La naturaleza ibérica es todavía una gran desconocida en muchos de sus aspectos pero,
sin duda, las mayores carencias se encuentran en la aprensión que de su geología, y de
su registro paleontológico, podemos tener. Naturaleza que cuando hablamos u oímos hablar
de ella las más de las veces se restringe al mundo de lo vivo, cuando lo inerte ocupa
más espacio y sin duda alguna mucho más tiempo.
Las aproximaciones que efectuamos al conocimiento de la historia de la vida
de los seres humanos en la Península Ibérica son realizadas a partir del contacto
directo, físico, con los restos de los individuos del pasado conservados en rocas que hoy
día nos son accesibles, pero nada podemos dilucidar, generalmente, de aquellos contenidos
presentes en los sedimentos que se encuentran a unos pocos decímetros de profundidad y
están cubiertos por un suelo más o menos fértil. Esto es, el hallazgo paleontológico
es tan esporádico como lenta la erosión que devuelve a la biosfera los restos
fosilizados de los organismos pretéritos.
Tener en consideración las anteriores cuestiones no es irrelevante ya que,
como en el caso de la evolución humana en España, los conocimientos que en cada momento
podemos tener sobre los tipos humanos presentes en nuestros territorios, las cronologías
de sus idas y venidas y las características ambientales de los medios en los que se
desenvolvieron, dependen muy directamente de la accesibilidad a las rocas que puedan
contener los vestigios de su presencia.
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Preguntas como ¿Cuándo llegaron los primeros seres humanos a España? o ¿En qué
territorios decidieron o pudieron instalarse? son resueltas por los especialistas, los
paleontólogos, en función del registro conocido en cada momento, año a año, y de la
fiabilidad que se otorga al conjunto de la información conocida. Lo que a la sociedad va
llegando sobre estas íntimas cuestiones científicas, íntimas en tanto en cuanto
nuestros orígenes a todos nos interesan, es casi siempre el punto de vista más aceptado
que, como ya ha quedado demostrado en numerosos ejemplos históricos sobre la evolución
de la vida en el planeta, no tiene porqué ser el correcto pues el conocimiento cambia tan
rápido como nuestra aproximación directa al registro.
Pues bien, veamos cual puede ser en líneas generales el escenario en el que
se desenvolvieron los seres humanos primitivos en España. Si viajáramos en el tiempo a
hace más de un millón y medio de años podríamos ver cómo llegaron a Eurasia nuestros
más remotos antepasados procedentes de África. Testimonios directos e indirectos de su
presencia en la República de Georgia aparecen asociados a restos fósiles de especies de
mamíferos, oriundas del continente austral, en un yacimiento de hace aproximadamente un
millón seiscientos mil años. En España también se han encontrado testimonios
indirectos de su presencia, utensilios tallados en roca, junto a fósiles de especies de
grandes mamíferos africanos en dos yacimientos de la comarca granadina de Orce con
cronologías trescientos mil años más antiguas del millón de años. Lo que hoy día son
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