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El Tronco Jijón (16)

Una antigua vacada colmenareña ya extinguida: Bañuelos

Orígenes. Los Rodríguez

Como ya hemos visto en anteriores números de TERRALIA, la zona próxima a la sierra de Colmenar Viejo sería durante muchos años la principal suministradora de reses de lidia de raíz jijona, especialmente en las importantes corridas celebradas en Madrid y alrededores. Gracias a ello, se mantendrían en un primer plano a nivel nacional pues, tras los éxitos obtenidos en la villa y corte por los principales diestros, serían luego solicitadas, tanto por éstos como por el resto de los públicos, para los festejos feriales de casi toda la geografía española. Una de las más antiguas de estas importantes vacadas colmenareñas fue la de la familia Bañuelos, a la que vamos a dedicar el breve estudio que seguirá a continuación, porque muchos de los jóvenes lectores que nos siguen, estamos seguros de que desconocen la historia de este importantísimo hierro que, durante el siglo XIX especialmente, fue uno de los más famosos. Antes de nada debemos decir que no tiene nada que ver con la vacada del mismo nombre (y con diferente hierro y divisa), perteneciente actualmente a la UCTL y a la que mencionaremos al final de este modesto y sucinto capítulo.

Según nos cuenta el gran historiador y romántico aficionado colmenareño don Luis Fernández Salcedo (descendiente de los Martínez, como ya se dijo anteriormente, en otro artículo de TERRALIA) en su libro "Trece ganaderos románticos", al parecer, todo empezó a mediados del siglo XVII, cuando su paisano, el acaudalado ganadero don José Rodríguez, que poseía grandes, diferentes y variadas piaras de vacas y machos de todo tipo, incluídas las mansas (para el consumo de carne), broncas o bravuconas (también conocidas como de medio pelo o de media casta) y algunas semisalvajes, comienza a ser solicitado como suministrador de reses de lidia para las fiestas locales. Poco después empieza a ser conocido y a la vez demandado también en todo el ámbito regional. Suponemos que debido a los buenos resultados que debió obtener en el caso que nos interesa, esto es, el de las reses para la lidia de aquellos tiempos. Al parecer, todo el ganado se encontraba más o menos mezclado en los prados comunales de Colmenar, por lo que la selección, tal como la entendemos hoy, no existía. Don José se limitaba a elegir para la lidia, simplemente por inspección ocular, las reses que consideraba más grandes, más ásperas, más difíciles de manejar en el campo y con las cornamentas más aparatosas. Esa era la única selección: la del criterio personal de elección del ganadero. Según se dice, gran parte de estas reses procedían de las prestaciones decimales del clero, cosa bastante frecuente en aquellos tiempos. A don José le heredó su hijo don Pedro Rodríguez, quien al parecer comenzó una mayor labor de selección visual y comenzó verdaderamente a separar las reses bravas del resto de su piara, dejándolas aisladas y aparte, sólo para ser utilizadas como reses de lidia, según se las fuesen solicitando.

