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Buteo de Harris. Individuo inmaduro

EL BUTEO DE HARRIS (Parabuteo unicintus). Es un ave originaria de las zonas desérticas de E.E.U.U. y México. Fue introducida en nuestro país a finales de la década de los ochenta por Diego Pareja-Obregón y se ha adaptado con gran rapidez a nuestras condiciones ecológicas y geográficas. En la actualidad existen criaderos donde se pueden conseguir con relativa facilidad. De tamaño similar al azor, el harris tiene una coloración pardo-oscura, algo más clara en la zona dorsal de las alas. Los pollos son algo más claros, presentando un manchado pardo y beige. El iris es de color pardo, mientras que la cera del pico es de un claro tono amarillo. El pico es de color gris plateado, oscureciéndose en la mitad final del mismo. En la cola presenta dos bandas blancas características, una en la zona distal y otra en la base de inserción de las plumas. Posiblemente la característica más importante que hace del Harris un ave utilizada en el bajo vuelo son sus grandes y potentes dedos, armados con unas poderosas garras. En términos relativos, esta zona de su anatomía es mayor y más potente que las de nuestro accipítrido. Carece de la bravura y la garra que caracterizan al azor, siendo bastante más sencillo de adiestrar, por lo que en la actualidad es un ave que está haciendo relativa sombra a nuestra rapaz. Es algo más lenta en el vuelo, por lo que no es aconsejable para la caza de aves.


Buteo de Harris adulto

Sin embargo, la potencia de sus manos y las grandes uñas que poseen, lo hacen más apropiado para la captura de la liebre.
  Curiosamente es la única rapaz que caza en grupos en estado salvaje. Apostándose en los altos cactus de las zonas desérticas donde habita, otean el entorno hasta descubrir su presa (normalmente pequeños mamíferos), sobre la que se lanzarán varios de estos ejemplares y cortándole cualquier intento de retirada y huida, uno de los perseguidores dará con ella, compartiéndose posteriormente con todos los participantes de la cacería. Esta característica indica la relativa docilidad de su carácter, ya que a diferencia de nuestro azor, el harris es un ave bastante más manejable y fácil de adiestrar. Cada vez hay más simpatizantes de este bateo, por lo que resulta bastante común entre los cetreros españoles.
  En mi modesta opinión (por supuesto discutible), tras haber visto el comportamiento y la forma de actuar de los dos, el coraje, la valentía, la fuerza y la tenacidad del azor supera a la del harris, siendo más bonita y vibrante la caza con nuestra rapaz.

EL GAVILÁN (Accipiter nisus)
  El Gavilán es una réplica en miniatura del azor. Su longitud y envergadura máximas se encuentran en torno a los 40 y 80 cm respectivamente y el peso en las primas ronda los 290 g. Su parecido anatómico se corresponde igualmente con una gran similitud temperamental: bravura, coraje, carácter y fuerza, son atributos que comparte con su pariente mayor. La caza con esta pequeña falconiforme está restringida a aves de pequeño y mediano tamaño, siendo la perdiz roja (Alectoris rufa) el máximo tamaño en presas que puede llegar a conseguir. Su temperamento, velocidad y agilidad, hace las delicias de aquellos que utilizan esta pequeña rapaz para la caza.

zador intentará acercar todo lo posible a su presa. Una vez ésta comience su huida natural, no tenemos más que abrir la mano, soltar las pihuelas (pequeñas tiras de cuero que sujetan al ave por los tarsos) y dejar que la naturaleza haga el resto.
  La forma de caza y, como consecuencia los lances, dependerá del tipo de animal que se pretenda capturar, distinguiremos así dos tipos de presas: aves y mamíferos (pluma y pelo para los cazadores).
  Prácticamente todas las referencias de los antiguos tratados de cetrería, hacen referencia de la caza de la perdiz y otras aves. De hecho el Canciller López de Ayala comenta en su Libro de la caza de las aves (1386): "Nunca lo lances a liebre ni conejo". La península ibérica ha sido una zona privilegiada en cuanto a diversidad zoológica se refiere; puente natural entre el continente africano y europeo, ha disfrutado (y sigue disfrutando) de una gran riqueza faunística, más aún en los siglos de máximo esplendor de la cetrería (hasta los siglos XVII-XVIII), donde la abundancia de aves y sitios donde cazarlas, facilitarían la práctica de este deporte. En la actualidad, estas condiciones han cambiado considerablemente y los cotos y cazaderos donde abundan las perdices son, en ocasiones de difícil acceso, con lo que resulta más asequible para los azoreros la caza de lagomorfos: conejo y liebre.
  En cuanto a la caza de aves, ésta queda restringida a un reducido grupo de ellas tales como nuestra perdiz roja, algunas anátidas, principalmente el ánade real (Anas platyrhynchos), ciertos córvidos de pequeño tamaño como las cornejas (Corvus corone) y urracas (Pica pica) y pocas especies más.

En esta modalidad, la única ventaja que tiene el ave sobre el azor es la velocidad, de tal manera que si la presa sale volando a determinada distancia de donde nos encontramos, el esfuerzo del azor será inútil. De una gran ayuda para este tipo de caza resulta nuestro fiel amigo el perro, ya que colaborará a levantar las presas de sus escondrijos, que de no ser por él, quedarían ocultas y no levantarían el vuelo ante nuestra presencia. En el caso de la caza de la perdiz, esta gallinácea tiene un vuelo potentísimo pero muy corto, de tal manera que después del primero o el segundo de ellos, tiende a ocultarse y perderse entre la maleza, siendo entonces cuando saldrá practicmente de nuestros pies "empujada" por el cánido. De hecho, en el primer vuelo, tan sólo los azores entrenados y expertos en la caza pueden derribar a la patirroja. Igualmente, en zonas de riveras y humedales donde habitan las anátidas, la ayuda de nuestro compañero, facilitará que sea levantada a poca distancia de nosotros, siendo relativamente fácil su alcance por la rapaz.
  Independientemente del ave cazada, una vez que el azor logra ganar en velocidad y apresarla, este tipo de presas no opone ningún tipo de resistencia a sus potentes manos, siendo inútil cualquier intento de huida.
  La otra modalidad de bajo vuelo y la más practicada en la actualidad, es la caza del conejo (Oryctolagus cuniculus) y la liebre (Lepus capensis).
  En el primero de ellos, la velocidad no es una ventaja frente a nuestro azor, ya que el potente vuelo de éste alcanza en pocos segundos al mamífero. Sin embrago el hábitat del lagomorfo sí supone una ventaja frente a la rapaz: zonas con abundante matorral y sobre todo, el mantenerse por las inmediaciones de sus madrigue


Cetrero y ayudantes cazando en mano para levantar la liebre


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