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De hurones y huronería (2)

La caza con hurones

Caza en la hemeroteca

Como en todo tipo de caza en la que nos valemos del concurso de animales, lo primero es elegir que tipo de bichos vamos a utilizar, y aquí cabe eso de que para los gustos están hechos los colores. Aunque yo particularmente, y admitiendo las preferencias de cada uno, pienso que siempre hay que tener en cuenta el tipo de cazadero, la época y la caza que queremos realizar.


&De cómo se rompen los hurones

Dicho sea que los hurones cazan por instinto natural, de tal manera que es frecuente que la primera vez que echamos el bicho a una boca, haga por ellos y los expulse, se dice entonces que el bicho ha roto. Pero esta no es la norma general, hay veces que se niegan a entrar por los caños, es entonces el momento de llenarse de paciencia. La manera de proceder en estos casos es en principio obligarles a entrar, empujándoles pero siempre con un trato dulce, nunca con actitudes bruscas ni violentas. Una vez que hallamos conseguido que penetre por la boca, la taparemos con el pie durante unos momentos, si al retirarlo no sale el bicho es posible que hallamos conseguido quitarle el miedo o reparo que pudiera tener, pero si al retirar el pie sale inmediatamente tendremos que proceder de otra forma. En estos casos da buenos resultados echarlo con otro bicho ya acostumbrado a cazar. Supongamos que el bicho no tiene negativa a entrar y lo hace decidido, pasa el tiempo y al cabo del rato sale, esto no quiere decir que haya cazado la boca, es posible que se haya topado con los conejos, y como se dice en el argot, no les haya hecho. Esto lo comprobaremos echando, una vez que haya salido el novato, un bicho experto que si expulsa algún conejo nos mostrará la evidencia de que el novato no hizo por ellos. En estos casos nuevamente hay que armarse de paciencia y echar el bicho en una y otra boca hasta que acabe rompiendo.

Otro aspecto a tener en cuenta en estas primeras jornadas es el comportamiento del hurón. Los hay que desde el primer momento se muestran dóciles y confiados dejándose coger sin reticencia alguna, pero los hay que asoman por la boca no decidiéndose a salir, y cuando nos acercamos vuelven a meterse rápidamente. En estos casos hay que obrar con la cabeza y no desesperar por mucho que nuestro joven hurón, con sus entradas y salidas continuas, nos lleve al límite de nuestro aguante. Nunca haremos movimientos bruscos ni intentos violentos de atraparlo, más bien es aconsejable retirarse de la boca, dejarle que se confíe y cuando se haya alejado un tramo de la puerta de la boca cogerlo con toda delicadeza y acariciarlo en la mano durante unos momentos. Regalarles en estos casos con unos trocitos de carne hace milagros.

Los hay también que son verdaderamente malos, con un carácter horroroso, que cuando nos acercamos erizan el pelo, arquean el lomo y ponen el rabo como un plumero, con estos hay que tener cuidado porque en cuanto te descuidas te muerden y los hay que no sueltan. Hablar de paciencia en estos casos es más problemático pero siempre hemos de tener presente que estamos trabajando con animales. Para estos casos unos guantes de cuero de los que se utilizan en la industria, tener presente que la brusquedad y la violencia solo van a empeorar las cosas, y trabajar con ellos uno y otro día, son la única forma de hacerse con estos bichos que frecuentemente acaban siendo de los mejores.

Como norma a seguir a la hora de romper los bichos, es no intentarlo en grandes vivares donde los conejos tienen más defensa. Pequeñas bocas de dos o tres caños y que se vean usadas son las ideales, y mejor todavía los codiles, pequeños agujeros de poca profundidad y de una única salida donde el bicho necesariamente se da de cara con el conejo.

Rotos los bichos ya solo nos queda elegir los que vamos a utilizar según las características del cazadero y de los conejos.


&8226; De la elección del hurón

Para mí, los bichos jóvenes y durante el primer año son los mejores. Su fogosidad e inexperiencia hacen que corran tras los conejos desesperadamente, mordiendo a diestro y siniestro donde pueden, son sin duda los que más conejos aventan. Son incansables, pero si queremos mantenerlos en este estado hay que cazarlos con mesura porque aprenden rápidamente. Al poco tiempo, si los cazamos a diario, su instinto hace que dirijan sus ataques a la cabeza, aprenden a matar, y en este momento se esfuman las delicias y aparecen los problemas.