Don Manuel Rodríguez, hijo de Pedro y nieto de José, es considerado realmente como el primer criador de vacuno bravo al uso en esta familia ya que, además de ser un gran ganadero fue a la vez un excelente aficionado, comenzando a realizar las primeras tareas verdaderas de selección de las reses, de las que tanto su padre como su abuelo hacía años habían considerado aptas para la lidia. Sin embargo don Manuel, con un criterio más riguroso y muy personal, comenzó a desechar las más débiles y pequeñas, a aumentar por tanto el listón de la exigencia y a aprobar tan sólo una reducida parte de sus reses, lo que en muy poco tiempo comenzó a darle magníficos resultados, lo que prueba que fuese frecuentemente solicitado en muchas plazas y principalmente en Valencia, para los festejos benéficos organizados por el Hospital de la capital del Turia. Según los tratadistas es considerado don Manuel como uno de los primeros verdaderos criadores de bravo, parecido a lo que hoy se considera como tal. Fue clérigo y bachiller, por lo que a veces eran anunciados sus toros como del Licenciado Manuel Rodríguez y es otro de los numerosos casos de presbíteros y portadores de traje talar, dedicados en aquellos tiempos a la crianza de toros para la lidia. Pero, a diferencia de los demás, que incorporaron el color negro a la divisa, los toros de don Manuel se estrenaron con divisa sólo azul en Madrid el 6 de mayo de 1776, siendo el segundo en antigüedad del resto de ganaderos colmenareños (sólo superado por don Pedro Jusdado, el más antiguo, que debutara el 8 de mayo del año anterior, con divisa verde). Sin embargo hemos encontrado la noticia de que para las fiestas de toros celebradas en la Villa y Corte a lo largo de 1775, los comprados a ganaderos de Colmenar fueron a los señores Agustín González, Manuel y Antonio Rodríguez, Pedro Jusdado y Antonio Segura. Por tanto puede que algún toro de estos ganaderos ya fuese corrido en el ruedo de la plaza de la puerta de Alcalá ese mismo año, uno antes del estreno oficial de las reses de don Manuel, aunque este extremo no lo hemos podido confirmar. Al morir don Manuel en 1783 sin hijos, debido a su celibato, heredaron la vacada sus sobrinas María y Manuela Rodríguez, hijas de su hermano Antonio. La mayor, María, era la esposa de otro ganadero colmenareño, don Pedro Laso Rodríguez, al que ya hemos mencionado anteriormente y la menor, Manuela, terminó casándose con don Juan Bañuelos y Fonseca, el primero de la dinastía ganadera que aquí nos ocupa. Ambas incorporaron las partes de reses que heredaron de su tío, el cura Manuel, a sus sendos matrimonios, lidiando desde entonces las reses a nombre de sus esposos.


Juan Bañuelos y Fonseca - Manuel Bañuelos y Rodríguez

Don Juan Bañuelos y Fonseca es considerado el patriarca y fundador de la dinastía. Tras su matrimonio con doña Manuela Rodríguez se dedicaría durante casi treinta años, en cuerpo y alma, a mejorar y aumentar la vacada de bravo heredada por su esposa. Incorporó sus propias ideas y adoptando un nuevo hierro, consistente en una A (suponemos que en homenaje al nombre de pila de su suegro, aunque no hay datos que lo corroboren) y la divisa azul turquí se estrenó en Madrid el lunes 9 de mayo de 1785. Fueron dos corridas en beneficio de los Reales Hospitales, de mañana y tarde, en las que se lidiarían 37 toros en total, de Manuel García Briceño, Juan de Alamín y de Juan Bañuelos y Fonseca, todos ganaderos colmenareños. Los picadores fueron Diego Molina Chamorro, Francisco Baca, Manuel Jiménez, Pedro de Ortega, Andrés Solís y los debutantes en esta plaza Juan Pérez Daza (de Manzanilla) y Casimiro Roque (de Utrera). Don Juan Bañuelos tendría que sufrir durante su vida ganadera los tiempos de las prohibiciones de las corridas de Carlos IV, luego el levantamiento de las mismas al llegar al trono José Bonaparte, así como los avatares de la guerra de la Independencia, lo que no le impediría aumentar el esmero en la crianza y selección de sus reses, aunque según sus detractores sólo se habría aprovechado del esfuerzo de su tío político, el cura y licenciado Manuel. Cuando su hijo don Manuel Bañuelos y Rodríguez, tras la guerra con los franceses y el resurgimiento de las corridas, hereda las reses que le dejó don Juan, a las que había visto crecer a su lado desde niño, conocía ya todos los secretos para poder poner la vacada en uno de los más altos lugares entre los criadores colmenareños de toros para la lidia, como así lo haría.

