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bra ideal (gradas danesas o equipos compuesto), evitar la proliferación de adventicias vivaces (Cynodon dactylon, Cyperus spp., Sorghum halepense, etc.) evitando los pases de gradas de discos con la presencia de esas infestantes, y en su lugar utilizar vertederas o mejor chísel, que sacarán a la superficie los rizomas indeseables. Se deben eliminar las prácticas tradicionales de quema de rastrojos, las labores excesivas y la repetición del mínimo laboreo.
   En cuanto al abonado que requiere el maíz se puede cifrar en un aporte total de 250 UN, 175 UP, y 150 UK, dependiendo de la fertilidad del suelo. La materia orgánica que se aporte en forma de estiércol deberá estar bien descompuesta para evitar la presencia de propágulos o semillas de flora arvense. El aporte de compuestos nitrogenados en exceso puede favorecer el desarrollo de las adventicias. Así mismo, se aconseja el aporte en cobertera de abonos nitrogenados localizados, para evitar las quemaduras de las hojas que se producen si se emplean abonadoras convencionales.
   La siembra se ha debe efectuar con semillas certificada en la época adecuada que requiera el ciclo más acorde con la zona a sembrar (Fernandez - Gorostiza, 1990). Aumentos en la densidad de siembra contribuyen a disminuir los efectos de la competencia con las malas hierbas. Esto se puede conseguir reduciendo la distancia dentro del líneo o reduciendo la distancia entre filas, pero esto último impedirá las labores entre líneas (Teasdale, 1995).
   Los tratamientos herbicidas se deben realizar con la idea de eliminar las especies más dañinas y con mayor impacto negativo al maíz (Gramíneas vivaces y Dicotiledóneas


Cirsium arvense

resistentes), procurando combinar productos complementarios a dosis reducidas.

Épocas de tratamiento

   Al igual que en otros cultivos, el cultivo del maíz, puede recibir tratamientos herbicidas en tres épocas diferentes: presiembra, antes de sembrar (incluso en siembra directa con GLIFOSATO o GLUFOSINATO); preemergencia, después de sembrar y antes de emerger; y postemergencia, con diferentes estados de desarrollo del cereal de verano.
   En relación con los tratamientos de postemergencia, se recomienda intervenir cuanto antes ya que las adventicias son más sensibles en sus primeros estados de desarrollo. De esta manera se podrán utilizar las dosificaciones reducidas, con menores costos y evitando una mayor

competencia de esas plantas indeseables frente al cultivo.
   La línea operativa más actualizada, de la escarda química en el cultivo del maíz, tiene como objetivo limitar los tratamientos a uno, en el momento más oportuno, para eliminar el mayor número de malezas, tanto de Monocotiledóneas (Gramíneas y Ciperáceas) como de Dicotiledóneas.

Materias activas utilizables en maíz

   El arsenal de herbicidas que poseemos en la actualidad, para controlar la flora adventicia en el maíz, es enorme y nos permite afrontar con seguridad el control de casi la totalidad de flora adventicia, especialmente si se mezclan materias activas complementarias.
   Para facilitar la utilización de las diferentes materias activas, hemos recogido la forma de actuación de cada herbicida con su eficacia de control hacia los dos tipos fundamentales de malas hierbas, como se puede ver en los cuadros de las páginas siguientes.

Flora a combatir

   La flora más frecuente de malas hierbas que encontramos en España esta formada por las especies siguientes:
   Malas hierbas de hoja estrecha (Monocotiledóneas): Avena ludoviciana (avena loca, ballueca), Cynodon dactylon (grama), Cyperus spp. (juncia, juncilla), Digitaria sanguinalis, Echonochloa crus-galli (cola de caballo), Phalaris spp, (alpiste, alpistillo), Setaria spp.(almorejo, lagartera), Sorghum halepense.
   Malas hierbas de hoja ancha (Dicotiledóneas): Abutilon theophrastii (malva ama


Chenopodium album


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