| -47- |
|---|
bras, ya sean reinas u obreras, tienen aguijón, ya que éste no es más que el oviscapto modificado (y que ya no es usado para la puesta de huevos). Como es natural, los únicos que carecen de aguijón son los machos, como hemos visto poco numerosos y sólo presentes a final del verano. El aguijón se sitúa, lógicamente, en el extremo posterior del cuerpo del animal, y lleva unas glándulas anejas (derivadas de glándulas del sistema reproductor) que producen un veneno muy irritante (que es una mezcla complicada de proteínas, unas enzimáticas y otras no, que varía interespecíficamente y para la que no se conoce aún antídoto). Por ello, la picadura de las avispas resulta más o menos molesta, en función de la zona de la picadura y de la sensibilidad de la víctima. En casos de sensibilidad máxima pueden producirse choques anafilácticos, que de no tratarse rápidamente pueden llegar a ser mortales. A diferencia de lo que ocurre con la picadura de las abejas y abejorros (Apoideos), durante la cual el aguijón queda sujeto a la piel de la víctima humana y no se puede volver a recuperar por parte de los insectos (por lo que se desprenden de él y de la zona abdominal aneja), las avispas no dejan el aguijón clavado en la piel del individuo atacado, y son capaces de retraerlo con facilidad. Además de picar, las avispas muerden con cierta fuerza con sus potentes mandíbulas, aunque normalmente no les da tiempo más que de clavar su aguijón. La mordedura no suele tener consecuencias. A pesar de su agresividad, las avispas tienen numerosos enemigos naturales, tanto parásitos (bacterias, protozoos, hongos, nemátodos) como parasitoides (otros himenópteros) y depredadores (fundamentalmente aves como el abejaruco, Merops apiaster). La lista de depredadores potenciales que de hecho raramente atacan a las avispas es, sin embargo, bastante larga entre los tetrápodos (anfibios, reptiles, aves y mamíferos). ¿Por qué no lo hacen? Porque las avispas de las que estamos hablando son aposemáticas, es decir, están protegidas por un diseño de advertencia que sus depredadores potenciales aprenden a distinguir. Cuando un depredador inexperto ataca a una avispa, o bien ésta le pica o bien tiene oportunidad de degustar su sabor amargo, cualidades ambas que le hacen repeler a la víctima. El depredador inexperto asocia a partir de entonces el patrón aposemático en bandas negras y amarillas con las mencionadas cualidades desagradables, y en lo sucesivo se cuida de volver a atacar a un insecto de tal tipo. Dicho sea de paso, a través del lento proceso evolutivo esto ha sido aprovechado por otras especies inofensivas para engañar a sus depredadores y librarse de ellos, y así imitan los patrones aposemáticos con mayor o menor perfección (lo que se ha denominado mimetismo batesiano). |
Entre
inocentes lepidópteros, coleópteros y dípteros hay ejemplos de imitación muy notable
al patrón de diseño de las avispas (como ocurre, respectivamente, entre los Sesiidae,
Cerambycidae y Sirphidae, por sólo nombrar algunos) (Chinery, 1977; Gauld & Bolton,
1988). Impacto, daños y eventuales métodos de lucha En general, desde un punto de vista antropocéntrico y más en concreto desde un punto de vista agroforestal, cabe hablar de las avispas como insectos beneficiosos. Considérese que un nido puede contener, en pleno verano, alrededor de varios miles de individuos, que han sido criados fundamentalmente a base de insectos reducidos a pulpa por las obreras. Muchos de estos insectos son defoliadores o potencialmente perjudiciales para los cultivos humanos. Sin embargo, unas pocas especies del género Vespula pueden ejercer efectos indeseados para las personas o sus cosechas. En nuestras latitudes, en ocasiones se considera plagas a Vespula vulgaris y Vespula germanica. Especialmente a finales de verano y principios del otoño, cuando están presentes en gran número y ya no tienen
|