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pesado, tradicionalmente utilizado en muchas regiones agrícolas españolas como complemento de la vertedera. El despeje del bastidor y el peso por diente son similares. Puede haber más diferencias de orden práctico: la posición de los dientes para favorecer la circulación de un rastrojo abundante y la suficiente robustez y flexibilidad de los brazos para poder trabajar a gran velocidad.
   El tamaño del brazo del chisel es una característica fundamental, ya que por su forma curvada, a medida que se introduce en el suelo, el ángulo que forma la tangente al arco con la superficie del suelo, se hace mayor y esto supone un incremento notable del esfuerzo de tracción.


Un chisel bien diseñado puede trabajar sin embozarse en suelos con abundante residuo superficial.

   Los arcos que forman los brazos del chisel, sometidos a una vibración continua, precisa una calidad que no todos los aceros pueden proporcionar. Se hace necesaria además una protección, que, en cierto modo, debe estar en función del tipo de trabajo al que se le va a someter.
   En algunos equipos se incluye un refuerzo del arco, en apoyo simple, como en una suspensión por ballestas, con lo que a partir de un punto la resistencia del brazo queda multiplicada por dos o por tres.

El diseño debe ser el correcto para no limitar la vibración del arco. En cualquier caso es posible que la propia flexibilidad del arco, realice la protección, pero aquí la calidad del material resulta fundamental.
   El arco se complementa con una púa o reja, generalmente similar a la de un escarificador, aunque puede modificarse buscando la mayor versatilidad del equipo en suelos húmedos, y en función de los objetivos complementarios de la labor.
   Si se decide la incorporación del chisel en el proceso de producción, la decisión puede hacerse considerándolo como una herramienta complementaria o como una herramienta de sustitución. En el primer caso buscando productividad, en el segundo fundamentalmente un efecto de conservación.
   No debe olvidarse las ventajas que proporciona el arado de vertedera cuando el riesgo de erosión es reducido, ya que:

   facilita las operaciones siguientes al quedar el suelo limpio,
   realiza mecánicamente todo el control de la maleza,
   favorece la nitrificación, especialmente en las praderas,
   en los suelos con hierba densa, éstas quedan mejor cubiertas y
   facilita la eliminación de los gusanos del suelo, disminuyendo además la propagación de algunas enfermedades criptogámicas.
   Sin embargo, la utilización de aperos de labranza primaria como el chisel se justifican porque:
   produce la rotura del piso de arado aumentando la producción, especialmente en condiciones de poca humedad,
   aumenta la recogida del agua de lluvia y elimina el escurrimiento superficial. Las erosiones hídrica y eólica disminuyen como consecuencia de la rugosidad superficial, y
   la menor humedad necesaria para su utilización amplía el periodo de labranza y reduce las necesidades de medios de tracción. Hay un aumento de la capacidad de trabajo, que puede incrementar la rentabilidad, y una disminución del esfuerzo unitario de tracción.
   Si se pretende una agricultura conservacionista, en medios seco en los que la erosión puede ser intensa, la utilización del chisel en exclusividad se justi-


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