Según la mayoría de tratadistas el estreno en Madrid de toros a nombre de don Manuel Bañuelos Rodríguez, con divisa azul turquí, acontece el 25 de julio de 1813. Sin embargo, el historiador don Manuel López Izquierdo, autor del libro "Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá", sostiene que durante el año 1813 no se celebraron corridas. Y este mismo autor da cuenta de cuatro toros de Manuel Bañuelos, con divisa azul y plata, jugados el viernes 15 de noviembre de 1811, en una corrida extraordinaria a beneficio del matador de raza gitana Juan Núñez "Sentimientos", que actuó como único espada. Y asimismo afirma que el debut de tres toros de don Manuel Bañuelos Rodríguez, con divisa azul (junto con más toros de otras vacadas), tuvo lugar el lunes 12 de septiembre de 1814 (aunque anunciada para el 5 tuvo que suspenderse por la lluvia), en corrida de mañana y tarde, picando los seis de la mañana Pedro Puyana y Antonio Cano y los ocho de la tarde Puyana, Joaquín Zapata y Manuel Díaz. Los matadores fueron el zamorano Manuel Alonso "El Castellano", Francisco Hernández "El Bolero" y Alfonso Alarcón "El Pocho", al que dejarían matar el último de la tarde. Este matador creemos que es el mismo que empezó a finales del siglo XVIII organizando espectáculos cómicos, aunque entonces su apodo era "El Curro". Los toros de don Manuel irían aumentando su fama y llegarían a codearse con los más importantes de la época, cual eran los del marqués de Gaviria y los del duque de Veragua. Aunque estos dos últimos se odiaban cordialmente, don Manuel Bañuelos mantendría a lo largo de su vida unas estrechas relaciones con uno y otro, evidentemente por separado. Fue muy querido y respetado por sus coetáneos paisanos de Colmenar, quienes le apodaban cariñosamente don Manuel "el Viejo". Uno de los toreros más importantes de la época, Francisco Montes "Paquiro", elogió la calidad de sus toros repetidas veces en público. Pero, al parecer, don Manuel no contento con ello, aún quiso mejorar su piara. Y la aumentaría con una punta de hembras manchegas de raza jijona adquiridas en Granátula de Calatrava, cruzándolas primero con sementales también jijones de su amigo Gaviria y posteriormente con otros machos vistahermoseños adquiridos al ya afamado Barbero de Utrera. Esta cruza no resultó satisfactoria por lo que al poco tiempo sacrificó todo, incluídas las rastras y volvió de nuevo a las reses anteriores. Por ello cambió varias veces los colores de su divisa, sabiéndose que actuó también con divisa encarnada, luego verde y a partir de 1823 la azul turquí y blanca. Para su ganado mantuvo y amplió sucesivamente su finca colmenareña de "El Zahurdón". En 1852 fallece don Manuel Bañuelos Rodríguez, sucediéndole su hijo Pablo, un gran jinete a caballo, casado con otra de las hermanas Salcedo (una de ellas, Carolina ya estaba casada con Julián Fernández, descendiente de los Martínez de Colmenar, como ya explicamos anteriormente, cuando hablamos de este hierro). Aunque don Pablo heredaría un gran capital tampoco pudo disfrutar de él ni hacer gran cosa con la ganadería, ya que murió antes de cumplirse un año del óbito de su padre, a consecuencia de una caída de caballo en el campo, cuando estaba cazando liebres.

Estamos, por tanto, en 1853 y la ganadería y la hacienda de Bañuelos la heredan a partes iguales los hijos de Pablo: don Manuel, don Julián y doña Prudencia Bañuelos y Salcedo. Esta última, casi una niña, vende en seguida su parte a un vecino de San Agustín de Guadalix. Más tarde, esta punta de ganado servirá para formar la nueva ganadería del marqués de Sales, a la que añadiría éste más machos jijones de Gaspar Muñoz y del propio Manuel Bañuelos y Salcedo. Respecto a don Julián, hombre apocado, retraído y de poca afición, aunque heredó la finca familiar principal y otras con los mejores pastos, su ganadería fue poco a poco decayendo. Al poco tiempo, nadie hubiera dicho que su vacada y la de su hermano Manuel eran iguales inicialmente. Sólo se le conoce un toro de cierta importancia, de nombre Banderillo, lidiado en Madrid el 29 de septiembre de 1869, con divisa turquí y rosa, que acudió a requerimiento de los varilargueros 16 veces y fue estoqueado superiormente por el primer califa cordobés Rafael Molina "Lagartijo". Don Julián falleció en 1888 y su hija, doña Manuela Bañuelos Ezquerra vendió en 1892 la vacada a don Miguel Torres Sanz, saliendo así del seno de la familia. Ahora vamos a seguir a Manuel, el mejor y más importante ganadero de esta saga.


