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subsiguientes productos. Los diez machos eran de casta jijona. Esto suponía un
gran peligro para la pureza de la raza. No obstante, gracias al mayoral Sebastián Míguez
(que era quien tentaba oficialmente) y a las discretas órdenes recibidas del duque de
Veragua, se pudo evitar la ruina de la ganadería, ya que Sebastián marcó personalmente
las crías procedentes de las mezclas, mediante una incisión especial solo conocida por
él, en las orejas de aquéllas. Transcurido cierto tiempo, esta descendencia, que estuvo
completamente aislada del resto de la piara, se pudo enviar al matadero, manteniendo así
la sangre vazqueña en estado puro. Se sabe también que Fernando VII regaló a su
sobrino, don Miguel, rey de Portugal, medio centenar de vacas y dos sementales. Así se
fundó la Real Vacada de Portugal, que se anunció a nombre del duque de Braganza y
extendió la raza vazqueña a nuestro vecino país. Ya volveremos a hablar de este
tronco más adelante, cuando tratemos de sus derivaciones. |
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