Cetrería (3)

El bajo vuelo

Caza en la hemeroteca

Como ya se comentó en el primer artículo de esta serie, el adoptar un tipo de caza u otro, depende de las características fisiológicas, anatómicas y ecológicas de la rapaz utilizada. Así, en la modalidad que nos ocupa, las rapaces empleadas son aquellas que en estado salvaje viven en zonas boscosas con abundante vegetación, tanto arbórea como de monte bajo. Para dar caza a sus presas, se mantienen inmóviles en determinados lugares estratégicos y una vez localizas, se lanzarán hacia ellas. Combinando fuerza, maniobrabilidad, conocimiento casi a la perfección de cada uno de los rincones de su territorio de caza y finalmente el factor sorpresa, las capturan con relativa facilidad.

De forma general, las aves utilizadas en bajo vuelo tienen las alas más anchas y cortas que los halcones, al igual que ocurre con la cola, que posee un tamaño y movilidad que les permite utilizarla como un perfecto timón para desenvolverse a la perfección entre la espesura. Una vez capturada su presa, utilizan sus armas mortales: unas potentes y afiladas garras, que harán inútil cualquier intento de huida de la víctima.

En la actualidad, las tres principales aves utilizadas en el bajo vuelo son, por orden de prioridad, el azor, el buteo de Harris (en adelante lo llamaremos simplemente harris, tal como lo nombran os cetreros) y el gavilán.


&El Azor (Accipiter gentilis)

"Entre todas las aves de la caza los azores y gavilanes son las más hermosas y gentiles y las más bien acondicionadas y que más amor toman con el hombre y las que más duran en su poder; y aun mucho más los azores que los gavilanes". Juan Vallés. Libro de acetrería (1556).

Sin duda alguna, el azor es la especie reina en el bajo vuelo. Se trata de una rapaz de tamaño medio, pudiendo alcanzar en las hembras los 65 cm de longitud, 120 cm de envergadura y un peso de hasta 1.200 g. Estos valores hacen referencia a los individuos meridionales, ya que los ejemplares del centro y norte de Europa superan dichas dimensiones.

Las alas son relativamente cortas y redondeadas, perfectamente diseñadas para volar entre el boscaje. La cola, grande y móvil, le permite una gran maniobrabilidad entre las zonas frondosas y con abundante matorral donde habita.

Las patas, de coloración amarillenta terminan en cuatro musculosos y potentes dedos, armados con unas largas y fuertes uñas de color negro. Las más desarrolladas (denominadas "llaves") son las del dedo posterior e interno. Estas son las verdaderas armas del azor: una auténtica trampa mortal para su víctima, de donde difícilmente podrá liberarse una vez han sido cerradas.

El plumaje es diferente entre los ejemplares jóvenes y los adultos. En los primeros, los tonos son de color ocre con manchas de color pardo, siendo de un pardo oscuro en la zona dorsal. Los adultos presentan en la región ventral, un fondo entre blanco y gris plateado, adornado con un bandeado de coloración gris oscuro. El dorso es también de color gris y uniforme a lo largo de toda la espalda.

Posee una cabeza plana y un corto cuello. Posiblemente una de las partes de su anatomía que más llama la atención son sus ojos: con un iris amarillo intenso que con la edad del ave va tomando una tonalidad rojiza, llegando a ser de un color escarlata intenso en los individuos de más de cuatro años de edad. Resulta característica e impresionante su mirada: intensa, desafiante, penetrante, a veces perdida en la lejanía, esperando detectar el más mínimo movimiento que traicione y muestre el emplazamiento de su víctima. Por la parte superior del ojo presenta, a modo de ceja, una banda blanquecina que llega hasta la zona posterior del cráneo. Finalmente un fuerte y curvo pico, de color negro-azulado, contribuye a darle su aspecto tan característico.