Manuel Bañuelos y Salcedo

Estamos en el año 1853 y don Manuel Bañuelos y Salcedo, el hijo mayor de Pablo, abogado del Ilustre Colegio de Madrid, alto, elegante, buen mozo y bien parecido, que estuvo además junto a su padre y su abuelo desde que nació, en 1835, aprendiendo los más íntimos secretos de la crianza del toro de lidia, se va a enfrentar al reto más importante de su vida, ya que se encuentra prácticamente solo, pues sus hermanos (como ya hemos comentado) van por otro camino y no tienen afición alguna a la ganadería. Será el continuador de la dinastía, cultivando una gran amistad con don Cristóbal Colón de la Cerda, XIV duque de Veragua, que le visitaba frecuentemente, tras el arrendamiento por éste de los prados de la Casa de Pastrana, muy cerca de Colmenar. Al ser un personaje popular en su tiempo y tener otras aficiones, como por ejemplo la ópera, también se hizo muy amigo del famoso tenor roncalés Julián Gayarre. En resumen, tuvo muchas amistades importantes. En la cuestión ganadera que aquí nos ocupa, lo primero que hace don Manuel es intentar quitar la excesiva finura que, a su entender, tenían las reses heredadas y para ello las cruza con un toro basto de la tierra, de los dedicados a las labores agrícolas, lo que le da unos productos más rústicos y de capas retintas, con buenos resultados en los cosos. Parece increíble pero es cierto. Esto le anima a seguir muy de cerca la evolución de sus toros en las plazas, con las modas cambiantes, que le exigen algo diferente a lo que había visto criar a sus mayores cuando era niño. Pero él sabe adaptarse. Y comienzan a lidiarse toros suyos, de excelente trapío y mucho poder, en las corridas que se celebran por la zona centro, con el mismo hierro familiar (la A) y una divisa azul turquí, de los que se habla constantemente en las tertulias taurinas madrileñas, primero ubicadas en tabernas y reboticas y más tarde en círculos restringidos y en los casinos y terrazas. Y así, el domingo 29 de abril de 1855, en la tercera corrida del abono madrileño, tras un encierro muy malo con seis toros de Elías Gómez, se regala en séptimo lugar un sobrero de Manuel Bañuelos, de nombre Pantalones, que sería estoqueado al final por el torero Gonzalo Mora y Donaire "Bandolina", vestido de paisano y que asistía como espectador a la corrida. A propósito, este matador era más conocido por sus inclinaciones políticas de izquierdas (hecho casi insólito entre los toreros de entonces) y por la cantidad de gomina que se ponía en el pelo que como torero. La noticia luctuosa fue que al ir a banderillearlo el aficionado Antonio Fernández Oliva, también de paisano, fue empitonado por la ingle, infiriéndole una cornada de cinco pulgadas, falleciendo en el Hospital General a las siete menos tres minutos del mismo día. Al parecer se encontraba en estado de embriaguez. Esto hizo que se hablara en Madrid del ganadero Bañuelos durante mucho tiempo. No obstante, el estreno oficial en la Villa y Corte a su nombre es el lunes 27 de abril de 1857, con tres toros en la tercera corrida del abono (los otros tres eran del sevillano Ramón Romero Balmaseda). Los picadores fueron Manuel Martín "Castañitas", Juan de Fuentes más los reservas Briones y Arce. Los mataron "Curro Cúchares", Cayetano Sanz y José Carmona "Panadero" y el debut, al parecer, no fue muy brillante. En su larga trayectoria ganadera fueron, entre otros, toros famosos de Manuel Bañuelos los siguientes:

