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EL Azor (Accipiter gentilis)
  "Entre todas las aves de la caza los azores y gavilanes son las más hermosas y gentiles y las más bien acondicionadas y que más amor toman con el hombre y las que más duran en su poder; y aun mucho más los azores que los gavilanes". Juan Vallés. Libro de acetrería. 1.556.
  Sin duda alguna, el azor es la especie reina en el bajo vuelo. Se trata de una rapaz de tamaño medio, pudiendo alcanzar en las hembras los 65 cm de longitud, 120 cm de envergadura y un peso de hasta 1200 g. Estos valores hacen referencia a los individuos meridionales, ya que los ejemplares del centro y norte de Europa superan dichas dimensiones.
  Las alas son relativamente cortas y redondeadas, perfectamente diseñadas para volar entre el boscaje. La cola, grande y móvil, le permite una gran maniobrabilidad entre las zonas frondosas y con abundante matorral donde habita.
  Las patas, de coloración amarillenta terminan en cuatro musculosos y potentes dedos, armados con unas largas y fuertes uñas de color negro. Las más desarrolladas (denominadas "llaves") son las del dedo posterior e interno. Estas son las verdaderas armas del azor: una auténtica trampa mortal para su víctima, de donde difícilmente podrá liberarse una vez han sido cerradas.


Azor, ejemplar pollo


Azor mudado. Sin duda la especie reina del Bajo Vuelo

  El plumaje es diferente entre los ejemplares jóvenes y los adultos. En los primeros, los tonos son de color ocre con manchas de color pardo, siendo de un pardo oscuro en la zona dorsal. Los adultos presentan en la región ventral, un fondo entre blanco y gris plateado, adornado con un bandeado de coloración gris oscuro. El dorso es también de color gris y uniforme a lo largo de toda la espalda.
  Posee una cabeza plana y un corto cuello. Posiblemente una de las partes de su anatomía que más llama la atención son sus ojos: con un iris amarillo intenso que con la edad del ave va tomando una tonalidad rojiza, llegando a ser de un color escarlata intenso en los individuos de más de cuatro años de edad. Resulta característica e impresionante su mirada: intensa, desafiante, penetrante, a veces perdida en la lejanía, esperando detectar el más mínimo movimiento que traicione y muestre el emplazamiento de su víctima. Por la parte superior del ojo presenta, a modo de ceja, una banda blanquecina que llega hasta la zona posterior del cráneo. Finalmente un fuerte y curvo pico, de color negro-azulado, contribuye a darle su aspecto tan característico.

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