&8226; El Buteo de Harris (Parabuteo unicintus)

Es un ave originaria de las zonas desérticas de E.E.U.U. y México. Fue introducida en nuestro país a finales de la década de los ochenta por Diego Pareja-Obregón y se ha adaptado con gran rapidez a nuestras condiciones ecológicas y geográficas. En la actualidad existen criaderos donde se pueden conseguir con relativa facilidad. De tamaño similar al azor, el harris tiene una coloración pardo-oscura, algo más clara en la zona dorsal de las alas. Los pollos son algo más claros, presentando un manchado pardo y beige. El iris es de color pardo, mientras que la cera del pico es de un claro tono amarillo. El pico es de color gris plateado, oscureciéndose en la mitad final del mismo. En la cola presenta dos bandas blancas características, una en la zona distal y otra en la base de inserción de las plumas. Posiblemente la característica más importante que hace del Harris un ave utilizada en el bajo vuelo son sus grandes y potentes dedos, armados con unas poderosas garras. En términos relativos, esta zona de su anatomía es mayor y más potente que las de nuestro accipítrido. Carece de la bravura y la garra que caracterizan al azor, siendo bastante más sencillo de adiestrar, por lo que en la actualidad es un ave que está haciendo relativa sombra a nuestra rapaz. Es algo más lenta en el vuelo, por lo que no es aconsejable para la caza de aves. Sin embargo, la potencia de sus manos y las grandes uñas que poseen, lo hacen más apropiado para la captura de la liebre.

Curiosamente es la única rapaz que caza en grupos en estado salvaje. Apostándose en los altos cactus de las zonas desérticas donde habita, otean el entorno hasta descubrir su presa (normalmente pequeños mamíferos), sobre la que se lanzarán varios de estos ejemplares y cortándole cualquier intento de retirada y huida, uno de los perseguidores dará con ella, compartiéndose posteriormente con todos los participantes de la cacería. Esta característica indica la relativa docilidad de su carácter, ya que a diferencia de nuestro azor, el harris es un ave bastante más manejable y fácil de adiestrar. Cada vez hay más simpatizantes de este bateo, por lo que resulta bastante común entre los cetreros españoles.

En mi modesta opinión (por supuesto discutible), tras haber visto el comportamiento y la forma de actuar de los dos, el coraje, la valentía, la fuerza y la tenacidad del azor supera a la del harris, siendo más bonita y vibrante la caza con nuestra rapaz.


&El Gavilán (Accipiter nisus)

El Gavilán es una réplica en miniatura del azor. Su longitud y envergadura máximas se encuentran en torno a los 40 y 80 cm respectivamente y el peso en las primas ronda los 290 g. Su parecido anatómico se corresponde igualmente con una gran similitud temperamental: bravura, coraje, carácter y fuerza, son atributos que comparte con su pariente mayor. La caza con esta pequeña falconiforme está restringida a aves de pequeño y mediano tamaño, siendo la perdiz roja (Alectoris rufa) el máximo tamaño en presas que puede llegar a conseguir. Su temperamento, velocidad y agilidad, hace las delicias de aquellos que utilizan esta pequeña rapaz para la caza.


&8226; El bajo vuelo

Puesto que tanto en un pasado como en la actualidad, el azor es la rapaz más utilizada en el bajo vuelo, generalizaré esta modalidad de caza haciendo referencia al uso y técnicas empleadas en sus lances.

En estado salvaje, el azor otea constantemente su territorio de caza, apostado en ramas y atalayas escogidas para este fin. Una vez ha detectado una posible víctima, éste se lanza volando hacia ella, ocultándose mientras se aproxima entre los árboles, matorrales y demás obstáculos naturales del terreno, a veces rozando el mismo suelo y pasando totalmente desapercibido para su presa. Finalmente logra acercarse a escasos metros de ella, de tal manera que cuando esta última se ha percatado de su presencia, ya es demasiado tarde. La velocidad, que en un principio sería una ventaja para la huida, no puede ser utilizada y el animal ya no puede hacer nada para librarse de las garras del azor, sus potentes armas mortales. Acertadamente, Rodríguez de la Fuente llamó a esta rapaz "el pirata de la espesura".

Cuando pretendemos cazar con el animal adiestrado, este tipo de comportamiento natural no es el habitual. Esta desventaja debemos sustituirla consiguiendo que su atalaya sea el puño del cetrero, que el cazador intentará acercar todo lo posible a su presa. Una vez ésta comience su huida natural, no tenemos más que abrir la mano, soltar las pihuelas (pequeñas tiras de cuero que sujetan al ave por los tarsos) y dejar que la naturaleza haga el resto.

La forma de caza y, como consecuencia los lances, dependerá del tipo de animal que se pretenda capturar, distinguiremos así dos tipos de presas: aves y mamíferos (pluma y pelo para los cazadores).

