se provocó un debilitamiento del ganado bravo, que allí pastaba. La mejoría higiénica había provocado un proceso inverso sobre los animales pues, aunque morían menos, la selección natural hacía que los supervivientes fuesen menos resistentes y vigorosos. Y así, progresivamente, fueron perdiendo importancia los toros de la tierra y en los primeros años del siglo XX desaparecieron prácticamente como encaste autónomo u originario. Actualmente, si nos queréis seguir leyendo, podréis ver que no

quedan realmente genes de ganaderías de bravo de este origen. Aunque...¿quién sabe?.

Características morfológicas: fenotipo

   En cuanto al tamaño, los distintos tratadistas nunca se han puesto de acuerdo. Para unos eran grandes (hipermétricos) y para otros terciados (elipométricos). Sin embargo, en el resto de caracteres físicos todos están de acuerdo. Tenían el tercio anterior predominante, aleonado, eran cabezones, dolicocéfalos, acarnerados y de proporciones no armónicas, feos y rústicos, denotando su procedencia morucha. Eran de gran y muy desarrollada encornadura, predominando los cornipasos y cornivueltos. En cuanto a sus pelaje, predominaban las capas oscuras, castañas y negras principalmente, con los accidentes de listones y bragados. Durante la lidia, salían inicialmente con muchos pies, eran duros de pezuña y de gran resistencia, similares a los pequeños y rojos toros navarros, por lo que fueron muy apreciados inicialmente por los nobles a caballo y también, posteriormente, por los aficionados al toreo a pie. Tal vez por esto es por lo que Francisco Arjona (Curro Cúchares) los definió como toros de buena sangre, pero la razón por la que el resto de los toreros empezaron a no quererlos y una de las causas de su desaparición.
   Para corroborar lo anterior vamos a relatar un hecho singular. En las corridas reales de 1796, para solemnizar la jura como rey de Carlos IV, los diestros sevillanos Joaquín Rodríguez (Costillares) y José Delgado (Pepe-Hillo o Illo) solicitaron la exclusión de los toros castellanos de estos festejos. Pero en aquellos tiempos empezaban las rivalidades y competencias entre los espadas. Enterado Pedro Romero, el maestro


... dolicocéfalos, acarnerados y de proporciones no armónicas, feos y rústicos, denotando su procedencis morucha.


Página creada por Blatta Soft S.L.

terralia@terralia.com