- Corruco. Lidiado en Madrid el lunes 28 de marzo de 1853 en la primera del abono. Tomó 23 varas y le dio muerte Julián Casas "El Salamanquino".
- Camuco. Este toro es el mismo anterior, al que por error de la escritura a mano de entonces le llaman así distintos tratadistas, como por ejemplo Cossío. Son, por tanto, dos nombres distintos del mismo toro.
- Romerito. Retinto oscuro, lidiado en Madrid el lunes 1 de junio de 1857, en la octava del abono. Bajo una fina lluvia recibió 19 varas y lo mató el gaditano Gaspar Díaz "Lavi".
- Barrigón. Toro retinto, lidiado el lunes 28 de septiembre de 1857 en Madrid, en la 17ª corrida del abono en lidia ordinaria. Entró 16 veces a los montados y fue muerto de una gran estocada por Cayetano Sanz, el ídolo del barrio madrileño de la Arganzuela. Aunque en este festejo se corrieron también cuatro toros (dos y dos) en la modalidad de división de plaza, ninguno de los toros en este caso fueron de Bañuelos.
- Cervato. Toro retinto oscuro que se escapó del encierro en el atardecer del domingo 18 de abril de 1858, al parecer debido a que las personas que lo contemplaban, guarecidas junto a los árboles y en hoyos del terreno, salían de improviso a ver la manada. El animal corrió asustado, bajando la calle de Alcalá, hacia el paseo del Prado, se internó en el barrio de Barquillo y llegó hasta la calle de la Libertad. En su recorrido sembró el pánico, matando a un estudiante de Veterinaria y a una mula y dejando a otras tres personas malheridas, entre ellas el llamado "tío Luis", mayoral de la plaza de la puerta de Alcalá. Al final, tras la aventura, se pudo enchiquerar al toro, que sería lidiado al día siguiente, lunes 19 de abril de 1858, en la 3ª del abono. Tomó diez varas de Francisco Calderón, marrando en una, siendo derribado y perdiendo el caballo, haciéndole el quite Cúchares. También entró siete veces al caballo de Antonio Pinto, fallando en otra y Manolo Castañas aún le puso dos varas más. En total acudió 21 veces a los montados. Lo mató de pinchazo y estocada, tras una faena de nueve naturales y el de pecho, el malogrado diestro sevillano Antonio Sánchez "El Tato", que iba vestido de lila y oro y que competía mano a mano con su suegro "Curro Cúchares". Presidió la buena corrida (con tres toros de Bañuelos y otros tres de Justo Hernández) el corregidor de la Villa, el duque de Sesto.
- Retinto. Toro hermano del anterior que produjo un pequeño rasguño a "El Tato" en la misma corrida.
- Liebro. Este toro retinto, cariavacado y veleto, es el que luchó contra el elefante Pizarro, el 23 de mayo de 1865 en Madrid, dentro de una jaula situada en el centro del ruedo de la plaza, junto con otros tres toros de otras ganaderías. Tras acometerle siete veces, terminó infiriéndole una herida en la trompa, provocando la huída del coloso paquidermo y el entusiasmo general del público, al comprobar la victoria del totem hispanicus.
- Calzadito. Toro retinto, lidiado en Madrid el 12 de septiembre (no el 5 como dicen algunos autores) de 1859. Tomó 23 varas, dando un puntazo a Pinto en el pie y lo mató "El Tato".
- Naranjo. Toro colorao, lidiado en Madrid el domingo 9 de octubre de 1859. Tomó 17 varas de Joaquín Coyto "Charpa" y Antonio Arce. Lo mató "El Tato".
- Galonero. Toro lidiado en Madrid el lunes 19 de septiembre de 1864, en la 18ª del abono, que saltó la barrera, arrolló a un acomodador, le hizo una herida sin importancia en la canilla de la pierna pero le volteó, dando éste con la cabeza en el suelo y fracturándose el cráneo, falleciendo el desgraciado al día siguiente en el Hospital General.
- Galonero. Otro toro del mismo nombre, lidiado en Madrid el jueves 21 de junio de 1866, en la 11ª del abono, que le fracturó el húmero del brazo izquierdo al famoso picador Ramón Fernández "Esterero".
- Finito. Otro toro del mismo hierro, lidiado un año más tarde en Madrid, el domingo 28 de abril de 1867, que fracturó otra vez el brazo al mismo picador "Esterero".
- Señorito. Lidiado en Madrid el 27 de octubre de 1867, en una corrida benéfica extraordinaria, de ocho toros, que presidió el príncipe de Asturias, que más tarde reinaría como Alfonso XII. Aceptó 9 convidadas de los varilargueros Domingo Granda "El Francés" y Juan Antonio Mondéjar "Juaneca". Fue el toro que cedió Cúchares a Salvador Sánchez "Frascuelo", vestido éste de grosella y oro, al darle así la alternativa como matador y no estuvo bien con él, aunque se desquitaría en el sexto, del colmenareño Gabriel Gutiérrez Gómez.
- Confitero y Lechuguino. Lidiados en Madrid el 14 de julio de 1872. Entre ambos dieron una soberana paliza a los famosos piqueros Francisco Calderón (natural de Alcalá de Guadaira y que resultó con fractura de tres costillas) y Ramón Martínez "Agujetas hijo" (con herida en la mano y la calzona rota).
- Guindo. Para celebrar la segunda boda de su majestad Alfonso XII con la archiduquesa María Cristina de Habsburgo-Lorena se celebró una corrida real el 1 de diciembre de 1879, en el coso de ladrillo de reciente inauguración, edificado en el nuevo barrio de Salamanca, en la carretera de Aragón. El tercero de la tarde era éste, de nombre Guindo, retinto de Manuel Bañuelos, que salió abanto y así siguió toda la lidia. Saltó al callejón por el 10 y armó un tremendo revuelo, ya que en esta corrida había gran cantidad de personalidades situadas alllí, por las cercanías del palco real. Arremetió contra el pelotón de alabarderos, que defendió su posición, rompiéndose algunas de sus armas blancas, hasta que se llevaron al toro de nuevo al ruedo y siguió la lidia con normalidad. Fue escasamente picado por Calderón y Canales. Lo banderillearon "Cuatrodedos", "Primito" y Bienvenida. Lo mató Antonio Carmona "El Gordito" de dos pinchazos y media caída. Lo despenó el famoso puntillero oficial Gabriel Caballero.
- Recorto. Toro retinto, bien armado y con muchos pies, lidiado al día siguiente, 2 de diciembre, en la segunda corrida real, en quinto lugar. Salió abanto pero Paco Frascuelo, el hermano del gran Salvador, le toreó por verónicas y lances de frente por detrás y le fue dominando. Luego, ante los montados, fue bravo, codicioso y duro, tomó siete puyazos, provocó cuatro tumbos y mandó a la enfermería a dos de los varilargueros, que eran Calderón, "Melones" y Canales. Lo banderillearon "Quico" (un par de chinescas a la media vuelta y otro par, con plumas y cintas, al cuarteo), "El Manchao" (dos al cuarteo, uno de chinescas) y Raimundo Rodríguez (otro par más de chinescas al cuarteo). Lo mató Paco Frascuelo, tras ocho naturales, dos telonazos y cinco derechazos, con pinchazo y una estocada honda caída pero embraguetándose bien. Debemos explicar que, en aquellos tiempos, las capas populares llamaban banderillas chinescas a las que se solían colocar en las corridas extraordinarias, que llevaban muchos colorines y adornos brillantes. La gente del pueblo asociaba los colorines a los chinos, por los kimonos que llevaban en los teatros de magia e ilusionismo. Sin embargo hoy, en las corridas extraordinarias, casi nadie las llama ya así, sino banderillas de lujo o adornadas.
- Madrileño. Corrido en Madrid el 3 de julio de 1881. Se acercó a un caballo muerto y al cornearlo se quedó enganchado en el correaje y un trozo de soga, de la que se usaba para el arrastre. Tras muchos minutos de esfuerzos llegó a agotarse y cayó rendido sin poder desasirse. Cuando "Lagartijo" y un monosabio se acercaban al burel caído con la media luna para desjarretarlo, creyendo que no se levantaría, dio una tremenda embestida, quedando liberado y poniéndose en pie, tras lo que continuó la lidia normalmente. Lo mató Rafael Molina "Lagartijo".
- Zapatero. Jugado en Madrid el 9 de abril de 1882. En su reaparición en la Villa y Corte, el pundonoroso algecireño José Sánchez del Campo "Cara Ancha" fue corneado en el hipocondrio por este ejemplar de Bañuelos y desde entonces comenzó su declive profesional.
- Palillero. Novillo de Manuel Bañuelos de 4 años, jugado en Alicante, que entró a 11 varas, mató 5 jacos y envió a 3 picadores al hule.
- Cerezo. Toro lidiado en Madrid en la famosa corrida benéfica, concurso de ganaderías, organizada por segundo año consecutivo por la sociedad filantrópica conocida como "El Gran Pensamiento", anunciada el 6 de noviembre de 1887, pero que no se pudo celebrar por la lluvia hasta el 13, para recaudar fondos y premiar la virtud y el trabajo. Tras un desfile de más de trescientas personas representando toda la historia del toreo, con unos toreros vestidos a la vieja usanza y haciendo de otros más antiguos. Por ejemplo uno de guardarropía, con armadura simulada, alanceando a caballo como si fuese el Cid Campeador, Paco Frascuelo haciendo el paseíllo vestido de Pepe-Hillo (muerto más de ochenta años antes), con su cuadrilla compuesta por tres picadores, cinco banderilleros, un cachetero, mulillas y un juego de perros, etc. Por cierto, Paco Frascuelo recibió una tremenda cornada en el vientre al entrar a matar a un toro de Antonio Hernández, de nombre Peluquero, pero a pesar de ello se levantó y se volcó sobre el morrillo para darle una gran estocada. De esta forma el público podía imaginar cómo había sido el toreo antes. Algo parecido a las mal llamadas hoy corridas "goyescas", pero mucho más reales que éstas. El toro Cerezo, nº 21 de Bañuelos, fue bravo, entró a 10 varas de Francisco Parente "Artillero", siendo mal lidiado luego por Ángel Pastor, vestido de café y oro y cabos blancos y peor matado, con el puntillero Alones ahondando el estoque, sin que lo viese la gente, en definitiva, como la vergüenza que se ve a veces hoy día por algunos peones en ciertas plazas de pueblo.
- Matajacas. Corrido en Madrid el 25 de marzo de 1894. Fue muy bravo a los caballos, arrancándose de lejos y recargando en la embestida hasta 9 veces.
- Airoso. Lidiado en Bilbao el 14 de junio de 1891. Tomó 9 varas de los famosos picadores José Bayard "Badila" y José Infantes Coyto "Charpa" e hirió levemente al matador Juan Jiménez Ripoll "Ecijano".
- Sombrerito. Toro cinqueño que luchó con Nerón, otro elefante, el 13 de febrero de 1898 en Madrid. Esta vez, en vez de jaula se le puso atado con una cadena a un poste en el centro del ruedo. Primero el elefante rompió la cadena y provocó la alarma del público. Más tarde, de nuevo sujeto, se soltó al Bañuelos y como no le hicieran frente, resultó aburridísimo el espectáculo. La gente comenzó a lanzar al proboscídeo cientos de naranjas que éste cogía con la trompa y se las tragaba. Se retiró a Sombrerito y se sacó a un toro de Bertólez, que acometió varias veces como una fiera a Nerón y éste se acobardó. Tras este fiasco no se volvieron a programar en Madrid más espectáculos de este tipo.