Prácticamente todas las referencias de los antiguos tratados de cetrería, hacen referencia de la caza de la perdiz y otras aves. De hecho el Canciller López de Ayala comenta en su Libro de la caza de las aves (1.386):"Nunca lo lances a liebre ni conejo". La península ibérica ha sido una zona privilegiada en cuanto a diversidad zoológica se refiere ; puente natural entre el continente africano y europeo, ha disfrutado (y sigue disfrutando) de una gran riqueza faunística, más aún en los siglos de máximo esplendor de la cetrería (hasta los siglos XVII-XVIII), donde la abundancia de aves y sitios donde cazarlas, facilitarían la práctica de este deporte. En la actualidad, estas condiciones han cambiado considerablemente y los cotos y cazaderos donde abundan las perdices son, en ocasiones de difícil acceso, con lo que resulta más asequible para los azoreros la caza de lagomorfos: conejo y liebre.

En cuanto a la caza de aves, ésta queda restringida a un reducido grupo de ellas tales como nuestra perdiz roja, algunas anátidas, principalmente el ánade real (Anas platyrhynchos), ciertos córvidos de pequeño tamaño como las cornejas (Corvus corone) y urracas (Pica pica) y pocas especies más. En esta modalidad, la única ventaja que tiene el ave sobre el azor es la velocidad, de tal manera que si la presa sale volando a determinada distancia de donde nos encontramos, el esfuerzo del azor será inútil. De una gran ayuda para este tipo de caza resulta nuestro fiel amigo el perro, ya que colaborará a levantar las presas de sus escondrijos, que de no ser por él, quedarían ocultas y no levantarían el vuelo ante nuestra presencia. En el caso de la caza de la perdiz, esta gallinácea tiene un vuelo potentísimo pero muy corto, de tal manera que después del primero o el segundo de ellos, tiende a ocultarse y perderse entre la maleza, siendo entonces cuando saldrá practicmente de nuestros pies "empujada" por el cánido. De hecho, en el primer vuelo, tan sólo los azores entrenados y expertos en la caza pueden derribar a la patirroja. Igualmente, en zonas de riveras y humedales donde habitan las anátidas, la ayuda de nuestro compañero, facilitará que sea levantada a poca distancia de nosotros, siendo relativamente fácil su alcance por la rapaz.

Independientemente del ave cazada, una vez que el azor logra ganar en velocidad y apresarla, este tipo de presas no opone ningún tipo de resistencia a sus potentes manos, siendo inútil cualquier intento de huida.

La otra modalidad de bajo vuelo y la más practicada en la actualidad, es la caza del conejo (Oryctolagus cuniculus) y la liebre (Lepus capensis).

En el primero de ellos, la velocidad no es una ventaja frente a nuestro azor, ya que el potente vuelo de éste alcanza en pocos segundos al mamífero. Sin embrago el hábitat del lagomorfo sí supone una ventaja frente a la rapaz: zonas con abundante matorral y sobre todo, el mantenerse por las inmediaciones de sus madrigueras, donde a la menor señal de peligro se introducirán en ellas, haciendo inútil en numerosas ocasiones el vuelo de nuestro compañero. Para cazar con facilidad conejos con azores, nuevamente tenemos que recurrir a la ayuda de otros animales: el perro o el hurón. El primero de ellos, levantará la pieza que se encuentre escondida en los matorrales, saliendo de ellos y poniéndose entonces a "tiro" del vuelo del azor. La velocidad, agilidad y maniobrabilidad entre estos terrenos, no supone dificultad para el ave una vez se ha lanzado hacia la presa.

Por su parte, el hurón (Mustela furo), se introduce en la madriguera y expulsa de ellas a los conejos, que salen corriendo como auténticas balas. En este momento el azor, que permanece sobre nuestro puño, sale a toda velocidad para alcanzar su presa. Una vez alcanzados, los conejos tampoco ofrecen prácticamente resistencia al ave.

En cuanto al lance, es diferente si se trata de la caza de liebres. Este lagomorfo, puede triplicar o incluso cuadruplicar el peso del azor. Además de su tamaño, la liebre posee una potente musculatura y jamás se dará por vencida, ofreciendo resistencia mientras le quede un mínimo de fuerza para defenderse. Habita en zonas despejadas y con poca vegetación. Su defensa consiste en mantenerse encamada e inmóvil, a veces se pasa por su lado y pasa totalmente desapercibida. Si es descubierta, o decide salir de su encame, utiliza su otra defensa: la velocidad.

