Observación de cetáceos

Pesca en la hemeroteca

&El hombre y las ballenas

Jonás, Leviatán, San Brendan, Moby Dick....desde los tiempos más remotos las ballenas están presentes en nuestra historia. Mitos y leyendas en Oriente y Occidente se ocupan de ellas con riqueza de formas y contenidos.

Las ballenas, además de ser protagonistas de numerosos pasajes de la literatura oral escrita, han sido fuente ... de carne, aceites, barbas, cera (espermaceti)... siendo base, hasta hace no mucho, de una floreciente industria en numerosas regiones del planeta. En la actualidad, los cetáceos disfrutan de una amplia protección como consecuencia de la prohibición de la caza de ballenas en 1986 por parte de la Comisión Ballenera Internacional (CBI). Dos países, Japón y Noruega, han ignorado esta prohibición capturando desde el comienzo de la moratoria unos 19.000 rorcuales. Japón se escuda en una cláusula que permite cierta caza con fines científicos. Y, Noruega, simplemente ignora este acuerdo internacional que nadie le puede imponer.

La fascinación de los seres humanos por estos mamíferos marinos se remonta a la prehistoria, tras la palabra Aballena@ se ocultó durante siglos el misterio, el terror o sencillamente lo desconocido. Su inmenso tamaño, su comportamiento y difícil observación, sus varamientos masivos o individuales las convierten en uno de los animales más populares y emblema de la protección de los mares.

La mayoría de los grandes cetáceos habitan en aguas abiertas, lejos de la costa, por lo que su observación es un hecho extraordinario para la mayoría de la población, ajena a actividades relacionadas con el mar.


&8226; Whale Watching

Desde 1955 esta circunstancia tiende a cambiar a través del AWhale & Dolphin watching, término anglosajón con el que se conoce popularmente las actividades de observación de cetáceos. Se trata de excursiones desarrolladas en barcos pesqueros, balleneros, kayaks, zodiacs, aviones, helicópteros o, incluso, desde tierra que tienen como objetivo principal la contemplación de estos animales en libertad. Pueden durar desde apenas dos horas hasta varias semanas como ocurre con las que se realizan a la Antártida.

En este artículo pretendo analizar este tipo de actividades, que vienen experimentando un notabilísimo crecimiento en las últimas décadas, discutir sus beneficios sociales y ambientales, así como sus posibles impactos y medidas precautorias.

Las excursiones comerciales para observar ballenas grises (Eschrichtius robustus), comenzaron en California en 1955; desde entonces se han ido popularizando en todo el planeta. En la actualidad se desarrollan en aguas de más de 60 países y en la Antártida. En 1997 más de 5,4 millones de personas participaron en actividades relacionadas con la observación de cetáceos, lo que generó unos ingresos anuales de unos 500 millones de US$. Se trata de uno de los sectores de la industria turística de mayor crecimiento con una media anual del 16%.

Y no es de extrañar el éxito del Whale Watching:

Salir a navegar en busca de estos entrañables seres con gran inquietud e ilusión, localizarlos en la lejanía, " por allí resopla ", aproximarse cautelosamente -sin interferir en su desplazamiento- y verlos ahí mismo brincando, jugando con la embarcación, sentir las salpicaduras de sus inmersiones, es uno de los espectáculos más inolvidables que nos pueda ofrecer la naturaleza.

Además, estas expediciones son una oportunidad de conocer otras especies de la rica fauna marina: aves, pinnípedos (focas), tortugas, etc. al acercarnos a islas inaccesibles, roquedos o acantilados que muchos animales tienen como hábitat.

Con frecuencia los paisajes-escenario de estas actividades son espectaculares en todos los mares del mundo: montañas descomunales que caen directamente al mar, glaciares, islas coralinas, volcánicas, etc. Los tours más completos ofrecen, además, visitas a lugares de interés histórico-etnológico como antiguas estaciones balleneras, bases pesqueras abandonadas, asentamientos de antiguos pobladores de la región, atc., a la vez que nos permiten ser testigos de las actividades económicas del lugar tales como la observación de distintas artes de pesca, el procesamiento de productos pesqueros, la recolección de huevos de aves marinas, la extracción de petróleo, etc.