Como hemos podido ver, los toros de don Manuel cubrieron una larga e importante etapa del toreo, hasta que en 1894 le vendió la ganadería a su hermana doña Prudencia que, como hemos dicho antes, había estado sin ganadería propia (aunque sí tras casarse con un Ugalde, otro ganadero de la zona) mucho tiempo, volviendo de nuevo a la lucha y debutando a su nombre en Madrid, el 16 de julio de 1889. También lidió lo de su hermano en 1903, en la despedida de Mazzantini. Don Manuel falleció el 10 de agosto de 1907 y está enterrado junto al portal de la ermita de la Virgen del Socorro, que preside el cementerio de Colmenar. Los aficionados al toro, cuando nos acercamos a este camposanto, sentimos una sensación especial, como si fuese un panteón de hombres ilustres, al pensar en la gran cantidad de magníficos ganaderos de la tierra que están enterrados allí, es un homenaje a aquéllos que dedicaron todos sus esfuerzos a la crianza del animal más bello y fiero de la creación ¡Cómo se les saltarían las lágrimas si pudieran ver esas ruinas a las que llaman toros que, a veces, aparecen hoy por los cosos, precisamente cuanto más famosos son los toreros..! Seguramente se volverían a sus panteones, para comentar entre ellos si merecieron la pena sus desvelos...Pues los aficionados creemos que sí. Ahí está la historia de la tauromaquia. Y la historia no se puede borrar. A veces llegamos a pensar que es ya lo único que nos queda: la nostalgia de tiempos pasados.

