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Saltillo con la murubeña de Ibarra. Sus reses han conservado hasta nuestros días, en sus distintas derivaciones, la legendaria bravura y la pureza de su casta, gracias a la cuidadosa selección realizada personalmente por el Sr. Conde. Dirigía todas las operaciones y tenía tres cerrados con abundantes pastos en la llamada Isla del Guadalquivir (Sevilla), denominados Los Cesteros, La Compañía y La Cascajera. En esos mismos pastos se habían criado los saltillos y los ibarra desde finales del siglo XIX.
   Esto dio como consecuencia un toro extraordinariamente bravo y encastado, que acometía de forma exhaustiva hasta que moría, prácticamente de pie. Era además muy inteligente, con ojos de gran vivacidad y fijeza y mirada inquietante y agresiva, genio vivo y gran prontitud en su embestida, con lo que no daba mucho tiempo para pensar a los toreros. Todo ello, como puede fácilmente deducirse, es muy molesto para realizar el toreo que se estila en estos tiempos, lo que está llevando a su cada vez más escasa aparición en las plazas. La raíz ibarreña aumentó el volumen general y la de saltillo proporcionó el fenotipo de mediano esqueleto, degollado de papada y las caras chatas con hocico afilado ("cara de rata").
   La ganadería de Santa Coloma fué vendida en 1932 a D. Joaquín Buendía Peña, que disminuyó volumen y pitones, sin menoscabo de su casta y bravura, que siguieron siendo sobresalientes y se mantiene hasta hoy por sus herederos.
   De Santa Coloma derivan las ramas del Marqués de Albaserrada (hermano del Conde) -y de ésta la actual de Victorino Martín - así como otras (Félix Suárez, Algarra, Coquilla, y de la rama ibarreña con Urcola la onubense de Celestino Cuadri, etc.).
   Estos son los precedentes cuando aparece en escena el ganadero de Salamanca Don Graciliano Pérez-Tabernero Sanchón.
   Genealogía del encaste Graciliano.- Todo empieza cuando en 1884, D. Fernando Pérez-Tabernero (padre de D. Graciliano), vecino de Villar de los Alamos (Salamanca), funda una ganadería con 25 vacas del Duque de Veragua y un semental de D. Antonio Miura. Tras varias ampliaciones con reses de su suegro D. Casimiro Manuel Sanchón, con más sementales del Duque y vacas de Biencinto (procedencia Tres Palacios), pasó todo a su viuda Dª Lucía Sanchón a la muerte de D. Fernando. En 1911 se reparte la vacada entre sus hijos D. Graciliano, D. Argimiro y D. Alipio, al renunciar el cuarto hijo, D. Antonio, a su parte al haber adquirido éste la ganadería portuguesa de Gama para seguir de forma independiente (como Antonio Pérez de San Fernando, los famosos AP). D. Alipio también fue por separado.

   Las partes de Graciliano y Argimiro permanecen unidas y el 27 de marzo de 1913 lidian en Madrid con Rafael «El Gallo», Cástor Jaureguibeitia Ybarra «Cocherito de Bilbao» y Curro Martín Vázquez.
   En el año siguiente (1914) D. Argimiro adquiere la ganadería de Dionisio Peláez (de origen Santa Coloma) y D. Graciliano se hace con la parte de su hermano, quedando como único propietario del hierro y debutando en Madrid el 1 de junio de 1916. Después de varios años en busca de su ideal de toro, D. Graciliano compra, en 1920, al Conde de Santa Coloma, 130 vacas y dos erales elegidos en tienta - Cristalino y Mesonero - para sementales, eliminando todo lo que tenía de Veragua y Miura. La mayoría de las vacas eran de procedencia ibarreña. Comienza así la historia de su propia ganadería, partiendo prácticamente de cero. El semental Mesonero ligó extraordinariamente, dando un gran número de toros bravos. Murió a los 18 años, en agosto de 1936, habiendo engendrado 1150 crías. Eran otros tiempos. No existía aún la inseminación artificial ni las pajuelas. ¿Cuál hubiese sido el futuro de esta ganadería con los medios actuales?. Ni lo podemos imaginar.
   Al final de la guerra, en 1939, vende D. Graciliano la mayor parte de las reses a D. José Escobar Barrilaro, reservándose solamente 25 vacas y un semental, así como el hierro y la divisa, comenzando a formar una pequeña nueva ganadería. Y de ella se lidiaron los primeros ejemplares en la corrida de la Asociación de la Prensa en San Sebastián, el 25 de julio de 1943, con los diestros Pepote Bienvenida, Rafael Ortega «Gallito» (sobrino de «Joselito») y Antoñito Bienvenida. Poco a poco, modestamente, volvió a situarse de nuevo en un lugar privilegiado. A finales de 1949, D. Graciliano, ya mayor y cansado, cedió la ganadería a sus hijos, D. Casimiro, D. Fernando, D. Graciliano y D. Guillermo, quienes a partir de 1950 lidiaron bajo el nombre de «Sres. hijos de Don Graciliano Pérez Tabernero». En estos toros predominaban las capas negras y cárdenas y pastaban en varias fincas (Matas Altas, San Pedro Acerón, etc.) sitas en El Villar de los Alamos, Matilla de los Caños, Aldehuela de la Bóveda y Carrascal del Obispo (Salamanca).
   Tras la muerte de D. Graciliano, en 1957, se hicieron 5 lotes, uno para la viuda Dª Trinidad Nogales y cuatro para los hijos. El lote de Dª Trinidad pasó, tras sucesivas cesiones - Javier Sánchez Ferrero, Germán Pimentel Gamazo y Matías Sanromán Fraile - a ser propiedad de D. Juan Luis Fraile Martín, en 1973, que es quien lo posee actualmente, con toda su pureza, sin cruces. El lote de D. Casimiro, tras el paso por su primo Alipio, que lo juntó con lo recibido de su abuelo, llegó finalmente a la esposa de Alipio Dª Mª Lourdes Martín y al parecer terminó desapareciendo prácticamente. El lote de D. Graciliano (hijo) pasó, en 1969, a ser propiedad de Palomo Linares quien, al parecer, sigue manteniéndolo por separado de los otros ejemplares que posee de procedencia Núñez. El lote de D. Fernando, tras sucesivos pasos -Ventura Márquez de Prado, Pedro Gandarias Urquijo y Martín y García "El Tomillar" - también desapareció en la práctica, asi como el de D. Guillermo.
   Según nuestras difíciles investigaciones, pues todo esto queda un poco como los secretos de los cocineros, aún podrían quedar genes gracilianos en alguna de estas ganaderías que hemos mencionado, e incluso en algunas otras ya extinguidas (como Bernabé Fernández de Martihernando o Carmina Ordóñez), pero claro esto son solo lucubraciones filosóficas.
   En definitiva, los ganaderos que poseen actualmente encaste graciliano, con toda seguridad, son pues los Sres. Herederos de D. Jose Escobar (que los tiene en la Isla Menor del Guadalquivir), D. Juan Luis Fraile (¿en peligro?) y D. Sebastián Palomo Linares, que posee además


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