Siempre que viajo y tengo la ocasión de participar en algún tipo de Whale Watching intento no perdérmela, raramente salgo defraudado.

Una de las jornadas que recuerdo con más emoción es un día de agosto que pasé navegando junto a un grupo de ecoturistas en el golfo del Príncipe Guillermo, en el sur de Alaska. Tras visitar la terminal del oleoducto que cruza de norte a sur la península alasqueña, partimos de Valdez, localidad tristemente famosa por el derrame del buque Exxon Valdez que cubrió de negro esta amplia región en 1989. Recuerdo un día luminoso tras semanas de un cielo bajo y plomizo típico de esta costa, nada más salir del embarcadero nos rodeó un gran grupo de nutrias marinas (Enhydra lutris),aún relativamente abundantes en esta región, que con escasa timidez nos mostraron cómo abrir bivalvos y crustáceos con un guijarro. Sin haberlas aún perdido de vista divisamos un grupo de marsopas de Dall (Phocoenoides dalli), blancas y negras, que se desplazaban a cierta distancia sin apenas brincar. Les siguieron unas cuantas marsopas comunes (Phocoena p.).

Saliendo ya del estrecho fiordo y dejando atrás una bellísima cascada que caía directamente al mar, bordeamos una gran boya verde, nos sorprendimos al encontrarla abarrotada de hembras de leones marinos de Steller (Eumetopias jubatus) que ni se inmutaron por nuestra presencia. Tomamos rumbo hacia uno de los frentes del Glaciar Columbia -uno de los más grandes del mundo- que llega majestuoso a estas aguas. Un frío intenso nos alcanzó mientras presenciábamos cómo se desprendían grandes fragmentos de hielo milenario de las paredes del glaciar. Estos icebergs servían para que numerosas focas comunes (Phoca vitulina) reposasen plácidamente bajo los rayos del Sol; escandalosos grupos de gaviotas en busca de alimento sobrevolaban las aguas agitadas por la caída de fragmentos del hielo. Tras abandonar el frente glaciar almorzamos contemplando un grupo de unas 15 orcas (Orcinus orca) que nos rodearon, un auténtico sueño. Las abandonamos porque el capitán divisó varias yubartas (Megaptera novaeangliae), una de las ballenas preferidas por los aficionados. Son famosas por sus saltos sobrecogedores -hablamos de un animal de unas 50 Tm- en los que sacan del agua casi todo su cuerpo. Anteriormente no había tenido la ocasión de verlas alimentarse, pero esta vez sí pudo ser: concentran con burbujas de aire krill y pequeños peces en la superficie y ascienden con la boca abierta capturándolos. Gaviotas y pardelas aprovechaban la ocasión para hacerse con algunos restos.

No queríamos abandonar este lugar pero debíamos proseguir la navegación. Llegamos a unos grandes roquedos abarrotados de leones marinos de Steller, la colonia se componía de grandes machos llenos de cicatrices totalmente rodeados de hembras. En zonas apartadas había hembras con sus crías de pocas semanas. Un pestilente olor a pescado podrido y un escándalo difícil de imaginar nos advertían de la proximidad de alguna colonia de aves marinas. Se trataba de unas acantilados de imposible acceso por tierra en los que organizados por sectores según la altura criaban numerosas aves: frailecillos de Kamchatca (Fratercula cirrhata), frailecillos cornudos (Fratercula corniculata), distintas especies de mérgulos que no supe identificar, araos, gaviotas, etc. Era más tarde de lo previsto y se había nublado el día, debíamos regresar a puerto. Pudimos aún observar en la lejanía rorcuales aliblancos (Balaenoptera acutorostrata) y llegando a Valdez un oso negro, que buscaba comida en las lindes de los bosques de coníferas que rodean esta población, nos observó indiferente. El propio capitán estaba sorprendido con la cantidad de avistamientos que habíamos tenido en la jornada (¡y nosotros no digamos!), el día había sido un magnífico colofón para un viaje por Alaska.