Tras esta digresión volvamos a nuestro relato. Los hijos de doña Prudencia, don Pablo y don Manuel Ugalde Bañuelos, siguieron con la ganadería de su madre unos años más. En un número anterior de TERRALIA, ya mencionamos también a Mercedes Ugalde Bañuelos, hija de doña Prudencia, por estar casada con Félix Gómez Pombo. Los hermanos Ugalde Bañuelos, cruzarían más tarde sus vacas con un semental adquirido al andaluz Dionisio Peláez, de procedencia marqués del Saltillo, de nombre Africano y de pelo negro (algo que, como ya hemos visto en anteriores números de TERRALIA, hicieron casi todos los ganaderos colmenareños a principios del siglo XX). Al poco tiempo casi todas las crías nacieron negras, perdiendo poco a poco las capas retintas características anteriores, con el disgusto de doña Prudencia, que fallecería el 23 de agosto de 1919. Un año después sus hijos vendieron la vacada completa (con derechos de hierro y divisa) al ganadero abulense don Segundo Abelardo García de la Resina, muy buen aficionado, al igual que su esposa y que se lleva las reses a sus tierras, siguiendo muy de cerca todas las labores ganaderas e incluso, según Cossio, se estrenó con una novillada a su nombre en Madrid el 21 de mayo de 1922, con el hierro y divisa de Bañuelos, repitiendo el 16 de julio del mismo año. La mantiene hasta 1926, cuando vende la vacada al ganadero gallego, afincado en El Escorial, don Leopoldo Abente, que ya tenía una ganadería de bravo adquirida a Felipe Montoya pastando en sus terrenos de Cerceda, donde llevó las nuevas reses, manteniendo el hierro (una A) y la divisa azul turquí de los Bañuelos. Con ellos se estrenó en Madrid, según Cossío el 18 de agosto de 1928, aunque puede que fuese el 16. Esto habrá que investigarlo más profundamente.