Hay bichos, particularmente machos, que desde el primer día salen matando, estos no eventarán un conejo pero son excepcionales para utilizarlos con la cuerda como veremos. De lo dicho anteriormente se deduce que para cazar a diario con solvencia se necesita un amplio plantel de hurones, no habiendo lugar cuando sacamos a nuestro hurón cada quince o veinte días.

Durante los meses de agosto, septiembre y octubre es conveniente utilizar hembras, de menor tamaño que los machos, ya que por estas fechas la mayoría de los conejos son jóvenes del año, pudiéndose encontrar incluso gazapos de las últimas parideras. A medida que avanza la temporada, los conejos se hacen más fuertes, engordan y dan más trabajo a los bichos, es entonces el momento de hacer trabajar a los machos. Además conforme vamos cazando los vivares una y otra vez, los conejos se hacen más reticentes a salir, con lo que se necesita de bichos que peguen fuerte.

De igual forma utilizaremos preferentemente hembras en bocas pequeñas donde el conejo tiene menos defensa, mientras que en los grandes vivares de hasta más de veinte bocas, son de mayor rendimiento los machos. Pensemos que estos vivares habitados durante décadas por los conejos, tienen pisos a dos o tres niveles intercomunicados por verdaderas autopistas, con amplias plazas en sus intersecciones, donde los conejos marean y cansan a los hurones, se necesitan en estas circunstancias grandes machos que peguen duro y así obligar a aventarse a los conejos.

A veces en estos grandes vivares se necesita del concurso de dos o tres bichos a la vez, con ello se consigue que los conejos en su huida se topen con uno u otro y acaben saliendo, aunque se corre el riesgo de que maten con más facilidad. Como norma general es aconsejable iniciar la caza con un solo bicho, el más rápido y fuerte de los que dispongamos, que avetará aquellos conejos "prontos" en salir. Pasado el tiempo y cuando lo consideremos oportuno, será el momento de echar uno o dos bichos más que ayuden a expulsar aquellos otros que se niegan a romper o que se aculan.

En estos grandes vivares hay un procedimiento que aunque trabajoso da excelentes resultados. Consiste en cortar el vivar por uno o dos sitios haciendo una zanja que posteriormente se vuelve a tapar. De esta forma interceptamos los caños y convertimos estos grandes vivares en dos o tres más pequeños y fáciles de cazar.


&De la eficacia de los hurones

En la eficacia de los bichos interviene de manera clara el tipo de suelo. La roca como el granito, la pizarra o el gneiss no presentan problema, al igual que los suelos calizos, pero no es el caso de los suelos arenosos. La arena es verdaderamente negativa, se introduce en la boca de nuestros hurones y les impide morder con soltura, sin embargo no es este el mayor de los problemas. Cuando el hurón alcanza y muerde al conejo, este se defiende, da patadas, se revuelve, intenta zafarse, bicho y conejo se retuercen rozando contra el techo y las paredes de los caños produciendo desprendimientos que los llegan a cegar.

La eficacia, entendida como el número de conejos aventados del total que contiene el vivar, depende también de la estructura de éstos. Además de su mayor o menor extensión y del número de caños, hay vivares que tienen basares, pequeñas repisas donde los conejos se cuelgan resultando inaccesibles para el hurón. Finalmente la eficacia entendida como anteriormente quedó expresada, disminuye en mucho con los bichos que tienen el vicio de matar. Vicio que por una parte es natural y gracias al cual surgió la alianza entre el hombre y el hurón. Para evitar en parte esta tendencia, como ya hemos dicho natural, hay varios procedimientos como utilizar hurones jóvenes y espaciarlos en la caza, retardando así el proceso de aprendizaje.

