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que contribuye a veces a crear confusión. En la breve descripción que sigue, trataremos de ilustrar algunos de los aspectos básicos del tema. Para poder observar las diferencias en el ADN de los seres vivos, es necesario recurrir a un conjunto de técnicas apropiadas. De las varias disponibles, la más importante y de mayores aplicaciones es la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR), cuyo descubrimiento hacia 1987 significó un Premio Nobel a K. Mullis. Las tres técnicas de identificación más importantes, microsatélites, RAPD-PCR y AFLPs, están basadas en la utilización, con ciertas variantes, de la PCR. Por ello, es necesario describir brevemente los fundamentos de la misma. La Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) La PCR es un procedimiento experimental que reproduce en un tubo de ensayo un proceso esencial en la vida de la célula: la replicación del material genético. Como se sabe, la información genética de la célula reside en macromoléculas de ácido desoxirobonucleico (ADN) contenidas en el núcleo de la células. El ADN consiste en una larga molécula lineal, arrollada de forma helicoidal y compuesta de dos hebras, cada una de ellas formada por una sucesión lineal de cuatro nucleótidos: Adenina (A), Timina (T), Citosina (C) y Guanina (G). El orden en que se suceden estos cuatro componentes es precisamente lo que codifica la síntesis de las proteínas que a través de su función enzimática o estructural componen el ser vivo. A su vez, las dos hebras simples se unen entre sí, de forma que las unidades de timina se unen con las de adenina y las de citosina con las de guanina de la otra hebra. Las dos hebras son pues complementarias, enrrollándose en forma de una doble hélice que constituye la molécula completa de ADN. Un proceso genético esencial es la replicación del ADN. Esta replicación consiste en que las dos hebras simples que componen la doble hélice se separan y una nueva hebra se sintetiza a lo largo de cada de una de ellas para recomponer dos nuevas dobles hélices. |
La
síntesis la realiza una enzima, la ADN-polimerasa, utilizando como plantilla de la nueva
hebra la sucesión de nucleótidos de la hebra original. La PCR reproduce in vitro
todo el proceso anterior. La separación de las cadenas, la hibridación de los dos
cebadores que permiten el anclaje de la ADN-polimerasa a cada hebra de ADN, y la síntesis
de las nuevas hebras, se llevan a cabo a temperaturas muy precisas y durante tiempos
cortos (Figura 1). Pero la gran ventaja que ofrece la PCR es que todo el proceso de
síntesis se puede repetir todas las veces que sea necesario. De esta forma, dado que en
cada ciclo básico se duplica la cantidad del ADN original, la repetición del ciclo
durante 35-40 veces produce una amplificación exponencial del ADN que puede ser
fácilmente visualizado tras una electroforesis y tinción específica. Una vez
comprendido el funcionamiento de la PCR, es mucho más fácil entender el fundamento de
los métodos de identificación varietal basados en ella. Las técnicas más utilizadas y
viables son básicamente tres: Microsatélites, RAPD-PCR y AFLPs.
de secuencias cortas (motivos) de nucleótidos, p.e. CAC, GACA, TA, GT, GATA, etc. (Figura 2). Estas regiones no son codificantes y su origen y función no están claras. Presentan la particularidad de que el número de repeticiones de los motivos básicos que las constituyen es muy variable, y puede diferir de un individuo a otro. Por tanto, analizando estas regiones es posible identificar indivi-
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