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Todos los agrónomos sabemos que además de los tres elementos primarios para la nutrición vegetal existen otros, denominados secundarios y oligoelementos, que también son esenciales en mayor o menor proporción según las especies cultivadas y la fertilidad de los suelos. Si pedimos a un agricultor que nos vaya nombrando elementos nutricionales secundarios y oligoelementos necesarios para sus cultivos, a bote pronto es posible que responda como primero el boro, por eso de las remolachas, el hierro, para todo, manganeso para las leguminosas principalmente, |
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| y a lo mejor hasta se acuerda del azufre, por eso de que con tanto NPK estamos empobreciendo los suelos de tan importante elemento. Más difícil será que mencione el magnesio y eso que es tan necesario como los anteriores aunque sólo fuese por la formación de la clorofila. Lo que ocurre es que aunque los síntomas de su deficiencia sean bastante conocidos (clorosis entre los nervios de las hojas y aparición de manchas rojas o púrpuras), a menudo van desapareciendo solos y finalmente apenas afectan a los rendimientos. Pero si sus cultivos están en suelos de textura ligera o ácidos, o ha abonado fuertemente con potasio, puede entonces llevarse un disgusto si no pone remedio a tiempo. Hacer un simple análisis de suelo (la química del magnesio del suelo es muy clara y su determinación, sencilla) puede ahorrarle | ||
| problemas, ya que si el
análisis indica que el nivel está por debajo de 25 ppm la carencia es importante y con
unos 100 kg/ha de Mg elemental puede corregirla. Si es leve, 100 ppm, con 25 kg/ha puede
salir del paso. Estas recomendaciones pueden ser más interesantes para los remolacheros y
los patateros. ¿Saben que la calidad de las patatas para freír puede ser mala si han
sufrido carencia de magnesio?. Si la quieren mejorar, basta con añadir al suelo sulfato
de magnesio en la cantidad que un técnico le recomiende, después de interpretar un
análisis del mismo.
Zaporito
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