&Economía local y conservación

El Whale Watching no se puede considerar como una actividad meramente lucrativa ya que puede cumplir un importante papel en el desarrollo local de comunidades costeras, ser una eficaz vía de sensibilización respecto al medio marino, aportar valiosos datos científicos, dinamizar la vida cultural de la región, etc.

Cuando este tipo de turismo contribuye a la conservación del medio y de las especies se considera ecoturismo. Esto va a depender de numerosos aspectos relativos a la ordenación y gestión de la actividad: minimización del impacto cultural y ambiental evitando la masificación, los daños a la fauna, la generación de residuos y contaminantes en el medio, etc., por tanto, el ecoturismo pretende ser un turismo distinto, que beneficie al entorno natural donde se desarrolla y a la población local, creando en los habitantes actitudes de responsabilidad hacia los recursos de los que disponen y de los que pueden sacar beneficios económicos complementarios de los de la pesca o la agricultura. Serán así los principales defensores de su patrimonio natural. Además, parte de los recursos generados se podrán destinar directamente a actividades de conservación.

Como ya vimos, se calculan en más de 500 millones US$ los ingresos generados por este sector. Poe otra parte, el Whale Watching se convierte en una importante parte de la vida cultural de numerosas poblaciones litorales: museos, centros de interpretación, librerías, bibliotecas, salas de congresos, etc. suelen acompañar a la implantación de esta variedad de ecoturismo. La vida económica se dinamiza a través de la hostelería, venta de artesanía, empresas organizadoras de excursiones, mejoras en las infraestructuras, etc.

Aún así no es extraño que los beneficios en la economía local sean efímeros debido a que los visitantes llegan con "paquetes turísticos" de tour operadores foráneos pagados en origen. En este sentido, existen experiencias que intentan subsanar éste y otros conflictos. Un ejemplo interesante es el de la bahía de Samaná en la República Dominicana, donde se ha establecido al respecto una co-gestión o gestión colaborativa proporcionando un mayor grado de participación a la comunidad en el desarrollo del ecoturismo de observación de yubartas. Se comprometen así todos los sectores involucrados en la toma de las medidas necesarias para minimizar los impactos ecológicos y sociales de esta actividad.

Para muchas de estas comunidades la observación de ballenas se ha convertido en una actividad fundamental. Por ejemplo, en Puerto López, en el litoral ecuatoriano, casi el 95% de los visitantes llegan durante los tres meses en los que las ballenas permanecen en sus aguas huyendo del invierno austral. Por cierto, en este litoral que pertenece al Parque Nacional de Machalilla disfruté (y a un precio muy económico) del mejor encuentro con yubartas de mi vida; un día entero nos pasamos en una embarcación de pesca junto a numerosos ejemplares que saltaban, volteaban el cuerpo y daban coletazos; la embarcación resultaba pequeña y frágil para tales exhibiciones de acrobacia, regresamos empapados y felices. En la cercana Isla de la Plata crían piqueros y albatros ustulados (Diomedea irrorata), siendo esta colonia de albatros una de las más accesible del mundo.

En gran medida el turismo de observación de ballenas fue concebido como una alternativa para la reconversión de algunas industrias balleneras. Y parece que este proceso ha sido beneficioso teniendo en cuenta que los ingresos mundiales de este turismo son unas 12 veces superior a los aportados por la caza comercial de ballenas a nivel global. Islandia, uno de los últimos países en abandonar la actividad ballenera, ingresa ya 10 veces más por el uso no consuntivo de los cetáceos sin cuantificar económicamente el valor educacional, científico o recreativo que constituyen una indudable riqueza.

No es de estrañar que la presencia de ballenas sea celebrada en numerosas comunidades al suponer una poderosa atracción para el turismo. Su presencia resulta más eficaz que cualquier campaña publicitaria. Los habitantes se convierten así en los primeros interesados en preservar la calidad de su entorno natural.


&8226; Papel sensibilizador

Comentábamos con anterioridad la función sensibilizadora y pedagógica de estas actividades, a menudo estas excursiones son dirigidas por expertos cetólogos que en el transcurso de la actividad explican a los participantes numerosos aspectos de la vida de los animales que están observando. En algunas ocasiones las instituciones y empresas que organizan estas actividades cuentan con pequeños centros de interpretación donde se explican los fundamentos del funcionamiento del complejo ecosistema marino y del papel de los cetáceos en el mismo. Quien observa el espectáculo de las ballenas en su medio suele convertirse en un concienciado defensor del mar.


