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queros y personal auxiliar, viajarán a pie a través de veredas y cañadas, rememorando así un viaje de vuelta de Madrid a Andalucía, similar pero en sentido contrario al que cien años antes habían realizado las reses vazqueñas, cuando salieron de los predios de Utrera a la muerte de don Vicente José Vázquez, al ser adquiridas por S.M. el rey don Fernando VII. En la finca Jandilla de Vejer está, por tanto, la cuna de la familia ganadera que más ha influido en los últimos tiempos, sin ninguna duda, en la evolución de la tauromaquia moderna, como podremos ver posteriormente. Tanto por sus propios productos, conseguidos mediante sus personales criterios, como por las reses que irán vendiendo al resto de criadores de bravo, al abrigo de la fama conseguida, bien para reformar o bien para crear nuevas vacadas.
  La mejor herencia que dejó este primer patriarca ganadero Domecq a todos sus descendientes es la pasión por la crianza del toro bravo. En eso, los aficionados siempre le estaremos muy reconocidos. Además, demostrando una gran inteligencia para adaptarse a las modas que él advierte enseguida, comienza a pedir consejo a un gran ganadero coetáneo, don Ramón de Mora y Figueroa, con el que entabla gran amistad y que finalmente llegará a ser consuegro suyo. Y así, unos meses más tarde de encerrar a los veragüeños en Jandilla compra 27 becerras y dos machos, Carabella y Llorón, nacidos en 1930, como sementales a don Agustín Mendoza Montero, conde de la Corte. Y no contento con eso, unos meses después le compra el semental Chucero y en 1932 vuelve a comprarle 15 becerras más y el semental Bodeguero (estos dos últimos machos nacidos en 1931). Las reses del conde de la Corte eran todas de pura raza Vistahermosa, como se verá más tarde al tratar de esta raíz fundacional, pues procedían de los cruces realizados por la marquesa viuda de Tamarón con reses de Fernando Parladé, originarios de Eduardo Ibarra. Juan Pedro debuta como ganadero en una novillada en Cádiz el domingo 5 de abril de 1931. Además, como depositario de la casta vazqueña, es elegido para ceder un toro gratuitamente en la corrida de inauguración de la nueva plaza de Madrid, Las Ventas del Espíritu Santo, el 17 de junio de 1931, siendo su toro Hortelano lidiado y muerto por el diestro vizcaíno de Sestao Diego Mazquiarán "Fortuna". Juan Pedro comienza a realizar cruzas y probaturas y durante los primeros años aparecen los pelajes espectaculares veragúeños, pero cada vez con menos frecuencia. Este ganadero va progresivamente eliminando lo anterior hasta quedarse sólo con lo parladeño y testimonialmente con algunas vacas jaboneras de Veragua, para que de vez en cuando aparezca alguna capa jabonera o berrenda y que, merced a las regresiones genéticas, aún hoy día se dan en raras ocasiones. Y así, este alquimista-ganadero va transformando su compra inicial en otra cosa, que va paulatinamente adquiriendo los rasgos típicos de las reses del conde de la Corte, conocida como sangre Parladé. Sus toros modificarán su comportamiento en la plaza, pasando de la fiereza y mansedumbre veragüeña a la bravura, bondad y nobleza de lo que serán conocidos como juampedros y que irá cambiando los usos y costumbres de la moderna tauromaquia. ¿Para bien?. Eso, el futuro lo irá dictando. .

A unos así les parecerá. Otros, como el que esto escribe, lloraremos eternamente la pérdida de la pureza de la raíz vazqueña, aunque intentemos tratar de comprender que la crianza de bravo, sin tener en cuenta las pérdidas y ganancias de una explotación ganadera, solo se podía llevar a cabo por los que en el siglo XIX se denominaron ganaderos románticos, ya que vivían de otros ingresos. Y en los momentos actuales el mercantilismo y las cuentas de resultados importan mucho más. ¡Son otros tiempos...!. Pero nosotros, aficionados que pagamos, seguimos creyendo que se debe tratar de criar ese toro perfecto, en el que se conjugue la emoción con la estética. ¿O es que esos nuevos torquemadas, que se titulan a sí mismos pomposamente como profesionales del taurinismo, ni siquiera nos van a dejar soñar con nuestros ideales y nos van a enviar a la hoguera? Pero sigamos. En el año 1937 fallece el primer Domecq ganadero y le heredan sus cuatro hijos: Juan Pedro, Pedro, Álvaro y Salvador Domecq y Díez, anunciándose la ganadería a nombre de Hijos de Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio. Los tres últimos venderán más tarde su parte salvo Juan Pedro, que se quedará al frente de la ganadería con el hierro y antigüedad de Veragua. En 1939 compra 31 vacas y en 1940 doce más, todas también al conde de la Corte. En 1940 los hermanos Domecq y Díez compran a don José Ramón de Mora y Figueroa la vacada de Ramón y Jaime de Mora y Figueroa, los hijos de la marquesa de Tamarón, procedente de Francisco Correa y de Antonio García Natera, hijo de Antonio García Pedrajas (de la cordobesa Almodóvar del Río, foco ganadero importantísimo del que ya hablamos en un número anterior de ) y que era de procedencia Luis Gamero Cívico y Parladé, a través de Félix Moreno Ardanuy. Ramón de Mora y Figueroa ya había anteriormente cruzado sus reses con vacas y el semental Chavetero, del conde de la Corte y el resultado había sido excelente, lo que hizo que creciese extraordinariamente el prestigio ganadero de don Ramón.