Hay otros procedimientos menos naturales, diría yo que contra natura, como la utilización de mordazas, y la amputación de los caninos, este último más que antinatural salvaje. Cualquiera de estas prácticas, además de agresivas para nuestros hurones no dan resultados positivos, antes más bien acaban por resabiarlos. En efecto en estas penosas condiciones, los hurones, al no poder morder, acometen a los conejos arañándolos con sus garras y estos se defienden a patadas, propinando verdaderas palizas a los hurones que acaban con la cabeza pelada y llena de arañazos. De estas palizas los hurones aprenden y terminan por no hacer a los conejos.


&8226; Del bicho de cuerda

Se trata de una modalidad de la huronería desarrollada sólo por profesionales. En este tipo de caza se utilizan machos de gran tamaño y dentro de ellos aquellos que apuntan ciertas maneras. Como ya dijimos no suelen fallar aquellos que rompen matando desde el primer día. Además de estos, suelen ser buenos también los que después de matar se quedan a comer.

Al bicho de cuerda se le va a exigir mucho más trabajo que a los sueltos, y por ello ha de trabajar siempre con hambre como aliciente o refuerzo al instinto natural.

Seleccionado el bicho, hay que acostumbrarle al arnés y a la cuerda. Como son bichos ya cazados a toro suelto y acostumbrados al trato, esta tarea no suele presentar problemas, a veces se engaravitan y arañan al colocarles el nogal o la pihuela, pero pronto se acostumbran. Lo más importante es que aprendan a andar bien con la cuerda, pues siempre han de salir marcha atrás, a la orden de pequeños tirones. Si salieran de cara se correría el riesgo de que se enredasen con la cuerda.

El bicho de cuerda es ante todo polivalente, constituyendo por sí mismo un instrumento de caza y siendo además un excelente refuerzo o ayuda en la caza a toro suelto.

La manera de proceder en la caza es la siguiente. Durante los meses de julio, agosto y septiembre, cuando la gazapina ya ha cumplido y el monte está lleno de medios conejos, siempre por la noche, se recorre el cazadero con la ayuda de perros, cuya misión es encerrar los conejos, cuando esto se ha conseguido solo queda sacarlos como quien saca agua de un pozo.

El bicho aparejado, es decir colocado el arnés que describimos en el apartado de material, se introduce en la boca, acuciado por el hambre y por la fogosidad que en él despiertan los crecidos gazapos, muerde con fruición siempre en la cabeza. Este momento se detecta muy bien ya que vamos dando cuerda al bicho a su aire, aunque ejerciendo una ligera presión. En el momento que el bicho se tira al conejo, se nota un tirón de la cuerda, hay que dejarle entonces unos instantes para que se agarre bien y mate. Acto seguido se tira de la cuerda, no de manera brusca pero sí firme hasta que salgan bicho y conejo.

Una vez fuera el hurón se resistirá a soltar el conejo, para que lo suelte agarraremos los dedos de una de sus manos y los presionaremos firmemente con un movimiento de vaivén, inmediatamente lo soltará.

Esta operación puede repetirse tantas veces como queramos o el bicho sea capaz de aguantar. Particularmente he presenciado como un bicho sacó hasta sesenta y dos de estos gazapos en una noche.

Otro empleo del bicho de cuerda es el de sacar, por el mismo procedimiento, los conejos que hayan podido matar los hurones en la modalidad de a toro suelto. Estos hurones son también de gran ayuda cuando por alguna causa, el hurón con el que estamos cazando hace un tardo. Cuando esto ocurre y disponemos de un bicho de cuerda, se va introduciendo por uno y otro caño hasta que de con él, en muchos casos esto basta para que el que hizo el tardo salga. Si no llegase a salir, al menos nos ha mostrado donde se encuentra, puede que trasconejado o en un pozo, obrando entonces en consecuencia.

El único peligro que se corre con el bicho de cuerda, es que el arnés o la cuerda se enreden en alguna raíz, o la cuerda se atore entre dos piedras. La solución en estos casos es cavar hasta llegar donde se encuentre.

Es conveniente advertir que cuando se somete a estos hurones a un trabajo prolongado, los tirones que damos con la cuerda se trasmiten a través de la pihuela a la pata, que acaba hinchándose, siendo en estos casos conveniente cambiar la pihuela de pata cada cierto tiempo para así repartir el esfuerzo y no provocar males mayores.