&Papel científico

A través de estos tours los científicos tienen la oportunidad de recolectar datos sobre estos mamíferos, utilizando las embarcaciones como plataformas de observación. Así mismo, las personas responsables de los Whale Watching colaboran facilitando toda clase de datos a los investigadores, estos datos suelen ser de gran valor dada la importante frecuencia y calidad de las observaciones. Cuando los avistamientos van acompañados de fotografías se convierten en una inestimable ayuda a la hora de identificar individualmente a cada ejemplar (fotoidentificación) . Esta técnica se basa en las características únicas de colas o aletas de los individuos (marcas naturales, cicatrices, etc.). En algunas ocasiones, una parte de los ingresos aportados por los ecoturistas se destinan a financiar proyectos de investigación.


&8226; Embarcando y...

Son muchos los lugares dónde nos podemos unir a un tour de Whale Watching en todo el mundo, una página web interesante y que nos puede ayudar a preparar un viaje distinto es www.physics.helsinki.fi/whale/

Cerca de casa tenemos la posibilidad de participar en este tipo de actividades en:

El Mediterráneo, dónde se pueden observar distintas especies de delfines, rorcuales comunes (Balaenopotera physalus), calderones, etc. Recientemente se ha establecido el único santuario para ballenas del Hemisferio Norte, un área delimitada por la Costa Azul francesa, la Liguria italiana y las islas Córcega y Cerdeña. En estas aguas se pueden observar 13 especies de cetáceos.

Las Islas Canarias, son el segundo lugar en el mundo en cuanto a número de participantes en observación de cetáceos, 700.000 personas anualmente. Fundamentalmente se avistan calderones tropicales (Globicephela macrorhynchus), delfines comunes (Delphinus delphis) y calderones comunes (G. Melaena). En este archipiélago la masificación del negocio ha supuesto una seria amenaza para los cetáceos objeto de observación. Desde 1995 existe un Decreto Ley para regular estas actividades y, recientemente, se ha consensuado un código de conducta para las embarcaciones participantes indicando cómo aproximarse a los animales, a qué distancia permanecer, número máximo de embarcaciones con una misma manada, etc. El cumplimiento de la normativa vigente resulta fundamental y los usuarios debemos asegurarnos de elegir un operador registrado oficialmente y con los permisos pertinentes.

En las Islas Británicas (Escocia y Gales) existen lugares donde observar delfines mulares (Tursiops truncatus) y rorcuales aliblancos. Lo mismo ocurre en Irlanda.

Noruega, según mi experiencia en las islas Lofoten, se puede participar en uno de los mejores Whale Watching del continente. A esta zona acuden en la época estival cachalotes (Physeter macrocephalus) a alimentarse y su observación está casi asegurada. Las orcas también frecuentan esta accidentada costa.

Islandia tiene fama por las oportunidades que ofrece de contemplar yubartas, rorcuales aliblancos, orcas o incluso rorcuales azules -el mayor de los cetáceos con unos 30 m de longitud-. No fui tan afortunado y en las dos ocasiones en las que salí a observar ballenas, la niebla no me permitía ni verme las manos.

En el resto del planeta tienen fama como destinos balleneros la Columbia Británica (Canada), la Costa Este y Oeste de USA, Baja California (México), Islas del Caribe, Ecuador, Patagonia, Sudáfrica, Japón, Australia, etc.

El Whale Watching, y el ecoturismo en general, no son milagrosos de porsí, y ocultan con frecuencia bajo tales términos actividades que poco tienen que ver con los fundamentos de los mismos. En la medida que se lleven a cabo de manera sostenible, social y ambientalmente, podremos estar hablando de éxito o fracaso. Es responsabilidad nuestra saber en qué tipo de actividad vamos a participar y el grado de respeto al entorno de la misma. Del mismo modo las autoridades deben velar por el cumplimiento de la legislación vigente al respecto y las comunidades locales buscar las estrategias adecuadas para no estrangular a la gallina de los huevos de oro.