La roya del ajo (Puccinia allii)

Subcategoría: Plagas

La roya del ajo (Puccinia allii)

Uredosoros proliferando en las hojas (detalle de rotura de la epidermis)

 Las royas, denominación genérica que se utiliza para agrupar a más de 5.000 especies de basidiomicetos, son parásitos obligados y posiblemente los hongos fitoparásitos causantes de las enfermedades que más pérdidas de cosecha han originado a lo largo de la historia.

Desde los orígenes de la humanidad, los ataques de roya han sido una preocupación constante para las sucesivas civilizaciones que han poblado el planeta. El pernicioso poder de la roya de los cereales se personifica en Robigo (Lat. Rubigus), una deidad Romana poco benevolente ante la que se sacrificaban terneros y perros durante la festividad de la Robigalia con la intención de apaciguar su ira.

La roya es una enfermedad de común aparición en el cultivo del ajo, su sintomatología es fácilmente reconocible y consiste en la aparición de pústulas pardo-anaranjadas en las hojas que rompen la epidermis diseminando las esporas (Fig. 1) y que a final del ciclo viran a una coloración pardo-oscura. En ataques fuertes, las pústulas llegan a aparecer en el escapo floral. 

Agostamiento prematuro y disminución de rendimiento observado al comparar plantas afectas por la roya del ajo (izda) frente a plantas sanas (dcha)

Los daños que causan a la planta se deben tanto al consumo directo de nutrientes como a la disminución del rendimiento fotosintético global que experimenta la planta afectada. Si el ataque es muy precoz las hojas se secan rápidamente y puede verse comprometida la viabilidad de la planta. En ataques más tardíos, en cambio, la maduración se acelera.

La roya del ajo ha sido determinada taxonómicamente como Puccinia allii. Se trata de una roya autoica (es capaz de completar su ciclo en un solo hospedante) y hemicíclica, pues presenta en el ajo un ciclo acortado en el que no se observan picnidios ni aecios pero que sí forma abundantes urediosporas (Fig 3) y teliosporas. Estas últimas, tras germinar y producir el denominado promicelio, producen basidiosporas.  

Disminución del rendimiento en peso fresco y seco producido por Puccinia allii 

La respuesta varietal a la enfermedad es muy variable, así lo atestiguan estudios realizados con anterioridad (REF). En base a nuestra experiencia en la zona de la Mancha Conquense, las variedades de tipo chino morado son más susceptibles a los ataques de  la roya del ajo que el ecotipo local de ajo Morado de Cuenca (Fig 4).

La disminución de fotoasimilados se traduce directamente en una reducción del rendimiento del cultivo a cosecha. En ataques severos el rendimiento llega a disminuir hasta en un 60% pero puede llegar a más del 90% si no se trata el hongo de forma eficaz durante el cultivo (Fig. 2, Graf. 1).

La aparición de la enfermedad en campo está directamente ligada a las condiciones ambientales de la campaña. Temperaturas a partir de 12 – 15ºC junto con altas humedades relativas tras periodos de nieblas persistentes o lluvias primaverales favorecen la aparición de la enfermedad. Excesivos abonados nitrogenados o altas densidades de siembra son factores que pueden agravar el ataque.

Uredosporas de la roya del ajo Puccinia allii

 Control de la enfermedad:

La disminución del inóculo primario ha de ser el primer objetivo a la hora de abordar el control de la enfermedad. De esta forma la destrucción de restos de la cosecha precedente, especialmente si ha habido ataques de roya tardíos, o una correcta rotación de cultivos será esencial para evitar un ataque temprano de roya.

En muchas campañas, los ataques son tardíos (a final del ciclo) y no revierten en una menor cosecha, sino que más bien acompañan al secado de la planta previo a la cosecha. En ocasiones este efecto, sin provocar pérdidas de cosecha directa, resulta también pernicioso. El excesivo secado de la planta dificulta el arranque mecanizado debido al agostamiento prematuro causado por el hongo. 

Vista general campo de ajo

 

En general, los tratamientos fitosanitarios aplicados durante la campaña pueden controlar la enfermedad de manera efectiva. Los tratamientos con derivados cúpricos al inicio de las condiciones favorables para la enfermedad son indispensables, actuando al mismo tiempo contra Stemphylium o Blanquilla, hongo ascomiceto que también afecta a las plantas de ajo. Los derivados cúpricos no generan resistencia pero si “endurecen” la planta, además al tratarse de fungicidas preventivos y no traslocarse dentro de la planta, su efectividad se ve restringida a las fases de prevención de la enfermedad. Una vez observados los primeros síntomas en campo se ha de recurrir a fungicidas sistémicos. Los productos disponibles en el mercado para ello son varios. Productos fungicidas del grupo de los triazoles o estrobirulinas o las más novedosas piridiniletilbenzamidas u oximinoacetatos son algunas de las opciones permitidas en el cultivo de las que dispone el agricultor. Los tratamientos habrán de darse con productos autorizados para el cultivo, de acuerdo a la dosificación recomendada por el fabricante, respetando una correcta alternancia de modos de acción de los productos aplicados y respetando siempre los plazos de seguridad.

 

 

 

 

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