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rondeño, de la exigencia de sus rivales, se dirigió por escrito al corregidor de la Villa y Corte comprometiéndose él a matar cuantas reses castellanas hubiese, a condición de que se criasen y mantuviesen a campo abierto hasta el momento de su lidia. Forzados así, los maestros sevillanos no tuvieron más remedio que torearlos también. Pepe-Hillo fue cogido, por no seguir los consejos de Romero, quien lo auxilió y lo llevó en brazos hasta el palco de la condesa de Benavente y duquesa de Osuna. Pedro Romero volvió al ruedo, se acercó a la res, que estaba escarbando y en actitud defensiva, le dio dos naturales y lo mató de una buena, recibiendo. A todo esto, el tercer diestro, Costillares, se había desentendido mientras el rondeño auxiliaba a Hillo y esperó a que Romero bajase de palco y le dejó matar la res.
   Este relato está recogido así por el prestigioso crítico taurino del siglo XIX Don Antonio Peña y Goñi que, como puede verse, admiraba sobre todo al maestro de Ronda, considerándole muy por encima del resto de sus competidores.

Ganaderías iniciales: Alonso Sanz, Toribio Valdés y otros

   Antes de hablar de propietarios individuales, debemos insistir en que originalmente se criaban en régimen de comunidad de bienes entre varios ganaderos, por lo que algunos de ellos ya usaban la divisa blanca, por decreto regio. Además, al ser los toros de lidia más antiguos de Castilla, reino predominante al establecerse la unidad peninsular durante los Reyes Católicos, tenían el privilegio de abrir plaza en todas las corridas y festejos reales.
   El primer ganadero, a nivel individual, del que se tienen noticias es Don Alonso Sanz, nacido en La Pedraja de Portillo, en 1715 y que vivió hasta 1811.

Un toro de este ganadero, con divisa blanca y un hierro en forma de corazón, abrió plaza en la inauguración de la Plaza de la Puerta de Alcalá, el 3 de julio de 1749. A Don Alonso le heredan sus hijos, Don Victoriano Sanz Arranz y Dª Gregoria, casándose ésta con D. Toribio Valdés. La familia Valdés y Sanz vendió parte de su ganado en 1840 a Don Joaquín Mazpule y en 1841 a Don Julián Presencio. El hijo de Toribio y Gregoria, Don Pablo Valdés y Sanz, heredó la ganadería en 1863 y a su nombre se lidiaron los toros castellanos que usaron por última vez el privilegio de abrir plaza el 25 de enero de 1878, con ocasión de la corrida real celebrada en conmemoración de la boda de Alfonso XII con su prima la infanta Dª María de las Mercedes de Orleans, que falleció a los pocos meses y ha sido inmortalizada por las leyendas. Los diestros de esa corrida fueron Rafael Molina "Lagartijo", Salvador Sánchez "Frascuelo" y Francisco Arjona "Currito".
   En 1880, la mayor parte de la finca "El Raso de Portillo", conocida como "El Quiñón de Valdés", en Boecillo (en los arrabales de Valladolid) y la ganadería de Don Pablo Valdés y Sanz es enajenada a Don. Trifino Gamazo y Calvo, que la aumentó luego con reses de Don Mariano Presencio y en 1908 adicionó más reses de los herederos del Conde de Espoz y Mina (de origen Carriquiri). Don Trifino falleció en 1918, heredándole D. Germán Gamazo y García de los Ríos y sus hermanos. En 1926 se compró a Don Juan Cobaleda uno de los últimos lotes que le quedaban de lo navarro adquirido de Don Nazario Carriquiri. En 1948 fallece Don Germán y se hacen con la propiedad los nietos vivos de Don Trifino, los Sres. Gamazo y Manglano Hermanos, hijos de Don José María Gamazo, quienes han aumentado recientemente las reses primitivas con otras de origen Parladé (de Gamero Cívico) y Santa Coloma,

por lo que poco puede quedar de raza castellana aquí. Solo el nombre de la ganadería, El RASO DE PORTILLO S.A., que pertenece a la Asociación de ganaderías desde la fundación de ésta en 1951 y que además dio origen en 1980 a otra ganadería de la Asociación, EL QUIÑON, en Aldeamayor de San Martín, al comprar el hierro de D. José González Burgos. Posteriormente se aumentó con sementales de Sagrario Ortega, Sancho Dávila y María Rodríguez.
   Se conocen muy vagamente otros ganaderos originarios de la raza castellana, tales que los Sres. Prado, Manzano, Peña, Muñoz y Díaz de Castro, todos usando divisa blanca, pero nada se ha mantenido hasta hoy, que podamos certificar. De José Gabriel Rodríguez Sanjuán, de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), sabemos que un toro castellano suyo, el tristemente famoso Barbudo, con divsa escarolada, mató a Pepe-Hillo el 11 de mayo de 1801 en Madrid*. En 1818 dejó su vacada a D. Luis Rodríguez, que volvió a la divisa blanca. De Vicente Bello, vecino de Palacios Rubios, sabemos que tenía reses castellanas en 1801, posteriormente vendió parte a Don José Antero, quien corrió toros a su nombre el 6 de enero de 1816 y que la viuda de Bello, posteriormente, cedió sus toros a la sociedad taurómaca "El Jardinillo", de la que era presidente el Duque de Veragua. Posiblemente fue la primera empresa que se dedicó a organizar corridas de toros y que lidió por vez primera un becerro el 26 de enero de 1851, con cintas blancas y escaroladas.


   * Según otros autores, el toro Barbudo pertenecía a la ganadería de Joaquín Rodríguez, de Peñaranda de Bracamonte. Puede que fuese el mismo ganadero


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