-82-   
77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87

   Desde 1830, la testamentaría de Vicente José Vázquez, aparte del más importante lote ya comentado, hizo con el resto otras cuatro partes más. La primera de ellas fue a parar a don Antonio Mera, vecino de Vejer de la Frontera (Cádiz), quien desde 1813 (según otros autores desde 1818) poseía la antigua ganadería de Ulloa y que además había ya comprado algunas reses a Vázquez en 1826. La segunda parte la adquirió en 1832 el ganadero sevillano don Francisco Taviel de Andrade, que ya poseía muchos toros procedentes de la casta Vistahermosa (vía Barbero de Utrera - Arias de Saavedra - Núñez de Prado - José Adalid) que trataremos en su momento. Ya se lidiaron toros de Taviel en julio de 1837, anunciándose como procedentes de Vázquez, aunque los autores y cronistas de la época no tratan muy bien a este ganadero, acusándole de estar más por el flamenco, el cante y la noche andaluza que por su ganado bravo. A pesar de ello lidió muchos, buenos y famosos ejemplares. La tercera parte la obtuvo don José María Benjumea, de Sevilla, que retuvo en poder de su familia la casta vazqueña hasta 1882. La cuarta parte llegó a poder de don Manuel Francisco Ziguri (o Siguri o Seguri) mediante la transferencia de ocho toros y cien vacas que hizo Fernando VII a su hermano, el infante don Francisco de Paula y Borbón, quien ni siquiera llegó a lidiar a su nombre, pues rápidamente las traspasó a dicho señor Ziguri. Además de estas ramas citadas, se consideran también de origen vazqueño las de don Domingo Varela, de la villa gaditana Medina Sidonia, así como la del señor Martínez Ruiz. De todas estas derivaciones, por su amplitud y complejidad, hablaremos con más detalle en números posteriores de . Baste nombrarlas aquí, ahora, para que se pueda seguir cómo se fue diversificando la raíz vazqueña a la muerte de su creador.

4. La Real Vacada de Fernando VII

   Una vez adjudicadas al rey las mejores y escogidas reses vazqueñas había que traerlas cerca de la corte. Para ello, a finales de junio de 1830, salieron las reses referidas, desde las fincas sevillanas «Casaluengo» y «Casanieves», con destino a las tierras madrileñas del Jarama, al mando del mayoral utrerano, nombrado por el rey, don Sebastián Míguez. En agosto del mismo año se distribuyeron por la Dehesa Nueva del Rey y por otras, del término municipal de Aranjuez y montes de El Pardo. En estos predios, bajo la dirección de don Pedro de Alcántara y Colón de Larreategui, XIII duque de Veragua, se siguieron realizando escrupulosas operaciones de selección. Pero en esta vacada tenía intervención oficial, por designación regia, el ganadero de Colmenar don Manuel Gaviria, quien dispuso que seis toros suyos y cuatro de don Julián de Fuentes, vecino de Moralzarzal, cubrieran determinado número de vacas vazqueñas, para poder así estudiar el compor

to a ceder «ni un solo cuerno» al señor Vázquez. Éste a su vez insistía e insistía, ofreciendo a veces sumas verdaderamente fabulosas, pero la respuesta era siempre negativa. Ni los ruegos ni las ofertas fueron capaces de ablandar la cabezonería del de Vistahermosa.
   Pero si algo distinguía a don Vicente José era su capacidad de lucha. Dispuesto a lograr lo que consideraba indispensable para formar una ganadería legendaria, concibió un astuto proyecto que puso en práctica, tras las reiteradas negativas recibidas. Para ello se fue al arzobispado de Sevilla y se las arregló para arrendar los diezmos y primicias de la diócesis, tributo inmemorial por el que la Iglesia tenía derecho a recibir la décima parte del producto de cada cosecha, así como una de cada diez cabezas de ganado procedentes de la cría anual y a la que estaban obligados los fieles a contribuir para su sostenimiento. Mediante este ingenioso medio, cuando llegó el momento del cobro, se presentó en la dehesa del de Vistahermosa y requirió para sí las becerras que antes no había querido venderle y que ahora se vio obligado a entregarle, aunque en principio solo quería darle machos. De esta forma, con éstas y con las tributadas durante los años posteriores, pudo reconstruir su vacada con la base de la legendaria bravura de las reses vistahermoseñas. A partir de este momento comenzó un cuidadoso proceso de selección consanguínea, desechando los machos y hembras que no soportaran las tientas rigurosas y sin destinar a la fecundación todas las vacas del conde sino solamente aquéllas que obtuviesen la máxima nota. Tras un proceso que duró varios años, cuando alcanzó a tener la cifra de ciento cincuenta hembras del conde empezó a mezclarlas ya con el resto de las reses que poseía. Desde entonces dejó de preocuparse de la procedencia, tanto de machos como de hembras, pues consideró que finalmente, tras largos desvelos, ya lo tenía todo: bravura, nobleza y tipo.
   Dícese que Vicente José Vázquez llegó a reunir en sus tierras un total de ocho mil vacas de vientre y casi dos mil toros. Uno de los

mayores admiradores que tuvo fue el propio rey Fernando VII, muy amante de la fiesta de toros, por lo que llegó a concederle inicialmente el título de vizconde de San Vicente y posteriormente, en 1819, el de conde de Guadalete. Tras unos años de crianza pudo llegar a ver y comprobar, con gran satisfacción, que sus reses habían llegado a ser inmejorables y más tarde siguió cuidándolas y atendiéndolas para que mantuviesen su buen comportamiento y su propia fama como ganadero, con lo que se conocen muchas proezas realizadas en los distintos cosos, incluyendo la competencia con las ganaderías de sus coetáneos.

3. Muere el creador de la raíz vazqueña: su testamentaría se hace cargo de la ganadería

   Nunca hay algo que cien años dure y el 11 de febrero de 1830, en plena fama de su ganadería, fallece don Vicente José Vázquez, sin descendencia. Su testamentaría se plantea la decisión de vender la piara junta (de un valor incalculable) o por separado, con el peligro consiguiente en este último caso de la posterior desaparición de algo que tanto había costado llegar a formarse. Por fortuna para los amantes del espectáculo y debido a la celebridad que habían llegado a adquirir los productos vazqueños, el mismo rey Fernando VII envió rápidamente a Utrera al ganadero don Fernando Criado Freire, nombrado a tal fin comisario regio, con el encargo de adquirir la mayoría de las reses. Esta petición real, hecha antes de que otros solicitantes hubiesen dividido la vacada y extirpado la pureza obtenida, fue tenida en cuenta y aceptada por el juez especial de la testamentaría, el general don Vicente Jenaro Quesada, adjudicándosele al monarca la cantidad de quinientas vacas, cien erales y treinta y cuatro cuatreños, de los de mejores notas obtenidas en tienta, en pelo, trapío y bravura, formándose así lo que se denominó desde entonces la Real Vacada.


Página creada por Blatta Soft S.L.

terralia@terralia.com