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Preciosa la estampa y viveza de este añojo de la ganadería de D. Tomás Prieto de la Cal.
 

valiéndose de ganado de muy diversas procedencias. En esos momentos, la piara más importante de las que lidiaban era la de Cabrera, especialmente por el tipo de corrida existente en aquellos tiempos, donde lo primordial del espectáculo era la fiereza de los animales, puesta de manifiesto en la suerte de varas, con unos puyazos que, en la mayoría de los casos, eran solo refilonazos, pero provocando numerosas caídas tanto de los caballos (entonces sin protección) como de los picadores, dedicándose los toreros de a pie a realizar fundamentalmente constantes y eficaces quites con sus capotes, más o menos artísticos y variados, intentando evitar en lo posible las cogidas, es decir, la tragedia de la fiesta. Esta suerte era la que ocupaba la mayor parte del tiempo de la lidia de cada toro.
   Según algunos autores, debutó en Madrid con sus reses, con divisa azul, el 16 de junio de 1800, el mismo día que lo hizo su directo competidor Cabrera. Los diestros sevillanos que las lidiaron, al parecer, fueron Pepe-Hillo, Juan Ponce y Antonio de los Santos. Hay bastante vaguedad en los datos que hemos encontrado sobre esto, puesto que, en realidad, sus toros deberían haberse estrenado en Madrid el 2 de agosto de 1790, ya que esta es la antigüedad que ha heredado la ganadería de Juan Pedro Domecq, quien, como se verá más tarde, es uno de sus sucesores. También conocemos que en las corridas reales de 1803 usó una divisa pajiza y azul y en 1804 morada o morada y rosa. El 19 de junio de 1815, tras el paréntesis de la prohibición de las corridas de toros decretada por Carlos IV, se estrenó en la capital con divisa encarnada y blanca, quedando posteriormente solo en encarnada. A partir de 1790 y durante todo este tiempo, los toros vazqueños estuvieron compitiendo con los de Cabrera y con los de Vistahermosa, todos utreranos. Pero su dueño no solo se contentaba con eso. Él buscaba algo más.
   Los toros de Vicente José Vázquez se caracterizaban por la fuerza, la perseverancia y la inteligencia. Eran toros grandes, finos, bien encornados y ligeros de pies pero el ganadero echaba de menos una cualidad indispensable para el espectáculo de aquellos tiempos, la esencial condición del ganado de lidia y por lo que es llamado ganado bravo, es decir la bravura. (Hacemos un paréntesis para una reflexión personal. Nosotros, en los tiempos actuales también echamos de menos esa cualidad, que tal vez haría que los escalafones de los toreros diesen un vuelco total o por lo menos que las lidias fuesen mucho más emocionantes de lo que lo son en la actualidad. ¿No creen ustedes, queridos lectores, que esto es una verdad incuestionable?. Y siempre animaremos a los ganaderos a que busquen lo mejor, no lo más dócil, la fiereza, no la debilidad, la casta, no el toro doméstico).
   Como ya hemos mencionado, en Utrera también apacentaba sus piaras don Pedro Luis de Ulloa, conde de Vistahermosa, cuyas reses eran consideradas como el prodigio sumo de la bravura. Por esta razón don Vicente José le hizo al conde repetidas y sustanciosas proposiciones de compra de una parte de sus vacas. El aristócrata ganadero se negó en absolu

mado es que en 1761 cruzó sus vacas con sementales de Ulloa. Esta es la razón por la que se supone que la casta o raíz vazqueña, iniciada por don Gregorio, reunió caracteres de las reses de Ulloa, Cabrera y Bécquer y por la que la mayoría de los estudiosos de estos temas consideran el arranque de esta raíz fundacional como una amalgama de todas ellas. En todo caso, en lo que sí están de acuerdo todos los autores (como, por ejemplo, López Martínez en su "Diccionario de Agricultura" o don Luis Uriarte, "Don Luis" en sus obras) es que el ganado frailero, del que se ha hablado ya largo y tendido anteriormente, predominaba en este encaste, de ahí su variedad de capas.

2. Vicente José Vázquez, el creador perfeccionista

   La primera piedra, por tanto, de la raíz

vazqueña fue puesta por don Gregorio, del que ya se tienen noticias de que debutó en las fiestas de primavera de Sevilla en 1763, cobrando por un toro procedente de Benito Ulloa, origen Cabrera, 625 reales de vellón. No se tienen muchas más noticias del fundador salvo que falleció en 1778, heredándole su hijo don Vicente José Vázquez, conservando el hierro (consistente en un estoque sobre una C) y la divisa azul de su padre. Don Vicente José es, en realidad, considerado como el verdadero autor de esta típica raza, puesto que es a partir de 1780 cuando se comienza a realizar una auténtica, cuidadosa y escrupulosa selección de la vacada, aportando don Vicente todos sus conocimientos y desvelos hasta obtener la que es y ha sido considerada hasta nuestros días una raíz cumbre de las ganaderías de bravo de toda la historia del toreo.
   Don Vicente José Vázquez era pues un riquísimo hacendado, experto campero y gran aficionado cuando comenzara en 1780 la crianza de toros bravos a partir de lo heredado de su padre,


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