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Introducción A diferencia de las técnicas de caza empleadas en altanería, donde el ave se eleva para adquirir la ventaja que le proporciona la altura, para posteriormente caer en picado sobre su presa, en el bajo vuelo el lance siempre se inicia saltando la rapaz desde el puño del cetrero y la fuerza y rapidez de ésta será la que permita alcanzar y derribar a su víctima. Como ya se comentó en el primer artículo de esta serie, el adoptar un tipo de caza u otro, depende de las características fisiológicas, anatómicas y ecológicas de la rapaz utilizada. Así, en la modalidad que nos ocupa, las rapaces empleadas son aquellas que en estado salvaje viven en zonas boscosas con abundante vegetación, tanto arbórea como de monte bajo. Para dar caza a sus presas, se mantienen inmóviles en determinados lugares estratégicos y una vez localizas, se lanzarán hacia ellas. Combinando fuerza, maniobrabilidad, conocimiento casi a la perfección de cada uno de los rincones de su territorio de caza y finalmente el factor sorpresa, las capturan con relativa facilidad. De forma general, las aves utilizadas en bajo vuelo tienen las alas más anchas y cortas que los halcones, al igual que ocurre con la cola, que posee un tamaño y movilidad que les permite utilizarla como un perfecto timón para desenvolverse a la perfección entre la espesura. Una vez capturada su presa, utilizan sus armas mortales: unas potentes y afiladas garras, que harán inútil cualquier intento de huida de la víctima. En la actualidad, las tres principales aves utilizadas en el bajo vuelo son, por orden de prioridad, el azor, el buteo de Harris (en adelante lo llamaremos simplemente harris, tal como lo nombran os cetreros) y el gavilán. |
El Bajo
Vuelo Puesto que tanto en un pasado como en la actualidad, el azor es la rapaz más utilizada en el bajo vuelo, generalizaré esta modalidad de caza haciendo referencia al uso y técnicas empleadas en sus lances. En estado salvaje, el azor otea constantemente su territorio de caza, apostado en ramas y atalayas escogidas para este fin. Una vez ha detectado una posible víctima, éste se lanza volando hacia ella, ocultándose mientras se aproxima entre los árboles, matorrales y demás obstáculos naturales del terreno, a veces rozando el mismo suelo y pasando totalmente desapercibido para su presa. Finalmente logra acercarse a escasos metros de ella, de tal manera que cuando esta última se ha percatado de su presencia, ya es demasiado tarde. La velocidad, que en un principio sería una ventaja para la huida, no puede ser utilizada y el animal ya no puede hacer nada para librarse de las garras del azor, sus potentes armas mortales. Acertadamente, Rodríguez de la Fuente llamó a esta rapaz "el pirata de la espesura". Cuando pretendemos cazar con el animal adiestrado, este tipo de comportamiento natural no es el habitual. Esta desventaja debemos sustituirla consiguiendo que su atalaya sea el puño del cetrero, que el ca- (cont. pág 70) |
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