Para cazarla, el cetrero camina lentamente "pateando" el terreno hasta que una de ellas levante y comience a correr (pueden llegar a superar los 60 km./hora). En ocasiones se utilizan igualmente perros que faciliten su localización. Una vez ha comenzado a correr, el azor salta inmediatamente del puño para dirigirse con toda rapidez hacia ella. Además de la velocidad, la liebre una vez está siendo alcanzada tiene gran facilidad para hacer quiebros y diferentes escaramuzas que en multitud de ocasiones dejan "sentado" a su perseguidor. Si esto no es así y si el azor logra dar caza al lagomorfo, se produce la parte más dramática de la caza: en un principio, el azor la agarra por sus cuartos trasero, intentando poner posteriormente sus garras sobre su cabeza, momento en el que las posibilidades de huir de la presa descienden notablemente. Mientras esto se produce, las potentes patas y musculatura abdominal de la liebre producirán tremendos golpes que pueden llegar a dañar a su contrincante e incluso en muchas ocasiones, conseguir soltarse y huir. Por eso, es en estos momentos, cuando la ayuda del cetrero, que ha corrido todo lo rápido que puede hacia ella, permitirá que termine lo antes posible esta lucha, que no siempre resulta agradable. De hecho sólo se pueden cazar liebres con hembras de azores, mucho más grandes y fuertes que los machos, dejando estos últimos para la caza de aves o conejos.


&Otras aves utilizadas en bajo vuelo

Aunque, como ya hemos comentado, el azor, harris y gavilán son, por este orden, las aves más usadas en cetrería, existe una gran variedad de rapaces que ocasionalmente son utilizadas para este fin. Algunas de ellas, no pasan de ser meras anécdotas e incluso son casi más aves de "compañía" que verdaderos animales utilizados para la caza. Esta variedad pasa desde grandes águilas a rapaces nocturnas.

Entre las aves más impresionantes que pueden verse encima de un puño destaca el águila real (Aquila chrysaëtos). Su majestuosidad y envergadura le permite cazar mamíferos de gran tamaño como corzos, gamos, pequeños ciervos, muflones e incluso zorros. Sin embargo la excesiva fuerza y la potencia de sus garras hacen de ella un ave difícil de dominar, apta tan sólo para cetreros muy expertos.

En zonas occidentales de Mongolia, los kazajos habitantes de determinadas zonas semidesérticas, pobres y deprimidas, donde la alimentación escasea, utilizan para la captura de diferentes ungulados el berkut, un pigargo coliblanco (Haliaetus albicilla) de tamaño similar al águila real. Apostados sobre zonas que les permiten controlar grandes extensiones de terreno, sueltan el ave, normalmente a cientos de metros de distancia de su presa y la siguen montados en sus caballos hasta llegar al lugar donde se ha producido la captura. Para estos mongoles, este noble arte no constituye una distracción, sino un medio de sustento y en multitud de ocasiones, su supervivencia depende de la habilidad y efectividad en la caza de su compañera.

Otras águilas de menor tamaño, como las calzadas (Hieratus pennatus) y las perdiceras (H. fasciatus), son otras falconiformes en ocasiones adiestradas para el bajo vuelo. En la actualidad no existen criaderos de estas aves en nuestro país. Esto unido a que son aves con ciertas dificultades para adiestrar, que carecen además de la tradición cetrera de los azores, hace que sean aves restringidas a ciertos centros de divulgación, zoológicos, etc., de tal manera que su observación y práctica en este tipo de caza resulta un hecho anecdótico.

Por otra parte, entre las rapaces nocturnas, el búho real (Bubo bubo), puede ser utilizado en bajo vuelo para la caza del conejo, si bien es un ave con la que no se pueden lograr los resultados y manejabilidad que se consigue con las anteriormente descritas. Aunque jamás lo he podido observar en plena acción, la belleza y simpatía del búho nival (Nyctea scandiaca) no puede ser pasada por alto en este breve resumen.

Por último comentar que en la actualidad existen criadores que intentan introducir aves procedentes de zonas selváticas de Asia y Sudamérica, tales como el toghrol (Spizaetus sp.) o la harpía (Harpia harpyja). La agresividad, fiereza y fuerza de estas aves, requieren altas dosis de experiencia, prudencia y paciencia para su adiestramiento. Su adaptabilidad se encuentra en una fase de la todavía no se pueden sacar conclusiones claras.