NOTA DEL AUTOR.- Aprovechamos la ocasión, queridos lectores, para recomendar aquí, a todo el que le interese, la lectura de un maravilloso libro de ese maestro que fue del costumbrismo madrileño y comentarista taurino Antonio Díaz-Cañabate - "El Caña", como amistosamente le llamamos sus fervientes admiradores - titulado La Fábula de Domingo Ortega, dedicado a la recreación de la vida y anecdotario del maestro de Borox. En uno de los capítulos hace una digresión para relatar sus vividos recuerdos sobre esta tragedia de la fiesta, a la que tuvo la ocasión de asistir cuando todavía era un niño, desde una andanada 10 del anterior coso madrileño. En ella relata cómo el XV duque de Veragua, asiduo espectador hasta entonces en una delantera de dicha andanada, dejó de ser visto en ella a partir de esa corrida, al parecer impresionado por tan luctuoso suceso. Y nos preguntamos )tendría algo que ver la muerte de Granero, provocada por una res criada por él, en el abandono posterior de su faceta de ganadero?. De todas formas leed, si tenéis ocasión, el minucioso relato de "El Caña". Curiosamente el Juez de Guardia que ordenó el levantamiento del cadáver era su tío Joaquín, hermano de su padre, por lo que estuvo en primera línea de todo lo que allí aconteció. Seguro que os gustará, amigos.

De esta forma los Domecq conseguían más ganado de origen condeso, contrastado por el éxito de la experiencia de los hermanos Mora Figueroa, todo puro Vistahermosa. En 1975, al fallecimiento de don Juan Pedro Domecq y Díez pasará la ganadería a su esposa e hijos. Finalmente en 1978, uno de los diez hijos, don Juan Pedro Domecq Solís se quedará el hierro original, la antigüedad vazqueña y una décima parte de las reses, de la que derivan los actuales juanpedros, trasladándolos a la finca "Lo Alvaro", en Castillo de las Guardas (Sevilla), donde pastan en la actualidad.
  Las otras nueve décimas partes quedarán en poder del resto de la familia, pues los otros nueve hijos, al juntar su parte con la de su tío Pedro, se anunciarán a partir de entonces como ganadería de Jandilla. La dirección pasa inicialmente a don Fernando Domecq Solís, hasta que en 1987 éste se independiza, llevándose su parte correspondiente a la finca cacereña de "Moheda", tal como se explicó en el número correspondiente de dedicado a la casta navarra, comprando el legendario hierro de Zalduendo.
  A partir de entonces, los jandillas quedan bajo la dirección de don Francisco de Borja Domecq Solís. Desde 1982, esta ganadería ostenta el hierro actual, una estrella, que su tío don Pedro había comprado en 1970 a las señoritas Serafina y Enriqueta Moreno de la Cova, junto con unas reses que fueron rápidamente eliminadas. Actualmente, al ampliarse la ganadería, tiene el ganado no solo en "Jandilla" sino repartido por otras fincas.
  En 1954 se había independizado don Álvaro Domecq y Díez del resto de sus hermanos, emprendiendo su labor ganadera en solitario, al tiempo que mantenía su importante actividad de rejoneador de élite, al adquirir la ganadería parladeña-gamerocívico que don Salvador Suárez Ternero había formado al comprar reses a don Juan Guardiola Soto, procedente de su padre don Juan Guardiola Fantoni. (El señor Suárez había estado en los años anteriores haciendo pruebas de acceso a la Unión de Criadores, hasta superarlas). Don Álvaro comenzó anunciando sus reses como "Valcargado". Más tarde cambiará su criterio y comenzará con su propia camada - denominada Torrestrella a partir de 1957 (nombre del castillo que domina su finca "Los Alburejos", en la gaditana Medina Sidonia) - con reses compradas a Francisco "Curro" Chica Navarro y Prieto de la Cal, de origen Veragua (en la actualidad mantiene solo un 3% de este origen), procedentes del duque de Braganza (del que ya hablamos en un número anterior de ) y sementales de Ibarra, reses de Jandilla de su hermano Juan Pedro y otras de origen Núñez (procedencia Rincón), eliminando lo que tenía al principio de Suárez Ternero. Con gran paciencia fue don Álvaro modelando y fijando los caracteres genéticos que le interesaban, utilizando siempre los métodos científicos más avanzados, como la inseminación artificial sobre vacas "de alquiler" no bravas, pajuelas congeladas, etc., así como rescatando e imponiendo, como antaño, las tientas a campo abierto. Se tienen noticias de que su laboratorio y archivo genético fue


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