Epílogo

Y llegaron los horrores de la larga guerra civil española, con sus hambrunas, sus tragedias, con las ganaderías de bravo esquilmadas de mala manera, especialmente las de los alrededores de Madrid, al estar cerca de las trincheras y de los frentes de lucha. Y cuando termina la brutal contienda, los pocos ganaderos que quedaban vivos, junto con sus descendientes, en las zonas más conflictivas, intentan buscar sus antiguas reses, con los irreconocibles hierros que habían sido remarcados repetidamente, para evitar conocer sus verdaderos orígenes y propietarios. Ni una sola res con el hierro de la A se pudo recuperar. Así fue el triste final de una de las piaras de toros de la tierra más importantes de la tauromaquia, con casi trescientos años de historia. Su extinción desgraciadamente inexorable, como tantas y tantas otras.

Por último decir que hoy día existe una ganadería registrada en la UCTL, que fue formada en 1984 por doña Paloma Eulate y Aznar con reses suyas propias de "Torrealta", que se anunció como "Torreblanca" y que desde 1993 cambió al nombre de su nuevo propietario, don Antonio Bañuelos, aún sin antigüedad. Pastan las reses en la finca "La Cabañuela", en el término burgalés de Hontomín. Ni reses, ni hierro ni divisa tienen algo que ver con la vacada de toros de la tierra que hasta aquí hemos seguido con atención. Hasta la próxima, amigos.